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| Desde 2007, año en que comenzó la crisis, hasta finales de 2009, los los contratos fijos se han reducido un 41% mientras que los eventuales han descendido un 22,5%. La recesión también se ha cebado con la contratación. Los datos lo dicen todo: durante los dos últimos años, las empresas han hecho 4,6 millones de contratos menos. De esta forma, el volumen de contratos ha caído a tasas de 2001, poco más de 14 millones de contratos, un 25% menos que hace dos años. El ajuste en la contratación se agudizó durante el año pasado a pesar de que en este ejercicio se destruyeron menos puestos de trabajo que en el anterior y que el paro tuvo un menor crecimiento. Así, si en 2008 se realizaron dos millones de contratos menos que en el año precedente, en 2009 se han sumado otros 2,6 millones. Si 2007 finalizó con 2,2 millones de nuevos empleados fijos, ahora sólo se producen 1,3 millones. Por tanto, el descenso es de unos 900.000. Y al finalizar 2009 también hay 1,3 millones menos de contratos eventuales que hace dos años (12,7 millones frente a 16,4 millones). Los datos confirman que apenas hay empleo ahora y que el que se produce, es sólo esporádico y estacional. De la información facilitada por el Instituto Nacional de Empleo (Inem), correspondiente al pasado mes de diciembre, se observa que la escasa actividad en el sector servicios (por ejemplo con ocasión de la campaña navideña), y en menor medida en la agricultura (recogida de la aceituna), son los causantes del repunte de la contratación temporal, después de un año largo de continuas caídas. El empleo eventual creció en diciembre un 3,67% en tasa anual, la mitad prácticamente que en el mes anterior, que fue cuando comenzó a percibirse un cambio en esta modalidad. Sin embargo, en el acumulado del año (en los 12 meses) se hicieron un 13,53% menos de contratos eventuales que en 2008. Mientras, la contratación indefinida decreció un 16,72% y un 20,10% en relación al mes anterior, lo que demuestra que las empresas no ofrecen ahora trabajo estable. En el acumulado, los fijos descendieron un 31,02%. De esta forma, sigue aumentando la proporción de contratos temporales respecto a los fijos. Si hace dos años, de cada 100 contrataciones que se realizaban, casi 12 eran fijas y 88 temporales, la relación actual es de nueve fijos y 91 eventuales. Pero esta cifra es una media. En el detalle de diciembre se observa que esa brecha sigue agrandándose ya que en este mes se hicieron casi 93 eventuales por tanto sólo siete fijos. Dentro de los temporales también se comprueba que aumentan los que se realizan a tiempo parcial (por horas), que hay una mayor rotación y que se emplean sobre todo para los colectivos más jóvenes. Por ejemplo, los de jornada parcial aumentaron en 2009 un 6,85%, frente al 2,49% de los formulados a jornada completa. También crece el número de personas contratadas por tipo de contrato eventual. Así, en diciembre se hicieron 1.051.738 contratos para 795.565 personas, es decir, la media de 1,32 trabajadores por cada contrato. Este porcentaje se eleva al 1,47% en el de interinidad ya que se formularon 130.718 contratos para 88.917 personas. En cuanto a la contratación indefinida, apenas hay posibilidades para los trabajadores. En diciembre (también en agosto) se registró el volumen más bajo de los últimos ocho años. Sólo se realizaron 85.827 contratos. De esta cifra, 24.339 eran eventuales que fueron convertido en fijos (con bonificación). La mayoría proceden del sector servicios. Por tanto, no proceden de una acción directa de las empresas de contratar empleo fijo. Por edad y sexo, en diciembre sólo hicieron 15.255 contratos fijos nuevos a menores de 25 años (un 18% menos) y 14.709 a mayores de 44 años (un 22% menos). El 53% de esos 85.827 contratados fueron hombres. El Mundo vía epesimo
__________________ El Gobierno tiene dos opciones: reducir su abultado gasto o robar al ciudadano. Evidentemente, la segunda opción siempre es la preferida de cualquier Gobierno |
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| nada nada, hay que flexibilizar que esto no puede ser. El año que viene el objetivo son 0 contratos indefinidos. Edito: Esto es lo que proponen los ppsoe para salir de la crisis en 2 días, no?
