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Diario Expansion:http://www.expansion.com/edicion/exp...lo/687327.html

En cinco años, el mercado ha sufrido una profunda transformación en la que han cambiado los protagonistas y las estrategias de los inversores para rentabilizar su dinero.

"Nada es igual". Bajo el opaco barniz de la cotidianidad, ésta sigue siendo la respuesta de los neoyorquinos al explicar cómo ha cambiado su vida desde el 11-S. Nada es, ni será igual, en la política, la economía, en la forma de viajar, ni en las bolsas, que son fiel reflejo de un mundo vivo.

Aquel martes, 11 de septiembre, los operadores de bolsa europeos se sentaron frente a sus pantallas aguantando la respiración. El cierre en tablas de Wall Street el día anterior ponía freno a los descensos de una de las peores semanas en bolsa de su historia. En apenas cincos sesiones Fráncfort había llegado a caer el 8% y Londres y Madrid más de un 5%. Los periódicos se felicitaban porque la sesión no había finalizado en el esperado "lunes negro".

Los inversores aguardaban la apertura de Wall Street que, entonces como ahora, marcaba la tendencia que definiría la sesión. Pero la campana de la bolsa no sonó. Un ataque terrorista había destruido el primer centro financiero del mundo y, en su caída, había ahondado en la crisis de unos índices bursátiles tambaleantes.

Zona cero: puntocom
En sí, el 11-S no fue un punto de inflexión bursátil, fue un peso que aceleró la caída de una bolsa que se precipitaba sin soportes desde los máximos de marzo de 2000. Otras dos explosiones habían causado ya un efecto devastador en los mercados mundiales. En primer lugar, el estallido de la burbuja puntocom.

Felipe Messía, experto en el sector de Self Trade, recuerda que entraba dinero "en todo lo que tuviese el apellido puntocom. Nadie se fijaba en los ratios y se aceptaban Per -relación precio/beneficio por acción- de hasta tres dígitos". En segundo lugar, durante el mes de agosto se había corroborado la debacle de Enron, que apenas tres meses después declararía oficialmente la bancarrota.

Así las cosas, la conjunción de estos tres factores -decepción en la tecnología; descrédito de los servicios financieros; y la amenaza terrorista- produjeron una profunda transformación en la composición de los mercados.

La defenestración tecnológica eliminó, de forma natural, a muchos jugadores de los principales índices y, a otros, les modificó su peso relativo. Sin ir más lejos, en septiembre de 2001, IBM era el valor que más pesaba en el Dow Jones y, en conjunto, el sector -que incluía telecomunicaciones- acaparaba más del 40% del índice. Cinco años después, IBM ha sido destronada por Altria, y ha reducido su peso del 7,4% al 5,6%. En total, el sector suma un escaso 20%.

El baile de pesos pesados en el podio del S&P 500 caracteriza aún más el proceso vivido en las bolsas. El 10 de septiembre de 2001, uno de los valores estadounidenses por excelencia, General Electric (GE), veía peligrar su reinado en la cima del índice por la compañía de Bill Gates, de la que apenas le separaba un 0,5% de ponderación. En tercer lugar, Exxon Mobil observaba a lo lejos sus evoluciones, ya que una de sus acciones valía hasta 20 dólares menos que una Microsoft.

En la actualidad, la petrolera estadounidense es el valor más influyente del indicador, seguida a cierta distancia por GE y Citigroup. El líder del software se ha visto relegado a una quinta posición y la cotización de sus títulos es casi un tercio de la del gigante petrolero.

Y, es que, la escalada de la tensión geopolítica añadió más incertidumbre a un factor determinante para los mercados: el crudo y la dependencia energética. Santos Abascal, de Capital MarketsCM, resalta el "boom del petróleo" y el despunte de los BRIC (Brasil, Rusia, China e India) como uno de los fenómenos más relevantes de estos cinco años.

El encarecimiento de las materias primas ha favorecido a estos países, que poseen algunas de las mayores reservas energéticas del mundo. Para muchos, los metales están creando la nueva burbuja financiera aunque, otros creen que ésta estará construida con ladrillos.

