A perro flaco todo son pulgas. Vela saca la motosierra. Las Provincias Vela saca la motosierra
07.08.11 - 00:06 -
El PP aplica en su gestión las medidas de recorte con las que se presentó a los últimos comicios autonómicos
El ajuste previsto por el conseller de Hacienda reduce un 20% el presupuesto que tenía en 2010 la Generalitat
Los primeros días de agosto están sirviendo a la decena de consellers de Alberto Fabra para ajustarse varios agujeros del cinturón y apretarlo lo justo para poder respirar y seguir ofreciendo servicios al ciudadano. El tijeretazo impulsado por el titular de Hacienda y Función Pública, José Manuel Vela, aprobado en el ultimo pleno del Consell, supone un recorte de 680 millones de euros en la Administración autonómica. Pero no es nada para lo que tiene que llegar.
Las medidas adoptadas no son de cara a la galería, como suele decirse, el chocolate del loro. No solamente se quiere reducir el consumo eléctrico de los edificios autonómicos, el gasto de telefonía, el uso de coches oficiales o de asesores. Vela también utiliza el chocolate del loro pero sus medidas van mucho más allá.
El titular de Hacienda amenaza no con sacar las tijeras el próximo septiembre, sino la motosierra y aplicarla a las fundaciones y empresas públicas. El objetivo es ahorrar unos 1.200 millones de euros más. Las vacas de la Administración valenciana no están flacas, sino exánimes. Y, al parecer, van a tardar en comer hierba fresca. Los Presupuestos de la Generalitat ascienden a 13.714 millones. Una cifra que es un 4,7% menor que la del año pasado. Y este verano se le descuentan 1.900 millones de euros, casi un 15%, lo que supone un 20% respecto al presupuesto del año 2010.
A pesar de que en la anterior legislatura ya hubo recortes, al parecer se siguió tirando con pólvora de rey. Ya lo dijo la exministra socialista Carmen Calvo: el dinero público no es de nadie. Por eso no se suele poner tanto cuidado en mimarlo como si fuera el de uno propio. De lo contrario no se entiende que el conseller Vela asegurara que a partir de ahora el Consell no se iba a gastar ni un euro sin justificar su necesidad.
El expresidente Francisco Camps lo tuvo claro y meses antes de ganar de calle las elecciones autonómicas puso en marcha estudios para recortar presupuestos, gastos superfluos. Los ajustes ya se pusieron de manifiesto en el programa electoral de las elecciones autonómicas que preparó Rafael Blasco, con un 25% de disminución de los coches oficiales o la puesta en marcha de la central de compras. Blasco ya proponía reducir a 10 las consellerias, recortar un 25% los departamentos, cargos políticos y personal de confianza, así como racionalizar el sector público empresarial: cerrar empresas públicas.
El anterior presidente ya redujo de 13 a 10 las consellerias. El actual, en ese sentido, no ha movido un pelo. Luego vino el recorte de un 30% en el segundo escalón: 20 áreas menos con sus altos cargos y sus respectivos equipos (260 personas) con los que ahorrar 14 millones de euros en la legislatura.
Alberto Fabra heredó el plan de ajustes y una frase de Camps que no dudó en hacer suya: «Hay que hacer más con menos».
Hay que aumentar la eficiencia en la gestión, porque, además, el Gobierno le reclama a la Generalitat 1.700 millones de euros, desveló el viernes Alberto Fabra al calor de la arena de la Malvarrosa, lo mismo que el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero ha pedido a los ayuntamientos y diputaciones que le devuelva otros 500 millones. En ambos casos, por haber realizado mal los cálculos - era la época en la que el jefe del Ejecutivo ataba los perros con longanizas y defendía que el sistema financiero español era la envidia mundial, allá por 2008 y 2009- de lo que iba a recaudar en impuestos y haber transferido más dinero del que debía. Claro, dinero que la Generalitat y los municipios gastaron hace un par de años.
