No hay que llevar las cosas hasta esos extremos. Tú dices que yo tengo una paja mental de caballo, y yo creo que tú tienes un "encajonamiento" mental de aupa. Te estás moviendo en sólo dos modelos, y no tienen porque ser los únicos.
En todo seguro hay riesgos que se salen de madre, y esto también está previsto. Para eso está el Consorcio, por ejemplo.
¿Qué mañana alguien tiene un problema médico tan grave que es antirrentable para la compañía de seguros? Bien, pues traslademos tales riesgos al Estado y listo. Pagamos una cuota para cubrir tales contingencias, y para lo demás elegimos.
Por cierto, conozco a una mujer con casi 90 años, que tiempo atrás fue dada de baja en la colaboradora médica de la SS de la empresa de su difunto marido. ¿Crees que la mandaron a la SS tal cual? Pues no, los pasaron a TODOS a un seguro médico privado, que no excluyó a nadie, que no está cobrando cifras abusivas, y te puedes imaginar los achaques y problemas de una persona de esa edad.
Las cosas no tienen por qué ser tan negras como las pintas si se hacen bien. La cosa es muy simple, la sanidad pública, como todo servicio público, es sumamente despilfarrador e ineficiente; una sanidad privada bien montada nos costaría globalmente menos, y podríamos elegir y reclamar.
Además, ¿qué nivel de calidad de servicio esperas que dé la sanidad pública dentro de 20 años, con un elevadísimo porcentaje de población en la ancianidad? Si ahora es deficiente, ¿cómo será para entonces?
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Hay dos posible actitudes ante el propio destino:
1 - Éste depende de nosotros; de lo que hagamos; de lo que aprendamos; de cómo nos relacionemos; de a qué lugares viajemos; de cuanto esfuerzo e interés pongamos, etc.
2 - Éste depende de otros; de que me contraten; de que el Estado me avale mis derechos; de que me den una paguita; de que otros paguen impuestos; etc.
En general la primera actitud demuestra haber llegado al estado adulto y suele dar mejores resultados.