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| Voy a comparar la vida de tres generaciones enfrentadas a sus crisis: la de los abuelos, que abarca de la posguerra a la Transición. La mía, que es la que va de Fórmula V hasta la entrada de España en el Mercado Común, y la actual, que abarca desde entonces hasta internet. La generación de la posguerra daba gracias por todo porque lo había perdido todo. Tener un trabajo era una bendición, como lo era poder comer tres veces al día y vivir sin la cartilla de racionamiento. Era la generación de los sobres: un sobre para la letra del piso, otro para la cesta de la compra, para el colegio de los chicos… El coche llegó tan tarde que la gente se sacaba el carné a la edad en la que ahora pensamos en el plan de pensiones. El televisor había que pagarlo en cinco años o más. Los recién casados se iban de vacaciones a Madrid o Barcelona, y casi nadie conocía otro país que el suyo propio. Era una generación que quería dejar algo a los hijos pues cualquier día podría sobrevenir una catástrofe: el piso, las acciones de Telefónica y el álbum de sellos. Para aquella generación, la vida consistía en trabajar mucho, gastar lo justo, salir pronto de las deudas y ahorrar por si las moscas. Vivieron unos años tan duros, que ahora se les reconoce en la calle porque, cuando hay huelga de transportistas, corren al mercado a por lentejas, latas de atún y leche porque “esto es como en la Guerra”. Gracias a ellos, mi generación conoció las mesas llenas de comida y la frase más común era: “Cómete todo porque tú no sabes lo que es pasar hambre”. Nos “jartaron” de sopa cubierta, pescadillas, filetes de ternera, cocidos de todas las regiones (madrileño, lebaniego, pote asturiano). Pero no tres sino ¡cuatro veces al día! Porque a la hora de la merienda nos enchufaban bocadillos de sobrasada, de chorizo, de pan con leche condensada (había una versión a la que se le añadía colacao), y había gente que merendaba unos bocadillos como el antebrazo de un albañil. Comer, comer, comer… Había que dejar el plato limpio y los pescaos en las raspas porque de lo contrario, uno estaba insultando la memoria de la Guerra Civil, y se iba a la cama con tantos remordimientos que se imponía ya tres avemarías automáticos. Mi generación conoció lo que es salir con la familia a los restaurantes los domingos después de misa, (“al nene, una tortilla francesa o filete con patatas”), y en verano, uno visitaba Benidorm y sentía como si hubiese estado en el extranjero. Esa misma generación mía fue la que, mientras sufría la crisis económica en la Transición, se rebeló en las universidades, pegó carteles, gritó consignas, discutió con sus padres de política, atacó a Estados Unidos mientras compraba discos de Crosby, Stills, Nash & Young, pero al final de esa larga jornada de lucha, siempre nos esperaba una mesa llena de calamares, sobrasada, filetes de lomo y Casera, como muestra la serie “Cuéntame cómo pasó”. Nuestros padres, en su mayoría, no eran de una generación rebelde porque con tener un piso donde caer muertos y un caldo calentito, ya era una gran rebeldía contra el hambre de la posguerra. “¡Burgueses! ¡Reaccionarios! ¿Dónde están los ideales?”, exclamábamos nosotros. “En la olla express, bonito, acompañados de esa morcilla que tanto te gusta”, decían ellos. Como estos argumentos nos revolvían el estómago, al final huíamos de esa dictadura gastronómica, viajábamos a otros países, trabajábamos de camareros en verano, ¡que sabrán nuestros viejos lo que es currar duro!, y nos curtíamos en la escuela de la guerra de la vida. Luego nos casábamos y pasábamos la luna de miel en Portugal para traer la cubertería de plata ¿Benidorm? Puaj. Y a la hora de comprar un piso, bueno sí, una ayudita de los padres o los suegros, pero pequeña, ¿eh? “Y que conste don Manuel que se la voy a devolver con el sudor de mi frente”. Ah, y nosotros sí educaríamos a nuestros hijos con los valores de la libertad y el diálogo, nos confesarían todo y seríamos sus colegas, eso que nunca fueron nuestros padres. Dictadores. Si la generación de nuestros padres fue la de los sobres, la