«Vivo en un garaje, no puedo empadronarme ni pedir ayudas»
Después de toda una vida de camarero, «parece como si con más de 40 ya no pudiera trabajar», lamenta
Hace no mucho
Javier Cano residía con su mujer y sus dos hijos en un piso de Basauri, modesto pero con comodidades. Trabajaba como camarero, conducía su propio coche y hasta podía permitirse unas vacaciones de vez en cuando. Desde que perdió el trabajo, su vida ha dado un giro radical, hasta el punto de que hoy vive en el garaje donde antes guardaba el coche que ya no tiene. Todo el mundo habla de la crisis, pero a algunos les afecta más que a otros.
A sus 42 años, Javier acumula más de dos décadas de experiencia en la hostelería. El último establecimiento en el que trabajó «empezó a ir mal y yo fui uno de los que echaron a la calle». Con el gremio pasando uno de sus peores momentos, Javier se enfrenta a un panorama en el que las ofertas de empleo escasean y cuando aparecen no se ajustan a su perfil: «Parece como si tener más de 40 años te impidiera trabajar», lamenta quien lleva desde los 15 «dejándose la piel» tras la barra de un bar.
Divorciado y sin ingresos, cada vez se le hacía más difícil hacer frente a sus necesidades. «Tuve que dejar la habitación donde me había alojado los últimos meses, pero no podía permitirme un alquiler, así que habilité en Deusto la plaza de garaje para vivir», explica. La renta de la lonja -unos 120 euros- era más fácil de pagar que los más de 300 que piden de media por una habitación en un piso compartido. Parece una solución desesperada, pero Javier afirma que es más común de lo que la gente cree: «Te sorprenderías cuantos viven en estas condiciones, o incluso mucho peor... por lo menos yo tengo un techo».
Su día a día transcurre entre cursos de formación y entrevistas de trabajo, pero se queja de que «las entrevistas cada vez son menos personales, se limitan a coger tu curriculum y poco más». Conforme los meses avanzan y el trabajo no llega, Javier se ha visto obligado a pedir ayuda a los servicios sociales, pero se encuentra atrapado en sus propias circunstancias: «Como vivo en una lonja que no tiene cédula de habitabilidad, no puedo empadronarme y tampoco optar a ninguna ayuda», explica.
Sólo Cáritas se ha hecho cargo de su situación, y desde hace un mes le proporciona la suma para el alquiler de su techo, además de ropa y comida. Los siete meses que duran los trámites de empadronamiento se le van a hacer interminables. Sin embargo,
«mi objetivo no es cobrar ninguna ayuda, sino encontrar trabajo», aclara.
Fuente :
«Vivo en un garaje, no puedo empadronarme ni pedir ayudas» | Elecciones Autonómicas y Municipales 2011 | elcorreo.com