Ante las veladas amenazas de rebelión civil del President de la Generalitat de Catalunya —apretado como la tapa de un submarino por la caterva ventrílocua de ERC y ICV— al Tribunal Constitucional, si osa éste tocarle una coma al Estatut de Catalunya; y en especial, si osa suprimir el concepto nación de su Preámbulo, debo recordarle al cordobés José Montilla que:
El Estatut fue aprobado en referéndum sólo por uno de cada tres catalanes, lo que aun siendo un éxito para los corifeos de los partidos —los catalanes son sólo 800.000 exiguas almas, que pesa más la envoltura que la criatura—, no deja de ser un porcentaje mucho menor del 50%,
necesario para, emulando a cualquier parlamento democrático, tener fuerza moral para aprobar nada. Sí, ya sé que hablar de democracia con un partitócrata es como meneársela a un muerto. Y tratándose de Montilla, es además igual de aburrido.
Aunque le resulte amargo como una carqueja, le advertiré al President que si Cataluña se rebela contra el Estado Español, los españoles que vivimos en Cataluña nos rebelaremos contra la Generalitat, y no le pagaremos ni un solo euro más de impuestos, tasas o arbitrios; ni a ella ni a ninguno de los municipios que la conforman. Sin complejos, con toda la fuerza moral del mundo.
Para atajar de raíz los gritos de "¡ácratas, fascistas, peperos!" de los diarreicos boquiculos partidistas, Ácratas declara formalmente que los catalanes tienen el derecho inalienable a constituirse en nación; e incluso a que esa nación se independice de la nación española. Lo decimos muy en serio, y lo defenderemos a muerte, porque somos bastante más demócratas que todos los vociferantes independentistas catalanes juntos.
Pero un derecho no puede convertirse en una obligación, como parece que piensan el Molt Honorable José Montilla y el Parlament en pleno. Así que sólo debieran poder nacionalizarse como catalanes los españoles residentes en Cataluña que así lo desearan. Y hasta independizarse, si les saliera del pífano. A lo que jamás tendrán derecho moral los nacionalistas e independentistas catalanes es a arrastrar al resto de los españoles que viven en Cataluña a cambiar de nacionalidad. Ni de coña. ¡Que parece que tienen menos luces que la lancha del contrabando! ¿Es que no saben que la nacionalidad es uno de los derechos humanos fundamentales que no pueden ser alterados por el poder sin el consentimiento de cada individuo afectado?
Debo también recordar que las naciones las constituyen las personas, y no las piedras, los campos y los ríos; que no es Cataluña la que puede constituirse en nación, sino los catalanes. Del mismo modo, no es España sino los españoles los que constituyen la Nación Española. Por lo tanto, a lo que no tienen derecho los catalanes, una vez independizados como nación, es al antojo de preñada de mellizos de arrancar una parte del territorio español y llevárselo con ellos a ninguna parte. No señor, porque Cataluña lleva a cuestas quinientos años de historia española, y está cuajada de retazos que son propiedad de españoles que no quieren dejar de serlo, y que tienen también una historia vital en Cataluña, ¡y hasta muertos enterrados en sus cementerios! De modo que esa nación catalana, caso de que decidan conformarla sus afectos, deberá compartir el territorio con España desde la Pica de Estats hasta Tortosa.
Eso sí: lo que no tienen por qué compartir los catalanes independizados como nación con España, ni debemos consentirlo los españoles, es la Administración. De modo que esa nación de —pongamos entre catalanes de verdad y charnegos domesticados, ayuntados todos a la mamadurria del funcionariado y el cargo digital— dos millones de súbditos deberá pagar sus impuestos a la Generalitat; y el resto, cinco millones de ciudadanos que no se consideran nacionales catalanes, al Estado Español. Y cada una de esas administraciones deberá desplegar sus propias infraestructuras administrativas, sanitarias, docentes, de orden público, etc. que deberán ser sufragadas por sus ciudadanos respectivos, cada cual mediante sus propios impuestos.
Y como más ablanda el dinero que la palabra de un caballero, lo diré de otro modo: ¿Le gustaría a Montilla ser el President de sólo dos millones de catalanes? ¿Se imagina su merma de poder? ¿Y su nuevo sueldo? Y lo que es aún más espeluznante: ¿Se imagina lo que significa ser verdaderamente responsable de las acciones y omisiones propias de su cargo, sin poderle echar la culpa de todo a España? ¿Le gustaría este rollo al Honorable Montilla?(1)
13 de enero de 2011:
Más de 2 años dando el coñazo en este foro Los liberales
no son subnormales
y sus amiguetes de la casta
nunca pueden perder pasta.