Algunos parece que se encuentran por encima del bien y del mal. La banca ni qué decir tiene. Si por su mala práctica después de años de beneficios (repartidos en dividendos para sus accionistas, de bonus para sus equipos directivos y demás prebendas) se encuentran en situación de quiebra… ¡entonces se socializan las pérdidas y santaspascuas! Se les ayuda para que no quiebren, porque, atentos, «es lo mejor para todos» (aunque ellos no tuvieron la misma deferencia para con sus deudores). Pero hoy no hablaremos de los jefes, no. Hoy hablaremos de sus súbditos. De los —mal llamados— políticos.
Hoy nos hemos desayunado con dos noticias: una, que después de instalar un costoso sistema de traducción en el Senado hay evidencias de que los senadores no lo utilizan jamás. Esto es, les da exactamente lo mismo lo que uno u otro diga, los argumentos o razones que allí se viertan o se dejen de verter. Al final, siempre deciden obedientemente lo que haya decidido para ese día el jefe de su partido. Así, si había dudas aún de para que existía el Senado, ya tenemos su prueba definitiva. NOS SOBRAN.
La segunda noticia con la que nos hemos levantado hoy es que ayer en el Congreso se votó por la reducción de jornada de tres a dos días a la semana. En mitad de esta crisis que se quiere llevar por delante los derechos laborales, las pensiones, las prestaciones del paro, la reducción de salarios de los funcionarios públicos, etc… ¡quieren pasar de ir tres días por semana al Congreso a solo dos! Anonadado estoy. BUEN RECORTE.
Sin duda alguna, tenemos una serie de castas que consideran pueden y deben vivir a espaladas de la realidad. Las normas o recortes no van para con ellos. Es más, ya ni se preocupan de salvar las formas o de esconder los hilos del titiritero loco que los maneja. Ayer Juan Rosell, presidente de la CEOE, comentaba que no le gustaba el borrador gubernamental de la Reforma Laboral, pero que «confiaba en tirarlo atrás en el Congreso». Y ojo, que no hablaba como un diputado más, ¡lo peor es que hablaba en boca de muchos! En boca de tantos que no se cortaba en su anhelo de obtener una mayoría amplia en la cámara que tirara atrás esas reformas que no le gustan a la Patronal.
¿No lo sabían ustedes? Pues lean las señales: los políticos son marionetas. Marionetas de Dios. Del Capital. Y en sus designios hablan en boca del mismo. Como comenzaba este artículo, por encima del bien y del mal.
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