Según María Luisa García-Borruel, el escándalo Feval es un puñetazo a la dignidad de los extremeños
Una mariscada de 426 euros para dos personas (se pulen en una comilona el equivalente a un mes de subsidio para un desempleado al que se le exige una acción formativa verificable para cobrarlo), contratas que nunca han salido a concurso y que se adjudican año tras año a las mismas empresas, sueldos astronómicos del equipo directivo compuesto por ex altos cargos del PSOE que utiliza al personal de la entidad para asuntos particulares, recibo mensual de un canal de TV de pago del director de Feval sufragado dos años por la institución, oficinas con spa, jacuzzi y squash para uso y disfrute de los cargos directivos en régimen de exclusividad, omisiones y alteraciones contables, ausencia de fiscalización de las cuentas que no se presentan al Tribunal de Cuentas ni se permite que sean investigadas por la Asamblea. Todo esto y otras aberraciones denunciadas por los trabajadores de Feval al Presidente de la Junta de Extremadura que han recibido la callada por respuesta y que ahora publica el citado periódico.
El pasado mes de marzo el PSOE rechazó una comisión de investigación solicitada por el PP en la Asamblea sobre las “irregularidades” en Feval argumentando su portavoz, Ignacio Sánchez Amor que “hay muchísimos motivos para no crear una comisión de investigación, siendo el principal el hecho de que el parlamento no puede controlar a otras instituciones diferentes de la Junta. Sólo estamos legitimados, jurídica y políticamente, para investigar lo que tenga que ver con la Junta de Extremadura”.Toma castaña y se queda tan ancho porque ahí está uno de los motivos principales para la creación de tanta empresa pública, garantizar su opacidad e impunidad. Para esto los fondos europeos y el dinero de los contribuyentes del que se nutren estas entidades. Que se lo cuenten a los más de 125 mil parados en la región, a los funcionarios a los que han recortado el sueldo, a los pensionistas que han visto mermadas sus prestaciones, a las familias que no pueden acceder a los beneficios de la Ley de Dependencia, a los autónomos y pymes a punto de echar el cierre. No es demagogia, es ya una cuestión de “ética y estética” a las que apela el Presidente de la Junta en su decálogo de “política con valores”.
Se están riendo en nuestra cara entre comilona y catering a discreción. Con este tipo de actuaciones, la clase dirigente de nuestra comunidad extremeña, el partido que lleva casi treinta años en el gobierno, los nuevos señoritos, muestran su falta de pudor, su tacañería vergonzante y su empecinamiento en mantenerse en el poder a toda costa porque lo que de verdad les importa, es seguir chupando del bote sin que nadie entorpezca su vocación de vividores a costa del esfuerzo de todos y mientras la región se hunde.
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