El director de análisis de Fortis en España, Antonio López, reconoce que aunque en la actualidad se invierte mediante criterios técnicos -no como en 2001- y se pone mucho más cuidado que antes a la hora de entrar en un título, existen algunos valores sobrevalorados que se concentran en los sectores de la inmobiliaria y la construcción. La composición del Ibex 35 es un buen escaparate de cómo se ha amplificado el sector.

En 2001, cinco valores representaban al sector en el índice selectivo español, con un peso relativo del 5,5%. Hoy siete valores suponen casi el 10% de la composición del Ibex y la mitad de las OPV del año pertenecen al sector. El salto del chip al ladrillo vino de la mano de otro de los fenómenos de este periodo: los bajos tipos de interés.

A comienzos de 2001, el precio del dinero en EEUU estaba fijado en un 6,5%. Al terminar el año los tipos alcanzaban el 1,75% y, en 2003, se llegó al 1%. Kevin Gardiner, jefe de Estrategia Global de HSBC, apunta que el fuerte crecimiento económico de los últimos tres años esta estrechamente ligado a esta laxa política en el precio del dinero en EEUU.

La fortaleza bancaria
A su vez, los bajos tipos propiciaron dos fuertes tendencias. Por un lado, la facilidad para endeudarse desató una oleada de fusiones que puso en marcha los procesos de consolidación de muchos sectores. Por otro lado, los ciudadanos descubrieron las hipotecas baratas lo que, de nuevo nos lleva, al culto financiero por las inmobiliarias.

También los bancos han vivido su periodo de vino y rosas gracias al precio del dinero, y el Euro Stoxx 50 es un fiel reflejo de esta fortaleza. En 2001, los 10 bancos que se encontraban en este indicador ponderaban un 18%. Cinco años después, 11 entidades financieras suponen el 28% del peso del índice.

Por cierto, en 2001, Deutsche Bank era el primer peso bancario de Europa y octavo valor en importancia del índice. Hoy, Santander es el banco con mayor peso en Europa continental y el segundo valor en importancia del índice selectivo de la zona euro.

Última edición por Fleximux; 11-sep-2006 a las 08:31


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Antiguo 11-sep-2006, 10:53
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Iniciado por Fleximux
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En cinco años, el mercado ha sufrido una profunda transformación en la que han cambiado los protagonistas y las estrategias de los inversores para rentabilizar su dinero.

"Nada es igual". Bajo el opaco barniz de la cotidianidad, ésta sigue siendo la respuesta de los neoyorquinos al explicar cómo ha cambiado su vida desde el 11-S. Nada es, ni será igual, en la política, la economía, en la forma de viajar, ni en las bolsas, que son fiel reflejo de un mundo vivo.

Aquel martes, 11 de septiembre, los operadores de bolsa europeos se sentaron frente a sus pantallas aguantando la respiración. El cierre en tablas de Wall Street el día anterior ponía freno a los descensos de una de las peores semanas en bolsa de su historia. En apenas cincos sesiones Fráncfort había llegado a caer el 8% y Londres y Madrid más de un 5%. Los periódicos se felicitaban porque la sesión no había finalizado en el esperado "lunes negro".

Los inversores aguardaban la apertura de Wall Street que, entonces como ahora, marcaba la tendencia que definiría la sesión. Pero la campana de la bolsa no sonó. Un ataque terrorista había destruido el primer centro financiero del mundo y, en su caída, había ahondado en la crisis de unos índices bursátiles tambaleantes.

Zona cero: puntocom
En sí, el 11-S no fue un punto de inflexión bursátil, fue un peso que aceleró la caída de una bolsa que se precipitaba sin soportes desde los máximos de marzo de 2000. Otras dos explosiones habían causado ya un efecto devastador en los mercados mundiales. En primer lugar, el estallido de la burbuja puntocom.

Felipe Messía, experto en el sector de Self Trade, recuerda que entraba dinero "en todo lo que tuviese el apellido puntocom. Nadie se fijaba en los ratios y se aceptaban Per -relación precio/beneficio por acción- de hasta tres dígitos". En segundo lugar, durante el mes de agosto se había corroborado la debacle de Enron, que apenas tres meses después declararía oficialmente la bancarrota.