de ahora es la de las “sobras”. Sobran platos de comida que se tiran al cubo de basura sin el remordimiento por el hambre de la posguerra. Sobran coches en las casas. Sobran salidas de copas, porque los fines de semana comienzan los jueves por la noche. Y sobra coca cola a la hora de comer. Ya cuando eran críos, uno iba al restaurante, y en lugar de tortilla francesa, los mocosos exclamaban: “A mí, una ración de pata negra. Y la carne, lomo alto argentino, por supuesto, al punto si puede ser”. Lo del diálogo con los hijos salió torcido porque no les interesa hablar de política pero sí del Madrid o del Barça. No está mal. Menos peleas. Hay tanto diálogo que los chicos no se van de casa ni aunque pierdan el Madrid o el Barça cien veces seguidas. Es una generación que se casa y viaja a Bali o a Punta Cana. Cosa inexplicable porque el piso en el que se meten cuesta, en proporción, más que el de sus padres. En los años cincuenta se terminaban de pagar los pisos entre 10 y 15 años. En los ochenta entre 15 y 20 años. Y ahora, les hacen firmar una hipoteca de 35 a 50 años. Por eso, para compensar gastos se van a Ikea y MediaMarkt, llenan la casa de trastos en un día, y en lugar de un niño tienen dos periquitos. Ahora, a esa generación también le ha llegado la crisis. A los de la posguerra, con sus pensiones y sus casas ya pagadas, esto les parece grave pero no tan grave como las cartillas de racionamiento. Para mi generación, esto nos recuerda los años del paro y la crisis en la Transición, que parecían no tener fin. Como es la primera vez que esto pilla a la generación del móvil e internet, se han quedado traspuestos. No hay empleo, no hay dinero, no hay futuro. Así de pronto. ¿Es el fin? No, porque dos generaciones ya la conocieron a su modo. Bienvenidos a la mesa. Os estábamos esperando para cenar. (Este texto lo publiqué en el diario El Mundo (suplemento de Mercados) en marzo de 2009. Lo republico porque creo que sigue teniendo interés para esta generación, para el 15M y para el que se sienta frustrado. Todo pasa. Las palabras quedan). Carlos Salas. Lainformacion.com |
| Estos 10 usuarios dan las gracias a martikka por su mensaje: | ||
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| " en los ochenta terminaban de pagar los pisos en 15-20 años..." creo que es más bien: en los ochentas terminaban de pagar los pisos en 5-8 años, y muchos antes!
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| Estos 2 usuarios dan las gracias a LasTcall por su mensaje: | ||
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| Que ahora resulta que como tenemos móviles y ordenadores, somos unos gastadores. Tomayá. Por cierto, que teneis muy mitificado eso de los viajes al Caribe. Un viaje a Punta Cana en todo incluido son unos 700 euros. Un viaje a Bali, más de 1.300. De todas maneras, conozco a más cincuentones que se agarran esos viajes organizados, que treinteañeros, que sólo pueden permitirse low cost y hostales por Europa. Ya puestos a generalizar, los de 50 años tienen casa pagada y contrato fijo con 20 años de antigüedad, así que echarles a la calle cuesta un pico. |
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| pero vosotros os acordáis de cuando en el concurso "Un, dos, tres" les daban a elegir entre el apartamento en Torrevieja y el Seat 131 supermirafiori, y se quedaban con el coche? Esos fueron los 80's. |
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| Que sí, que mucha copa y mucho Caribe, ¿los beneficios a quién van? ¿Quién dirige la publicidad? ¿A quién le interesa que los jóvenes hagan esas cosas? Que por cierto, nadie de generaciones anteriores ha tirado nunca de tarjeta de crédito para cosas de esas, ¡válgame! Además cuando viajan van a albergues, usan el interrail para sus machadas por el mundo, se conforman con la comida rápida, en fin, lo que se dice privarse de lo bueno por el bien del bolsillo. Habrá que agradecerles además que provocasen el cierre de dos universidades en la transición, a partir de ahí se pudieron hacer los "Juicios de Cuenca" contra la cúpula del régimen anterior. OH WAIT! Que el viejo palmó en la cama y los demás siguieron mamando de la teta. PD Pues eso, basura. La culpa es del que viene detrás, que no arrea con media zanahoria. Con eso tenía que tener de sobra para fundar familias tradicionales, ahorrar, comprar piso a precio que nos salga de nuestros delirios, criar hijos, y además mantener una sobredimensionada industria tecnológica y del ocio. ¡Como nosotros! |
