Nada nuevo que no se haya dicho en este foro pero bastante extraño en los medios de defecación masiva:
¡Es la deuda! - La Nueva España - Diario Independiente de Asturias
Días atrás, el secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, trataba de insuflar ánimos con una sugerencia impropia de un técnico tan brillante: las familias se han pasado de frenada en el ahorro y deben consumir más para impulsar el crecimiento.
Tras ese mensaje subyace la idea de que aquellos que pueden consumir deberían perder el miedo y «recuperar la confianza», lo que elevaría el consumo. Pero se ¿olvida? que los efectos de una crisis financiera, trasladados a la economía real, son tan devastadores que no pueden asimilarse a crisis de demanda de 18 meses de duración.
No puede haber confianza cuando un colectivo intocable durante décadas (el funcionariado) recibe recortes salariales (con el impacto que supone, «por si hay más»); cuando el paro ha alcanzado el 20% y allí seguirá; cuando los bancos, endeudados, usan el pasivo para tapar agujeros y, las cajas, impulsoras del crac inmobiliario, están en fase de descomposición, perdón, bancarización (sin FROB ni financiación a la carta del BCE, estarían quebradas); cuando los gobiernos anuncian recortes en materia sanitaria, de pensiones o educativa? y, sobre todo, no se puede pedir a un país que consuma si la deuda bruta total, pública y privada ¡ha aumentado!, tres años después de iniciada la crisis (del 355% al 399% del PIB).
No, no hay que consumir y bajar nuestra tasa de ahorro (sin el pago de deudas, el ahorro neto ya es negativo). Lo que debería hacerse es proceder a la limpieza de balances de nuestras entidades financieras (reconociendo pérdidas reales de los activos inmobiliarios), como primer paso para salir de la crisis. Pero da la impresión de que, como no lo imponga la señora Merkel, el tinglado cajístico / autonomista / inmobiliario tratará de resistir? aunque nos lleve al estancamiento durante años.