Ahora nos vienen que próximamente habrá que hacer un nuevo rescate a cinco cajas de ahorro (a través del FROB), a buen seguro que no será el último, debido al lamentable estado de nuestras cajas de ahorro. (Parece que la banca esta un poquito mejor). Hay que seguir el dinero que ha hecho que estas cajas estén quebradas. Perseguirlo. En España se deben algo más de un billón de euros de crédito hipotecario. De esta cantidad 600.000 millones son a las familias, el cual las entidades ya se encargan —de forma exhaustiva—de perseguirlo. Pero otros 430.000 millones son a promotores, constructores y testaferros (aproximadamente un 43% del P.I.B.). ¡Este es el dinero que no se está persiguiendo de la misma manera canina! Dinero que en muchos casos no se sabe a quién fue a parar ni —lo mas sorprendente— qué pasó con él. Es muy importante saber que el poder de las cajas esta muy íntimamente ligado al poder regional. Un CÍRCULO VICIOSO. QUE LAS ESTA LLEVANDO A LA QUIEBRA.
Ese dinero fue dado a personas con poder e influencia en las diferentes regiones españolas; ese dinero sirvió para realizar operaciones de compraventa de suelo, construcción de viviendas, inauguración de innecesarios aeropuertos, carreteras, edificios oficiales, etc; ese dinero no se ha devuelto (o en gran medida no se va devolver). Esto no está siendo persiguiendo por parte de las autoridades. Simplemente parece que el dinero ha desaparecido, ¡bluf!, como un fantasma. Visto y no visto, el dinero se ha evaporado. Pero lo que está claro es que ese dinero ha salido —¿hacia qué destino?— de las entidades de crédito. Para más inri, se esta obligando al estado a pagar con ayudas públicas (el F.R.O.B.) el saneamiento de estas entidades quebradas, con lo que, directamente, está aumentado nuestro déficit (con todo lo que supone: más deuda publica, más riesgo/país, más diferencial, más intereses).
No hay dinero para pensiones, parados o funcionarios, sanidad, educación ¡pero sí para sanear entidades privadas que por malas prácticas han quebrado!
Y que además reciben dinero publico para evitar su quiebra y que finalmente una vez saneadas pasaran al sector privado.
Preguntas a realizarse, varias: ¿Quién se ha llevado el dinero? ¿Hacia dónde lo han dirigido? ¿Lo ha devuelto ya? Si no lo ha hecho, ¿qué ha pasado con ellos y con el dinero?
Hasta que no se resuelvan estas preguntas, elevo aquí mi propuesta de no dar más dinero público para sanear entidades privadas o, si se hace, con el matiz exigible que las saneadas con dinero público no puedan dársela a otras privadas.