__________________ "Cuando las cosas vienen putas las verdades absolutas tienden a proliferar" Desakordes Enviado desde mi Telesketch. |
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| Hombre, con la cantidad de EREs que se consolidaron en 2009, me gustaría saber cuántos contratos relevo se firmaron, que se consideran temporales pero están bonificados, y no son temporales al uso de lo que estamos acostumbrados. |
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| Como se flexibilice un poco mas el empleo va a quedar asi
__________________ ![]() La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión ( aunque vamos camino de arreglarlo... ). |
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| La tormenta perfecta Como todos ustedes sospechan, el problema de nuestro mercado de trabajo está en la temporalidad. Más del 90% de los empleos destruidos en 2009 eran temporales. Y de cada 100 contratos nuevos, 93 son temporales. Por eso, no es extraño que Mariano Rajoy se mojara por primera vez y reconociera ayer a este diario que apoya «un contrato con menor indemnización siempre que se vincule a más estabilidad». Se equivocan los que acusan demagógicamente a Rajoy de neoliberal. El líder del PP no es para nada partidario del despido libre. De hecho, ese no es más que un tonto eslogan sindical. El despido libre ya existe desde que llegó la democracia. Puede costarle más caro o menos a la empresa, pero existe. Los altos directivos, por ejemplo, que no están sujetos al famoso Estatuto de los Trabajadores, pueden ser despedidos libremente, aunque pueden costar cientos de miles de euros. Si un empleado faltón le cae mal al empresario le va a costar 45 días por año trabajado a su jefe con un máximo de 42 meses si es del régimen antiguo, y 33 días por año (con un máximo de 24 mensualidades) si es del reformado en 1997, o sea de «fomento del empleo». Y si tiene un contrato temporal, le costará ocho días como media. Lo que no hay aquí es despido barato. Despedir -una opción que no gusta a nadie- cuesta el triple en España que en Francia y un 40% más que en Alemania (y eso que nuestros salarios son más bajos). También nuestro impuesto de sociedades es más alto y nuestras cotizaciones sociales. En fin, que hemos ideado una «tormenta perfecta» en el mercado laboral. Para nada es atendible la queja de que en Dinamarca o Alemania los sueldos son más altos. ¡Es que España no es Dinamarca ni Alemania! Y no sólo por sus políticos o periodistas. También nuestros recursos naturales, la historia y las costumbres marcan la diferencia. El problema, como decíamos, es la temporalidad. O sea, que nuestro contrato no dura lo que nos gustaría. Lo indefinido y lo fijo no son conquistas de la democracia, sino herencia de una dictadura paternalista que data de decretos dictados en enero y marzo de 1944. Y ahí ha cuajado, como una anomalía entendida como garantía del trabajador, el concepto de contrato indefinido que muchos creen sinónimo de contrato infinito, pero que sólo es, por simple oposición, un acuerdo diferenciador del contrato temporal que contempla expresamente una fecha de término. La fijeza es un concepto que ya llevamos en los huesos. Hace años, Rafael Termes, presidente de la Asociación Española de Banca (AEB), reclamaba el despido libre en una conferencia de prensa y nuestro redactor Francisco Núñez le preguntó si él «le concedería un crédito a un empleado sin nómina fija». Termes se quedó cortado y contestó que «realmente, no». Y es que nuestro sistema económico gira en torno al concepto del contrato indefinido o fijo. Las cuentas bancarias, los alquileres, los créditos. Todo está supeditado a ello. Hoy, los empresarios ni siquiera discriminan entre el contrato con indemnización de 45 días o el de «fomento del empleo» de 33 días. De hecho, muchos, para ahorrarse el papeleo del de «fomento de empleo», prefieren el contrato fijo de toda la vida. Nuestro gran problema es que hemos traicionado el aforismo romano de dura lex, sed lex y eso nos ha llevado a un sistema laboral mercantilista, plagado de privilegios, de fueros y de regalías para unos, y de desincentivos para otros. Eso, en parte, es lo que se llama la dualidad de nuestro mercado laboral con la que todos, incluido Zapatero, dicen que quieren acabar. Que cuatro millones de españoles gocen de contratos del sistema antiguo (45 días de indemnización), que otros cuatro gocen del reformado (33 días) y que entre seis y ocho millones estén en el temporal no guarda ninguna lógica. Tres tipos de ciudadanos, con distintos derechos, conviviendo en un mismo sistema político, me provoca inquietud. Y eso sin contar a los autónomos, a los altos ejecutivos que pactan sus propias condiciones (en razón de su valía profesional) y a los tres millones de funcionarios de las distintas administraciones que gozan de empleo vitalicio e inamovilidad. Una de las respuestas que más desasosiego me causó en nuestra última encuesta fue la siguiente: «¿Estaría Ud. de acuerdo con se abaratara el despido si esto estimulara a los empresarios a crear más empleo?». Un 65% dijo que no, un 28% que sí. La pregunta no era confusa. De hecho, sólo un 6,2% respondió «no sabe / no contesta». Por ideología, los votantes del PP eran los que más divididos se presentaban ante la cuestión. En el PSOE y en IU, por ejemplo, la mayoría estaba en contra. Pero la diferencia más grande aparecía al considerar los tramos de edad: los mayores de 65 y más años eran los que con gran diferencia -seguidos de los jóvenes de 18 a 29 años- se sentían partidarios de abaratar el despido a cambio de crear más empleos. Esta es una visión muy desconsoladora de cómo este país entiende la solidaridad (un valor socialista) y una perspectiva muy estimulante de que Adam Smith (un campeón liberal) podría tener razón: «No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés». Ahora lo que falta es poner ese interés a trabajar por el bien común. john.muller@elmundo.es El Mundo vía epesimo
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