Estamos en el proceso de elección del nuevo director gerente de FMI. En la pelea por la primera posición parece que se encuentra la ministra francesa Christine Lagarde para sustituir al también francés Dominique Strauss-Kahn, cogido con el carrito de los helaos en Nueva York, literalmente con los pantalones por las rodillas, como tanto le gustaba (parece que la moralidad no es el fuerte de estos personajes). Bien, pues no contentos en el FMI tras demostrar su inoperancia suprema al no prever la crisis ni anticiparse a nada, silenciar a los llamados agoreros de la crisis, permitir a los estados endeudarse por encima de sus posibilidades, facilitar que los ciudadanos se endeudaran asimismo sin control…. después de semejante retahíla de despropósitos en los que ni siquiera arrojó ninguna advertencia seria, después de todo eso, nos viene ahora la candidata y saca a la luz pública su intención de aplicar MANO DURA para con Europa: ¡ojo!, no promete medidas concretas, ni medidas correctoras, ni medidas de control, ni medidas de atemperamiento de la crisis, y desde luego no promete prosperidad. Única y exclusivamente promete MANO DURA. Sin más.En este punto, y dado que estamos hablando del endeudamiento personal, me parece apropiado sacar a colación el artículo de Juan José Millás en “El País” del viernes 24 de Junio de 2011:
http://www.elpais.com/articulo/ultim...epiult_1/TesLa "estructura de la deuda"
, he ahí una expresión nueva, al menos para mí. Resulta que una hipoteca bien estructurada es un cuerpo dotado de volumen, de espesor, de vísceras, de flujos y reflujos. Mis deudas, pocas y de escasa entidad, han sido siempre filiformes: equis euros (pocos) al mes durante equis meses (bastantes). Y todo ello por miedo a no ser capaz de devolver lo comprometido. No negaré sin embargo que estuve, como muchos hombres y naciones, a punto de caer en esa suerte de ruleta rusa consistente en jugar a los préstamos. Fue hace años, en los tiempos de la prosperidad-burbuja, cuando un empleado de la sucursal de mi banco me preguntó muy serio cuál era mi "capacidad de deuda". Aquello sonaba muy importante para quien solo había soñado con alcanzar cierta capacidad de ahorro. Ese mismo empleado, tras analizar mis ingresos, dedujo que mi capacidad de deuda era altísima, más de lo que yo habría podido imaginar. El problema era que sus cálculos estaban basados en un optimismo insensato respecto al futuro. ¿Y si cojo una enfermedad?, pregunté en voz alta, a lo que el hombre respondió con una mirada de censura, como si se encontrara frente a un cenizo. ¿Y si un día me levanto de la cama y resulta que no me funcionan los neurotransmisores?, pensé entonces para mis adentros. Me dio miedo, en fin, endeudarme y abandoné la sucursal bajo la mirada compasiva de aquel bancario que me hizo sentir como si no fuera un hombre de mi tiempo. Bueno, pues ahora resulta que aquella "capacidad de deuda" era falsa, claro, como la de Grecia, la de Portugal y quizá la de España. De haber caído en la trampa que me tendía el banco, hoy estaría "estructurando" mi deuda, es decir, desestructurando mi vida. Me salvé siendo de letras. ¿Cómo es posible que los Gobiernos, todos de ciencias, nos hayan conducido a esta situación? ¿Cómo es posible que los Gobiernos (…) nos hayan conducido a esta situación?, se pregunta el Sr. Millás. Y debería preguntarse incluso más: ¿cómo las mismas medidas que en el pasado —hace un par de décadas— se aplicaron en Sudamérica, Asia, África…, y que a todas luces demostraron ser ineficaces y generadoras de miseria, son las que promete la nueva candidata al FMI? No hay respuesta para esta pregunta. Se limitan a repetir su sistema, su guión enfermizo: primero permiten el descontrol de la deuda; luego mano dura con el endeudado. La moralidad no es el fuerte de esta gente. Claro está.
Pd. Querían esclavos y tienen muertos vivientes.