Así no es de extrañar que Vela reconozca que la Generalitat sufre «tensiones de liquidez», lo cual quiere decir que no tiene dinero para pagar, entre otras cosas porque no ingresará ahora del Gobierno central los 633 millones de euros que esperaba procedentes del Fondo de Competitividad. La percepción de esa cantidad se aplaza hasta 2013. Y a los rectores autonómicos valencianos no se les ocurre emitir más deuda debido a la tormenta financiera que asola España e Italia y obliga al país a pagar unos intereses mucho más altos que, por ejemplo, Francia o Alemania.
Por eso, y porque el Gobierno central no financia a la Generalitat conforme a los cinco millones de habitantes que viven en la Comunitat Valenciana, sino que contabiliza un millón menos, y porque el Ejecutivo valenciano no ha reparado en gastos durante años y, como los municipios, ha prestado más servicios de los que se podía permitir, ahora, como suele decirse de manera coloquial, el Consell debe más que divisa y paga tarde y mal a los proveedores. El conseller Vela les ha pedido paciencia, ha anunciado que en septiembre les presentará un plan de pago y se ha comprometido a cumplirlo.
Esta situación no se resuelve esperando a que arrecie el temporal financiero, remonte la economía y la Generalitat vuelva a tener ingresos, ni siquiera aunque a la Conselleria de Hacienda le tocara el Euromillón o la Primitiva. Eso solamente solventaría el sueldo de los 260 altos cargos eliminados en el estreno de la legislatura. La solución es gastar menos, hacer encaje de bolillos con los céntimos, eliminar lo innecesario y que, además, se extreme la eficiencia para prestar servicios básicos.
Austeridad. Una palabra dura que tendrán que empezar a vocalizar desde los consellers hasta los secretarios autonómicos, directores generales, jefes de área y responsables de empresas públicas y fundaciones. A los recortes aplicados a la educación primaria, secundaria, a la universitaria, a los hospitales, al gasto farmacéutico y al funcionamiento interno de la Administración autonómica (menos fotocopias, más uso de emails en lugar de cartas, limitar la telefonía e internet móvil, crear una central de compras, entre otras medidas) con los que vela pretende alcanzar un ahorro de 680 millones, le seguirá en septiembre el de las empresas públicas. Y ahí entra RTVV. Solamente elente arrastra 1.200 millones de euros de deuda, mientras el conjunto de firmas públicas suponen un gasto anual de 3.573 millones de euros, apunta el síndico socialista, Jorge Alarte.
El portavoz del principal partido de la oposición no atribuye el ajuste a la herencia de Camps, su verdadero impulsor, sino a Alberto Fabra, el actual presidente. «Tenía que haber empezado recortando fundaciones, organismos públicos que no sirven de nada, despilfarro, fiestas, y no derechos», sostiene. Alarte defiende que de las 130 empresas y fundaciones públicas sólo dejaría 30 en pie, con lo que eliminaría un gasto de 1.573 millones anuales. De los 3.000 operarios, echaría a la calle «a los integrantes del aparato político del PP», aunque no lo cuantifica. El resto, a reasignarlos. RTVV es la principal empresa pública en enfrentarse al ajuste. El presidente de la Generalitat es consciente de que tiene que intervenir para hacer viable el ente y está dispuesto a negociar con los sindicatos un expediente de regulación de empleo que puede alcanzar a un millar de empleados.
La imagen de Les Corts
Las medidas adoptadas por el presidente de la Cámara autonómica, Juan Cotino, son de esas que disgustan a los políticos que las sufren pero que agradan al ciudadano que mira con recelo las prebendas de sus señorías. No son decisivas para sacar de la crisis a la Administración pero mejoran su imagen. La principal es el límite de 140 euros al mes impuesto a cada diputado en el consumo de telefonía móvil, un 30% menos de lo que gastaban de media. Y los ordenadores nuevos han costado 1.179 euros cuando hace cuatro años cada terminal salió por 2.087. Cotino también ha ordenado recortar en electricidad en el nuevo edificio de oficinas parlamentarias.
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