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| Que gustazo de artículo ![]() Una propuesta modesta La incompetencia de los políticos se está propagando más incluso que los robos en los supermercados. Personal de seguridad, video cámaras y chips pitan cuando el producto no ha pasado por caja, pueden acorralar a los asaltantes de las estanterías, pero ¿qué hacer con los políticos que se muestran incapaces de estar a la altura de las circunstancias? Según la última encuesta del CIS, a los españoles les preocupa más la clase política que los inmigrantes, los terroristas y los cacos que crean inseguridad en las calles, las casas y los comercios. El desprecio hacia los partidos políticos y la envidia por sus prebendas, sueldos, largas vacaciones y doradas jubilaciones se extiende por toda Europa. La deriva antisistema de la bronca en Grecia es un aviso a navegantes. Aquí, donde ha cundido un profundo pesimismo, el enfado subió de registro cuando al ministro de Trabajo se le ocurrió la brillante idea de recomendar la inversión en planes de pensiones privados a los ciudadanos de un país con cuatro millones de desempleados y con un paro juvenil que supera el 40%. En 1973, en el que sería el último gobierno que presidió el almirante Carrero Blanco, un efímero ministro de Educación llamado Julio Rodríguez tuvo la ocurrencia de proponer el “calendario juliano”, según el cual el curso académico se inauguraba en enero. Fue un disparate que indicaba fehacientemente donde había llegado la sapiencia de los dirigentes del tardofranquismo. Una clase política sobra cuando desciende a tales niveles. Salvando a cuatro que pilotaron la Transición hacia la monarquía parlamentaria y deshicieron eficazmente la dictadura, los políticos del régimen desaparecieron. Hoy sobran muchos que ejercen el poder en la ‘tardatransición’. ¿Qué hacer, por lo tanto, con estos políticos? Hace más de medio siglo, y al año de publicar Retorno a Brideshead, el novelista Evelyn Waugh escribió un ensayo que tituló What to do with the upper classes, en cual se entretuvo con fórmulas para sacar provecho a la acomodada clase inglesa, que tenía ya poco uso en la igualitaria sociedad de la posguerra. Los aristocráticos terratenientes sobraban. Waugh escribía como los ángeles, empleaba el humor negro como pocos y tenía una admiración sin límites por las upper classes cuyo tránsito relató en esa preciosa obra elegíaca que fue Brideshead. En el ensayo describió a la aristocracia como el “único producto acabado de la cultura inglesa” y contó cómo los nuevos ricos de todo el mundo intentaban, sin éxito, claro, imitar los modales del milord inglés. Waugh sugirió que lo que se podía hacer con esta noble clase que ya sobraba era reunirla en los barrios elegantes de Londres, protegidos por muros a modo de un zoco, y utilizarla como reclamo turístico. Waugh explicó que su ensayo era una Modesta Propuesta, siendo éste el título de una pieza satírica emblemática en la literatura inglesa. El irlandés Jonathan Swift, autor de Los viajes de Gulliver, escribió en 1729 un salvaje panfleto llamado A Modest Proposal, que azuza la conciencia del lector y le revuelve las tripas. Su propuesta fue que los niños de las familias pobres en Irlanda fuesen vendidos por sus hambrientos padres, sacrificados y servidos cual cochinillo asado en las mesas de los pudientes. Esta ‘solución’ –se aliviaba la carga de los mendigos, se enriquecían los comerciantes y comían todavía mejor los ricos– fue su furiosa protesta, envuelta en fina ironía, ante las terribles desgracias que sufría la población católica irlandesa en manos de los codiciosos colonos protestantes llegados de Inglaterra. Creciente déficit democrática No tiene ningún sentido recluir a los políticos actuales en un parque temático, porque nadie tiene el más mínimo interés en presenciar sus diálogos de sordos y escuchar los insultos que se intercambian. ¿Y quién va a pagar por zamparse un diputado en el asador segoviano de turno? Entonces, ¿qué hacer con los políticos? Sátiras al margen, se ha de reflexionar sobre el creciente déficit democrático que han producido los aparatos de los partidos que, a base de avales, férreamente controlan los congresos de su militancia, y el sistema electoral de listas cerradas y bloqueadas. Salvo la clase política, todo el mundo sabe que la partitocracia premia su mediocridad. Lo que los anglosajones llaman accountability es nulo. Ante el galopante descrédito de los políticos, se impone una seria apertura del sistema político. Sin embargo, ésta no es una Propuesta Modesta. Enlace. |
| Estos usuarios dan las gracias a El río de la vida por su mensaje: | ||
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| No, no estarán formados. Pero para eso no hay ir al futuro, sólo hay que ver los estudios superiores cursados por cualquier ministro de trabajo... |
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