| Estos 2 usuarios dan las gracias a Pensativo por su mensaje: | ||
| Estos 3 usuarios dan las gracias a por su mensaje: | ||
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| Después de medio siglo de crecimiento económico -con leves interrupciones- y relativa paz parece que toca cambio de ciclo. Al final no habrá habido NI UNA generación que haya vivido desde la cuna hasta la vejez en un entorno de prosperidad, paz y abundancia. Todo fue un espejismo... La verdadera crisis no es la supercrisis que se avecina, la financiera, sino la energética. Crecimiento geométrico de la población, chinos e indios queriendo vivir como lo hicieron los occidentales y recursos menguantes. Vamos derechos a una catástrofe malthusiana. Las ideas de Malthus son impepinables y si se equivocó en los tiempos fue por no haber podido predecir el aumento tan brutal de la productividad que habría posteriormente. |
| Estos 2 usuarios dan las gracias a Pirro por su mensaje: | ||
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| Otra vez...que el problema es el PRECIO DE LOS ZULOS, y que esto es un gasto fijo mensual y de primera necesidad...se puede vivir sin ipad o viajecito pero sin zulo no!!. A nuestros abuelos les faltaba la comida (hablo desde el punto de vista de un setentero), generación jodida. Nuestros padres tuvieron comida y casa, vale, no tuvieron lujos, pero es que en su época no había tantos consumibles como ahora y los productos de "ocio" digamos eran de menor disponibilidad. Pero la generación actual NO TIENE CASA!!. El viaje a NYC o Punta Cana es una vez al año, el ordenador pues pongamos cada 2 años....el problema es QUE VIVIMOS EN UN PAÍS DONDE ALGO QUE SERÍA UN LUJO (VIAJE) ES MÁS BARATO QUE EL ALQUILER DE UN BIEN DE PRIMERA NECESIDAD ZULO....ese es el problema capici. |
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| Lo unico que yo se es que Botin y compañia no tienen 30 años. |
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| Petenezco a una generación que ahora ronda los treintaitantos. Nuestros abuelos las pasaron canutas en un mundo rural, con caciquismo y analfabetismo rampante. Nuestros padres se comieron la posguerra, el tito Paco y muchos tuvieron que emigrar. Nosotros fuimos la primera generación que pudo estudiar de forma cuasi universal y muchos lo hicimos, y nuestros padres nos machacaron con el discurso de "estudia, estudia". Y nos timaron, nos hicieron contratos basura y nos hicieron creer que estudiar no valía para nada. Y a la siguiente generación le mostraron que cualquier enchufado podía levantarse un sueldazo sólo dedicándose a la política. Que subido en un andamio y sin saber hacer la o con un canuto podías tunear tu buga y vivir de PM. Nos anestesiaron a todos con el mundo del fúrgol, los bodorrios y la telebasura. Nos hicieron creer que lo importante era poseer el coche último modelo, el ipad y el último cacharrito electrónico con la ultimísima marca de gafas de sol y que la cultura y el sentido crítico no sirven "pa ná". Nos hemos dejado convertir en una masa aborregada y dócil para que ellos puedan seguir dominando nuestros destinos. No nos engañemos, los que nos gobiernan descienden de los mismos caciques que jodieron a nuestros abuelos. Nos han cedido parte del monopolio de bienes materiales para distraernos y dejarles hacer lo que les plazca.
__________________ "... si la primera y diminuta gota de verdad ha estallado como una bomba psicológica, ¿qué ocurrirá en nuestro país el día en que la Verdad caiga como una cascada? Y ese día ha de llegar, sin falta." Archipiélago Gulag, Alexandr Solzhenitsyn |
| Estos usuarios dan las gracias a Pisito con posibilidades por su mensaje: | ||
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