Y sin voluntad, sujetos experimentales de oscuras conspiraciones, víctimas de siniestras fuerzas, piezas de engranajes orgánicos… En este apocalipsis convertido en territorio narrativo todos narran y son narrados, y la memoria es ya incapaz de poner orden en un tiempo que no existe. Antes, durante y después del Fin, en las alturas del Edificio y en el subsuelo, en la habitación cerrada e inundada de hojas y en los páramos en ruinas, no quedan más que sujetos despojados de identidad en busca de una verdad inalcanzable e inexistente que sólo puede conducirlos a la constatación brutal del presente. ( Creo que ya no tengo miedo. Hago, por precaución, un inventario de lo que llevo en mis bolsillos. Es suficiente. Es apenas lo esencial.)
Demos