"Si no me sale algo que merezca la pena, me voy al extranjero" El elevado paro juvenil en España empuja a los universitarios de último año al “exilio económico”. La tasa supera el 40%, el doble que la de la UE.
Nos hemos acostumbrado a escuchar que son la generación más preparada de la historia. Han podido estudiar, dominan varios idiomas, viajan lo que quieren y adonde quieren y están acostumbrados a disfrutar de un Estado de bienestar hecho a su medida. Pero el año que viene, no tendrán trabajo (o al menos, eso dicen ellos).
Inés (24 años, 5º de Derecho) está “convencida” de que su futuro no es nada prometedor si se queda, y por eso anuncia algo que ya tiene más que meditado: “Me voy a Inglaterra en junio”. Un éxodo, en este caso, que es más una medida preventiva. Y como ella, Carmen (22 años, 4º de Administración y Dirección de Empresas), que esperará hasta septiembre “para poder ahorrar algo en verano”; o Jacobo (24 años, 5º de Periodismo), que hará lo propio en unos meses, eso sí, siempre que no encuentre “algo que merezca la pena” en España –“quiero quedarme”, dice–; o Santiago, compañero de clase de Jacobo, que también barrunta si “jugársela” en su país o realizar su particular “exilio económico”.
Un “escándalo”
Hace un par de semanas, el presidente de la Comisión Europea (CE), José Manuel Durao Barroso, calificó de “escándalo” los niveles de desempleo juvenil que se dan en algunos países de la zona, algo que concierne, más que a ninguna otra, a la campeona del ranking.
En España, el porcentaje de jóvenes que en enero carecía de trabajo se incrementó en una décima (43,1%), devolviendo la tasa a los niveles de noviembre y a la tendencia negativa que dejó atrás después del ligero descenso que había registrado en diciembre. Pero lo más inquietante es que, como ocurre con el porcentaje general de desempleo, la tasa española dobla la media de la Unión Europea (UE), que es del 19,9%, y es cinco veces superior a la de algunos países del Viejo Continente, como Holanda (7,8%), Austria (8,0%) o Alemania (8,3%). Otro dato: el paro en EE UU cayó al nivel más bajo de los últimos dos años hasta el 8,9%, y todo ello pese a la crisis.
Es esta la escena que están obligados a protagonizar unos jóvenes tan pesimistas como los que emigraron a mediados del siglo pasado a Centroeuropa, cuyos ejemplos tienen muy presentes gracias a los relatos que escuchan de sus padres y abuelos. Saben que la crisis está latente, conocen las limitaciones de su país y advierten sus escasas posibilidades de triunfar si se quedan.
Nuestros universitarios confluyen en cierto sentimiento de incredulidad; a ninguno se le pasó por la cabeza hace tres años, cuando apenas comenzaban sus estudios superiores, que la crisis que entonces despuntaba obstaculizaría el desarrollo normal de los acontecimientos (formarse, trabajar, ascender...). Qué mala suerte para los que se licencien ahora, pensaron en 2008; sentimiento que ahora se vuelve en su contra.
Pero sería injusto no señalar que, además de la crisis, parte de la culpa puede que la tengan o los mismos jóvenes –que no estudian– o el ineficaz sistema educativo al que se ven abocados –que no les forma–. Y es que, según el último informe sobre educación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), en España, si bien un 30% de la población en edad de trabajar está formada por universitarios –muy por encima de la media de los países desarrollados–, hay un 44% de ese mismo segmento que se ha quedado en primaria o secundaria inferior y sólo un 22% que alcanzó el título de secundaria superior.
Concienciados
Conocen con exactitud las cifras del paro (según los datos del Ministerio de Trabajo, en febrero aumentó en 68.260 personas, hasta los 4,3 millones de desempleados, un dato peor que el de 2008, el primer año de la crisis) y que el PIB no es capaz de repuntar.
“Me interesa la economía en la medida en que se acerca mi salida al mercado laboral. Considero muy grave la situación en España y no creo que esto mejore, al menos a corto plazo”, comenta Santiago. O lo que dice Jacobo: “Soy perfectamente consciente de la situación y estoy convencido de que el número de parados va a aumentar conmigo y con la gran mayoría de mi promoción”. Sin ninguna confianza, observan con distancia las medidas que ha puesto el Ejecutivo con el fin de mejorar su situación, como el aumento de las bonificaciones a las empresas que contraten a trabajadores de entre 16 y 30 años o la posibilidad, tras la entrada en vigor de la reforma laboral, de que los becarios coticen un máximo de dos años. Son medidas insuficientes que apenas, piensan, se traducirán en mejoras palpables del mercado laboral. La realidad es bien distinta: “Puedes estar en el lugar adecuado en el momento preciso –dice Jacobo– y entonces te hacen un contrato, pero antes has de haber sido su becario unos cuantos meses, o incluso años”. Marina (22 años, 5º de Publicidad) explica que la solución pasa por “formarse como una loca para intentar diferenciarte”. Y es que, para los que no tengan necesidades urgentes, es decir, para los que posean la suerte de tener una familia que pueda seguir manteniéndolos, la posibilidad que brinda la crisis de poder seguir formándose y no tener por ello demasiado cargo de conciencia, es inmejorable. Eso, y que es común que ya nadie se arriesgue a desconocer de partida el inglés –el futuro, dicen, se escrutará en chino– o a no tener algún que otro máster en cualquier cosa.
Es la famosa titulitis elevada a su máxima expresión. Inés estudiará un posgrado en Londres, Marina ha pasado ya un año de Erasmus en Francia, Carmen alternará el año que viene –si puede– trabajo y estudios en EE UU, Jacobo y Santiago, si una oferta salvadora no lo impide, volarán en cuanto acaben su carrera. Lo que ninguno de ellos podrá hacer es obviar la realidad y decir eso tan socorrido: “Mientras a mí no me toque...”, porque esta vez, les guste o no, les ha tocado de lleno.
España, de economía en crecimiento a exportadora de jóvenes talentos
Angela Merkel, cuando lanzó su llamativa propuesta de contratar a técnicos españoles, sólo tradujo una constante de los últimos tiempos: los jóvenes españoles se van, y lo hacen después de que el sistema educativo español los haya formado.
La pasada semana, en un encuentro organizado por la Association of Executive Search Consultants (AESC), uno de los muchos ‘cazatalentos’ que acudió, Lorenzo Zavala, cuantificó su negocio fuera de España en “más de un 18%”, algo que no sería llamativo si no fuera porque lo que queda aquí no es porque se creen nuevos puestos, sino porque se exportan ejecutivos españoles, “muy valorados por su proyección internacional y por su capacidad para lidiar con los emergentes latinoamericanos”. Ramón Bartolomé, otro de los ponentes, puso el acento en la necesidad de buscar entre los jóvenes, “que son más conscientes de hacia dónde va este mundo digital".
FUENTE:
"Si no me sale algo que merezca la pena, me voy al extranjero" | Intereconomía
XILEBO TE COMO CON PAPAS.