Nos encontramos con una crisis económica que hemos intentado estimular con una importante inyección de liquidez cuando el problema arranca precisamente por este mismo problema: dinero fácil y barato que construyó la mayor burbuja inmobiliaria de la historia derivando en una posterior crisis financiera global en la que estamos acorralados.
Son cada vez más los economistas que abogan por eliminar estos estímulos a empresas (principalmente bancos) que en realidad están quebrados, tolerar, incluso potenciar, una inflación “razonable” (Roubini, Rogoff, Spence,…) para que el peso de la deuda vaya reduciéndose en términos reales, reducción de gasto público pero controlado y escalonado ante la evidencia de que lo contrario genera nueva recesión económica, como bien indican nuestros colegas de FEDEA a través de su blog “Nada es gratis”.
Por otro lado, la ralentización en el crecimiento económico de las principales economías dificultan a su vez el crecimiento de las economías emergentes en este mundo de economía globalizada asimétrica (materia para otro artículo), revelando que el crecimiento sin límites no es posible.
Las altas tasas de desempleo que se han enquistado en las principales economías durante tanto tiempo, y la peor perspectiva de que este hecho vaya a cambiar, está provocando serios altercados, primero en los países del norte de África, luego Oriente Medio y en la actualidad en el pleno corazón de la “City”, Londres.
En una economía global donde se prima la productividad pero cuyos incrementos no se ven traducidos en una reducción de horas/persona trabajada, conlleva a una sobreproducción generalizada que las economías no son capaces de absorber. Lógicamente, un incremento de la productividad trabajando el mismo tiempo genera una cantidad de productos y servicios creciente. Sabemos que en los últimos 20 años, tal exceso de producción se solventó con el endeudamiento creciente de las economías domésticas y de los Gobiernos; pero nos hemos enterado de forma dramática que tal sistema no podía perdurar en el tiempo. Y ahora estamos en una espiral descendente de la que estamos obligados a salir de alguna manera.
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iempre hemos sabido que las empresas no podían endeudarse a largo plazo para cubrir costes corrientes actuales. Muchas lo han descubierto dramáticamente una vez pasado su período de liquidación. Eso es justo lo que está haciendo el BCE comprando bonos.
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