Hasta el 31 de octubre, España había emitido deuda por valor de 97.300 millones, muy por encima de los 29.000 millones presupuestados para este ejercicio. La deuda en circulación del Reino de España se sitúa actualmente en 455.947 millones, 100.000 millones más que en el mismo mes de 2008.
Esto quiere decir que España ha emitido muchos más bonos, letras y obligaciones de los que han ido venciendo, debido a las necesidades para financiar el tremendo déficit del Estado, que ha aumentado peligrosamente hasta el 5,6% del PIB. Para el próximo ejercicio los gastos financieros de esta deuda, es decir, el pago de intereses, supondrán un coste para las arcas públicas de 20.000 millones de euros.
Las enormes necesidades de financiación del Estado amenazan con disparar la proporción entre deuda y PIB hasta el 96% en 2013, según la OCDE. No será el país con mayor nivel de deuda, pero sí uno de los que más habrán disparado esta ratio, que en 2006 estaba por debajo del 40%.
Pero lo cierto es que el Tesoro no ha encontrado dificultad alguna para colocar sus bonos. Los bancos españoles son los principales acreedores del Estado, ya que acaparan prácticamente la mitad de la deuda pública que se ha emitido este año. A octubre de 2009, las entidades financieras tenían 140.011 millones de euros en bonos letras y obligaciones a vencimiento.
El fin de la barra libre
A los bancos y cajas les ha salido especialmente rentable comprar deuda pública, ya que sirve como garantía para acceder a las subastas de liquidez del BCE, además de que permitían a las entidades obtener unos altos márgenes por operaciones financieras que poco (o nada) tienen que ver con dar créditos al sector privado. Sin embargo, ahora que este tipo de operaciones, tal y como anunció Jean-Claude Trichet esta semana, van a ir reduciéndose, la compra de títulos públicos podría decrecer.
Además, «la menor aversión al riesgo, la mayor competencia entre emisores y cualquier subida de la rentabilidad provocará una caída de los precios que puede afectar a algunas entidades con gran exposición a este tipo de activos», dice Gregorio Izquierdo, director del Servicio de Estudios del Instituto de Estudios Económicos (IEE).
Otro de los grandes financiadores del Reino de España ha sido tradicionalmente Francia, que ha aumentado su exposición a la deuda pública hasta algo más del 25% de los inversores catalogados como «no residentes». Aunque el mayor incremento ha sido el de los países asiáticos (cuya inversión se ha duplicado en un año) después del road show que llevó a cabo el Tesoro por estos países.
Pero, aunque España no ha tenido problemas para colocar su deuda, todo tiene un límite. Por eso, para captar la atención de los inversores, los estados tendrán que ofrecer mayores rentabilidades. Además deberán hacer frente a primas de riesgo más altas en algunos países, como España, donde el diferencial de su bono a 10 años con respecto al alemán ha aumentado hasta el medio punto, por encima incluso de los bonos portugueses.
«El elevado déficit público no pasa desapercibido para los inversores, y eso tendrá un alto coste de financiación para los países que no cumplan el Pacto de Estabilidad y Crecimiento», dijo José Manuel González-Páramo, del BCE, recientemente a MERCADOS.
España, en manos de China y la banca / EL MUNDO