Europa en la picota o la paradoja de los CDS - VALOR AÑADIDO - Cotizalia.com
2009 ha sido, desde mi modesto punto de vista, el año de la ruptura definitiva entre la economía financiera y la productiva. De hecho, si algo ha quedado claro es que, al menos para los guardianes de los presupuestos y los tipos de interés, y salvo contadas excepciones en el mundo desarrollado, la primera importa más que la segunda. Gran parte de las actuaciones que han realizado desde el inicio de la crisis han ido encaminadas a salvar, directa o indirectamente, al sistema bancario y sus adyacentes. La paradoja descansa en que tales acciones han sido acometidas con recursos privados generados en la actividad real, ahorro e impuestos, cuyos agentes no han visto contraprestación en forma de circulación de crédito o creación estructural de puestos de trabajo. Eso sí, los mercados dirección norte desde marzo tanto en acciones como en deuda, que de bien nacidos es ser agradecidos y hay que aprovechar mientras dure la ausencia de conciencia de la ciudadanía sobre lo que aquí ha ocurrido. Si algo demostró agosto de 2007 es que, antes o después, la realidad a pie de calle importa y el ajuste, cuando llega, deja cadáveres por el camino.
Hemos llegado a un punto en el que cualquier lógica es sistemáticamente ignorada bajo la premisa de que siga la fiesta. Los argumentos no importan y priman los eventos, la realidad. Y ésta es innegable: subidas históricas y sin comparable alguno en la historia moderna de las finanzas en los últimos once meses. Sin embargo hemos llegado a un punto peligroso, puesto de manifiesto ayer por gran parte de la prensa anglosajona, y que se deriva de un acontecimiento excepcional, a saber: el precio que atribuyen los inversores al riesgo conjunto de impago de 125 de las principales compañías europeas solventes, medido en términos del iTraxx Europe a 5 años, es menor (63.000 dólares por cada 10 millones de deuda) que el que aplican a quince de sus economías (71.500) -referencia, el SoVx de Markit al mismo plazo-. Es decir, resulta más barato cubrirse contra la posibilidad de que Europa en su conjunto pete que frente a que lo haga una muestra sustancial de sus firmas cotizadas. Toma ya.
Una paradoja que se deriva de un hecho cierto. El coste de financiación de cualquier empresa se compone de una parte fija, que es la referencia bancaria utilizada, más un diferencial específico que le resulta de aplicación. En la determinación de este último se suman elementos como la tasa libre de riesgo del país en el que desempeña su actividad más una prima que resulta de sus circunstancias individuales. Ambos factores deberían incorporar el riesgo de default colectivo e particular, respectivamente. No es excepcional, especialmente en las naciones emergentes, que una sociedad disfrute de un diferencial mejor que el de su gobierno de turno a consecuencia de una buena diversificación internacional o de un posicionamiento de producto envidiable que le garantiza una estabilidad en su generación de flujos de caja, por poner dos ejemplos obvios. Sin embargo sí que es una anomalía que el concepto de Europa como tal sea percibido como más peligroso que el de los agentes económicos que la integran, gran parte de los cuales realizan la mayor parte de su actividad en su territorio. Algo falla.
Alguno podrá argumentar, no sin razón, que no hay track record suficiente en los Credit Default Swaps o CDS como para alarmarse, que la referencia utilizada carece de la liquidez suficiente o está mal construida toda vez que, en ambos índices, no hay ponderación por tamaño y se atribuye un peso igual a las compañías y países que las integran. El repunte bestial de los CDS de Grecia justificaría, al menos en parte, el fuerte rebote del indicador soberano europeo. Un impacto al que contribuiría igualmente su mayor peso específico dentro del selectivo, equivalente a 8 veces el de cualquier empresa en el suyo. Sin embargo no dejemos que las ramas no nos dejen ver el bosque. Si los gobiernos no cumplen con sus obligaciones por carecer de recursos para ello, la solución -perdonen que sea pesado en este punto que ha aparecido en varios de los últimos posts- pasa por un mayor esfuerzo del sector privado de la economía, bien por acción, a través del pago de mayores impuestos, o por omisión, con una contracción del estado del bienestar que, a su vez, puede generar desconfianza. Y eso impactará de forma directa o indirecta a su tejido industrial. No nos engañemos. De ahí lo extravagante de lo que está pasando.
De hecho el SoVx -que incluye naciones no pertenecientes a la UE 27 como Noruega y otros que no han adoptado el euro como Reino Unido- refleja una realidad incuestionable: el riesgo individual de cada miembro de la UEM tiene trascendencia para el conjunto de los países que la integran de forma tal que, en caso de producirse finalmente un quebranto, tendría impacto sobre el propio Tratado de la Unión, su viabilidad y su futuro, disparando la incertidumbre. De ahí que no sea tan disparatado asimilar el potencial impago de, por ejemplo, Grecia, al resto de sus compañeros de viaje en el sueño europeo. No en vano, el BCE ya ha preparado un documento legal, de imprescindible lectura, sobre la viabilidad de una separación pactada o una expulsión unilateral de un estado miembro de la Unión. Y es que cuando el río suena… Pero nada. Aquí no pasa nada. Es jueves y estrenamos diseño. A disfrutar de la vida.