Os voy a contar una historia de un bonito pueblo del norte de la provincia de Granada, La Puebla de Don Fadrique (en la foto). Es posible que a alguna de las personas que leen este blog les suene el lugar por un feo asunto de armas de fuego, un perro, el alcalde y un guardia municipal ( por si os interesa
El alcalde de Don Fadrique, acusado de matar a un perro - Comarcas - La Opinión de Granada), pero a mí si me dicen “La puebla de Don Fadrique”, pienso en Manuel.
Mi amigo Manuel es una persona como tú, al que un buen día se le ocurrió que sus convecinos tenían derecho a enterarse de ciertas cosas, y que para más inri, cometió el error de leer la Constitución Española… y creérsela. Convencido de que tenía derecho a la libertad de expresión, derecho a comunicar y derecho a no ser perseguido por ello, se puso a hablar en los micrófonos de la emisora comunitaria del pueblo, Radio Picaza.
De demócratas anda el mundo sobrado, y el norte de Granada no iba a ser una excepción. Manuel debió pisar algún callo sensible desde las modestas ondas de Radio Picaza, y en el Consistorio, ya que le han cogido gusto al gatillo, se decidió que el picazear se iba a acabar por lo civil o por lo criminal. Ni corto ni perezoso, el Excelentísimo Ayuntamiento de la Puebla de Don Fadrique puso en conocimiento de la autoridad competente que tenía un vecino que andaba por ahí ejerciendo sus derechos constitucionales sin licencia y que a ver donde íbamos a ir a parar, que uno empieza así y acaba como Iñaki Gabilondo o , dios no lo permita, como Woodward y Bernstein. Vamos, que se le torció el socialismo al bueno del señor alcalde.
El primer problema es que no había forma de relacionar a mi amigo Manuel con Radio Picaza, pero eso lo arreglaron rápido con uno de los documentos más abyectos que mis ojos hayan visto en los últimos tiempos. En él, la Teniente de Alcalde, Rosa María Fernández Beteta decía, que tras hacer “las averiguaciones oportunas”, había llegado a la conclusión de que en casa de Manuel había una “radio clandestina” de la que él era el responsable. Yo me pregunto ¿hasta que punto asiste el derecho a una autoridad civil para “hacer averiguaciones” sobre una persona que no está acusada ni es sospechosa de haber cometido ningún delito, sin mediar autorización judicial?, pues hasta ninguno. Pero algunos políticos tienen sus reglas, y la primera de ellas es que pretenden estar por encima de las reglas. En este texto, la edil abogaba por la clausura de la emisora. Esto es, el interés estaba claro, silenciar Radio Picaza sin juez ni jurado.
Me gustaría pasar, aunque sea de puntillas, por el concepto risible de “radio clandestina”. Muy clandestina no será cuando los vecinos de La Puebla de Don Fadrique la escuchan, hasta el punto de que llegue a desencadenarse una persecución personal de esta magnitud. Un medio de comunicación no tiende a mantenerse en secreto mucho rato , tal vez sea porque precisamente la función de los medios es comunicar y tener incidencia social, cosa que en los países democráticos suele ser defendido por las autoridades en tanto que son servidores públicos obligados a defender los derechos de los ciudadanos. Por lo visto, Spain sigue siendo different en muchas cosas.
Curiosamente la Dirección General de Comunicación Social de la Junta de Andalucía, que se caracteríza por sus reflejos tectónicos en la defensa de los derechos constitucionales del artículo 21, como bien saben los medios comunitarios andaluces , tardó solo ¡13 días! en abrir expediente sancionador al bueno de Manuel por ser el titular de (atención a la terminología) la
cadena que emitía en la Puebla de Don Fadrique (corta cadena) bajo el
nombre comercial (¿perdón?, ¿seguimos sin asimilar el concepto “sin ánimo de lucro” en el siglo XXI?) de Radio Picaza, y en ¡un mes y seis días!, ¡y mediando agosto!, lo declararon culpable y le encasquetaron una multa de 100.000 €. No está nada mal para una Dirección General que en su momento demostró no ser capaz de analizar correctamente las premisas más simples en el ámbito de su competencia, como por ejemplo, cuando fué incapaz de descifrar que la retorcida expresión “hasta 1 KW de potencia máxima autorizada” significaba que “las potencias autorizadas son de 0 a 1000 watios”.
Mientras tanto, en Andalucía siguen proliferando por doquier las radios comerciales sin licencia, sin que la Dirección General de Comunicación Social de la Junta de Andalucía haya hecho siquiera ademán de reprenderlas, pero claro, será que no son “clandestinas”, que no abundan los Tenientes de Alcalde con ánimo de hacer las “averiguaciones oportunas”, o que tal vez (permitidme la maldad) no es lo mismo empapelar al bueno de Manuel que a Federico Jiménez Losantos.
Si por un perro que mataron les llamaron mataperros, a saber ahora como habría que llamar a estos cargos electos, que confunden representación con propiedad, disenso con delito, libertad con subversión y autoridad con autoritarismo. Y sobre todo, a ver desde donde habría que llamárselo para que los palmeros de la ciega autoridad competente no corran a multar al osado ciudadano que exprese su descontento con luz y taquígrafos. Empiezo a temer por este blog, ¿seguirá estando aquí mañana?, ¿hasta donde llegarán los tentáculos del alcalde (y concejal de urbanismo) y su tenienta?. Seguiremos informando, si hay suerte y el tiempo acompaña.