José Antonio Zarzalejos - 05/06/2010
Con esta expresión desabrida se manifestó Cándido Méndez ante la asamblea de UGT delatando la crispación que anidaba en los jefes sindicales con motivo del llamado decretazo de Zapatero para ajustar el déficit. La cuestión es que los sindicatos, con su inveterado ombliguismo, siempre parecen estar en un estado de ánimo alterado -de mala leche- y con una actitud adusta –cabreados-, y cuando alguien les recuerda -como hizo José Luis Feito, presidente de Economía de la CEOE- que amenazar con una huelga general era una actitud “infantil, inmadura y absurda”, le insultan a lo bestia: Feito no sería otra cosa, según Méndez, que “un sicario”, es decir, “un asesino a sueldo”, tal y como se encargó de subrayar el secretario general de la UGT.
Con estos dirigentes sindicales la huelga general estaría prácticamente asegurada cuando el Consejo de Ministros apruebe el 16 de junio, forzado por la cumbre de mandatarios de la UE del día siguiente, una reforma laboral que, según Zapatero, abordará “aspectos esenciales de nuestro mercado de trabajo”. Y ojalá así sea, porque el Fondo Monetario Internacional ha advertido ya que esa reforma debe ser “radical” y, además, “urgente”. Contestarla con una huelga general por parte de UGT y CCOO va a ser muy arriesgado para su futuro. En el llamado “invierno del descontento” en el Reino Unido (1978-79) las Trade Unions -los sindicatos británicos- acosaron al primer ministro laborista James Callaghan con una oleada de huelgas que la opinión pública no entendió. Y Margaret Thatcher tomó nota de la incomprensión popular hacia los sindicatos y, durante los años ochenta, se encargó, primero, de alentar las contradicciones internas que eran abundantes entre ellos; después, de hacerles sufrir con la financiación y, por últimos, situarlos en el lugar que les correspondía. Desde entonces, el sindicalismo británico, el más poderoso de Europa, no ha levantado cabeza.
Las Centrales Sindicales en España forman parte de la nomenclatura del poder como en ningún otro país de nuestro entorno. No son financieramente autosuficientes porque dependen de las subvenciones del Estado; se comportan en muchas ocasiones como meras correas de transmisión de los intereses de la izquierda más extrema -véase su asistencia a los actos de la Complutense que explotaron en un antifranquismo anacrónico en la sedicente defensa de Baltasar Garzón- y siempre de la opciones electorales del PSOE y de IU (en la periferia de Batasuna y los grupos más radicales del nacionalismo vasco con LAB y ELA). En fin, se han constituido en el residuo más retrógrado al ampararse en una legislación procedente del antiguo régimen cuyas reformas -hayan sido las de González o las de Aznar- han burlado mediante los mecanismos de la negociación colectiva y el amparo de la paternalista y fosilizada jurisdicción laboral.
Injerencia en la vida política
Los sindicatos y las asociaciones empresariales “contribuyen a la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales que le son propios” según el artículo 7º de la Constitución, pero carecen de legitimidad alguna para alzarse con representatividad política y, menos aún, para condicionar la libérrima acción del Congreso de los Diputados, soberano para aprobar una reforma laboral a propuesta del Gobierno, después de meses y meses de dilaciones debidas a su oposición a cualquier modificación del estatu quo que nos ha llevado, con otras causas, a un 20% de desempleo, el más alto de Europa. Estos sindicatos -que tratan de rentabilizar, creo que confundiéndose gravemente, la primavera del descontento que vivimos- defienden los derechos de los que ya tienen empleo y seguridades, y rechazan reformas que posibiliten, con mayor flexibilidad, la creación de puestos de trabajo.
UGT y CC OO tienen por norma imponer su “mala leche y su cabreo” a todos los Gobiernos y a todos sus presidentes. Atizaron huelgas a González (1994) y a Aznar (2002) logrando en ambos casos que decayesen las muy modestas reformas que introdujeron. Ahora creen que las condiciones son similares para avasallar a un Zapatero con el que han trabajado en alegre y cómplice camaradería. Pero hay dos diferencias muy importantes: la primera es que la sociedad española -también de mala leche y cabreada- percibe con nitidez la necesidad de la reforma del mercado de trabajo y la desea para aliviarse del fortísimo desempleo que le aqueja; la segunda, es que Zapatero no aborda esta reforma por su deseo o convicción, sino mandatado con “urgencia y radicalidad” por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, de tal manera que actúa sin margen, porque el escenario socio-económico español está intervenido por las instancias comunitarias y por Alemania, situación a la que ha llegado por sus inmensos y continuados errores de los que son partícipes, precisamente, las Centrales Sindicales.