Así las cosas, la conjunción de estos tres factores -decepción en la tecnología; descrédito de los servicios financieros; y la amenaza terrorista- produjeron una profunda transformación en la composición de los mercados.

La defenestración tecnológica eliminó, de forma natural, a muchos jugadores de los principales índices y, a otros, les modificó su peso relativo. Sin ir más lejos, en septiembre de 2001, IBM era el valor que más pesaba en el Dow Jones y, en conjunto, el sector -que incluía telecomunicaciones- acaparaba más del 40% del índice. Cinco años después, IBM ha sido destronada por Altria, y ha reducido su peso del 7,4% al 5,6%. En total, el sector suma un escaso 20%.

El baile de pesos pesados en el podio del S&P 500 caracteriza aún más el proceso vivido en las bolsas. El 10 de septiembre de 2001, uno de los valores estadounidenses por excelencia, General Electric (GE), veía peligrar su reinado en la cima del índice por la compañía de Bill Gates, de la que apenas le separaba un 0,5% de ponderación. En tercer lugar, Exxon Mobil observaba a lo lejos sus evoluciones, ya que una de sus acciones valía hasta 20 dólares menos que una Microsoft.

En la actualidad, la petrolera estadounidense es el valor más influyente del indicador, seguida a cierta distancia por GE y Citigroup. El líder del software se ha visto relegado a una quinta posición y la cotización de sus títulos es casi un tercio de la del gigante petrolero.

Y, es que, la escalada de la tensión geopolítica añadió más incertidumbre a un factor determinante para los mercados: el crudo y la dependencia energética. Santos Abascal, de Capital MarketsCM, resalta el "boom del petróleo" y el despunte de los BRIC (Brasil, Rusia, China e India) como uno de los fenómenos más relevantes de estos cinco años.

El encarecimiento de las materias primas ha favorecido a estos países, que poseen algunas de las mayores reservas energéticas del mundo. Para muchos, los metales están creando la nueva burbuja financiera aunque, otros creen que ésta estará construida con ladrillos.

El director de análisis de Fortis en España, Antonio López, reconoce que aunque en la actualidad se invierte mediante criterios técnicos -no como en 2001- y se pone mucho más cuidado que antes a la hora de entrar en un título, existen algunos valores sobrevalorados que se concentran en los sectores de la inmobiliaria y la construcción. La composición del Ibex 35 es un buen escaparate de cómo se ha amplificado el sector.

En 2001, cinco valores representaban al sector en el índice selectivo español, con un peso relativo del 5,5%. Hoy siete valores suponen casi el 10% de la composición del Ibex y la mitad de las OPV del año pertenecen al sector. El salto del chip al ladrillo vino de la mano de otro de los fenómenos de este periodo: los bajos tipos de interés.

A comienzos de 2001, el precio del dinero en EEUU estaba fijado en un 6,5%. Al terminar el año los tipos alcanzaban el 1,75% y, en 2003, se llegó al 1%. Kevin Gardiner, jefe de Estrategia Global de HSBC, apunta que el fuerte crecimiento económico de los últimos tres años esta estrechamente ligado a esta laxa política en el precio del dinero en EEUU.

La fortaleza bancaria
A su vez, los bajos tipos propiciaron dos fuertes tendencias. Por un lado, la facilidad para endeudarse desató una oleada de fusiones que puso en marcha los procesos de consolidación de muchos sectores. Por otro lado, los ciudadanos descubrieron las hipotecas baratas lo que, de nuevo nos lleva, al culto financiero por las inmobiliarias.

También los bancos han vivido su periodo de vino y rosas gracias al precio del dinero, y el Euro Stoxx 50 es un fiel reflejo de esta fortaleza. En 2001, los 10 bancos que se encontraban en este indicador ponderaban un 18%. Cinco años después, 11 entidades financieras suponen el 28% del peso del índice.

Por cierto, en 2001, Deutsche Bank era el primer peso bancario de Europa y octavo valor en importancia del índice. Hoy, Santander es el banco con mayor peso en Europa continental y el segundo valor en importancia del índice selectivo de la zona euro.

Uf, que interesante. Viene a decir que hay una burbuja en el valor de las acciones de constructuras e inmobiliarias y hace un amago con los bancos.


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