
31-ago-2011, 18:32
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 | Excelentísimo, ilustrísimo y grandísimo miembro de élite de los gurús burbujistas | | | |
Ni se ha considerado ni se va a considerar, por supuesto Mis previsiones 2009-2013: la catástrofe en cifras [...]En los primeros años noventa, el que entonces se llamaba Sistema Monetario Europeo, que venía a ser a la catequesis lo que el euro es a la primera comunión, se derrumbó como un castillo de naipes. Hubo monedas, como la peseta, que para poder cumplir con las bandas de fluctuación del SME (hasta que las hicieron tan anchas que incluso una moneda quebrada las cumplía) hubieron de ser devaluadas varias veces. Así las cosas, media Europa aprendió deprisa que en Bruselas había una cosa que se llamaba, si no recuerdo mal, Comité Monetario, comité que era el responsable de decidir las devaluaciones.
Dado que estábamos en el punto de mira, es lógico que al ministro de Economía, entonces Carlos Solchaga, lo asaetearan los periodistas cada vez que ponía un pie fuera de su despacho. La pregunta era constante: ¿se va a devaluar de nuevo la peseta? Tras ensayar varias respuestas hueras, el ministro Solchaga, supongo que un poco harto de tener que explicar lo obvio, se plantó un día delante de las cámaras y dijo, más o menos:
- Señores, ¿no se dan cuenta de que, vaya o no a devaluarse la peseta, yo lo voy a negar siempre?
Lo que Solchaga quiso decir es: un responsable político niega siempre que vaya a tomar una medida que afecte a los mercados hasta medio segundo antes de tomarla. Es algo de libro. En los mercados de materias, lo que prima es el valor intrínseco de lo que se intercambia; en un mercado de ganado, la vaca más cara es la que se ve más gorda y con más capacidad de dar leche. Pero en los mercados de capitales, donde la mercancía es el dinero en sí, el precio no lo fija el valor intrínseco, sino la expectativa de valor. Estamos dispuestos a pagar N euros por una acción de Endesa porque tenemos la expectativa de que en seis meses valga, por ejemplo, 1,7N.[...]
Oikonomia: De libro
__________________ La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión ( aunque vamos camino de arreglarlo... ). |