Cuídense UGT y CC OO de repetir el desastroso desafío que en los finales de los años setenta protagonizaron las Trade Unions británicas porque si lo hacen y, en plena recesión, introducen al país en una huelga general al estilo tercermundista quizás estén escribiendo un epitafio que se demora en exceso en nuestra democracia. Méndez y Toxo debería olfatear que su forma de estar en la política y la sociedad española; el modo de relacionarse con ella -expresiones como la del secretario general de UGT que encabezan esta crónica son muy ilustrativas al respecto- y los procedimientos con los que tratan de contrarrestar los legítimos mandatos del Gobierno y del Congreso, están fuera de la realidad de una España que deambula bajo la atenta mirada de la Unión Europea y sometida a la presión de unos mercados que requieren, no sólo legislaciones laborales flexibles y acordes con los tiempos, sino también sindicatos actualizados que abandonen de una vez el radicalismo izquierdista de los años sesenta y levanten su hermética fiscalización sobre trabajadores y empresarios. Y si no lo hacen por las buenas, terminarán haciéndolo por las malas. Como en el Reino Unido en la década de los ochenta. Por mucha mala leche que les cante o por muy cabreados que estén.
Ante la posibilidad de reducción de subvenciones hay que diversificar las fuentes de ingresos.
CGT parece creer que han encontrado una nueva fuente de ingresos:
CGT denuncia que CC.OO y UGT cobran "honorarios" a las empresas por cada trabajador afectado por EREs
CCOO y UGT sacan beneficios económicos de los expedientes de regulacion de empleo. Es al menos lo que afirma CGT, que califica las practicas de los sindicatos mayoritarios frente a la crisis como vergonzante. Les acusa de beneficiarse con cada despido masivo que se produce en las empresas por la crisis.
Ganancias de hasta 13.000 euros por la negociación de un Expediente de Regulación de Empleo (ERE).
Algo vergonzoso para el sindicato CGT que acusa a Comisiones Obreras y a la Unión General de Trabajadores de ser los principales beneficiarios de la crisis. Sergio Carvajal, secretario de comunicacion de CGT, afirma que "los sindicatos mayoritarios en este país, CC.OO. y UGT, también salen beneficiados de estos ERS, no sólo las empresas con el tema de los despidos".
Como consta en el acta final del ERE de una cadena de electrodomésticos, cada sindicato CC.OO. y UGT, recibió de la empresa 6.500 euros en concepto de honorarios. 136 euros de media, por cada uno de los 35 trabajadores despedidos. "Se ha desmostrado en actas como esta, que cada uno de esos sindicatos mayoritarios reciben por parte de la empresa una serie de gratificaciones en forma de honorarios por cada uno de los despidos, en concepto de asesoramiento sindical en estos conflictos", señala Carvajal.
Una cantidad que, segun UGT, sirve para cubrir los gastos de los no afiliados y que se viene a sumar a las subvenciones que los sindicatos cobran de los Presupuestos Generales del Estado.
CC.OO. y UGT obtuvieron más de 6 millones de euros cada uno el pasado año, procedentes de los Presupuestos del Estado.
CGT relaciona el alto grado de acuerdo en la negociación de ERES en España, el 90%, con las cantidades que las empresas abonan a los sindicatos.
Si no hacen nada, menos todavía quiero decir, sus bases (supercincuentones con 25 años de media en empresa) les van a dejar tan sólos como los jóvenes que encadenan empleos precarios. Sus prevendas peligran.
Si hacen algo, debilitarán al PPSOE para que entre el PPSOE. Cosa que en la práctica es exactamente igual pero que en las formas será diferente y tendrán que currar más haciendo ver lo en desacuerdo que están con sus políticas entre mariscada y mariscada.
Total, que se acabó la golden wave y con ello los tiempos de vino, rosas y gambones a la plancha. Y los líderes síndicales actuales llevan demasiado tiempo acostumbrados a los tiempos, cito a perroflauta porque me ha encantado, de las vacas crediticiamente gordas como para recordar que leches hicieron en los altos hornos de Euskalduna cuando les privaron del pan para sus hijos.
Y no me veo a los Toxo o Méndez liderando al ejército de parados, a las miríadas de precarios, a los funcis deflacionados, a los pensionistas congelados, etc. Y es triste porque por el otro lado la patronal, los mercados, los bancos y los políticos lo saben y no van a dejar a títere con cabeza.
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