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El potencial de los yacimientos pre-sal en las cuencas de Brasil, el Amazonas, África Occidental, Congo y Golfo de México podría llegar hasta los 500.000 millones de barriles de petróleo, casi un 50% más que los volúmenes que barajan los estudios geológicos más realistas. Este ha sido el mensaje de la keynote que ha cerrado la sesión pre-conferencia de hoy en Denver, Colorado (EE.UU.).
He estado presente en siete de las ocho conferencias internacionales organizadas por ASPO, y sin duda acabo de presenciar la presentación más impactante sobre el cenit del petróleo que nunca haya visto. De hecho, en el día de hoy he tomado más de diez páginas de notas que voy a dejar de lado, de momento, dada la trascendencia de lo escuchado hace apenas unos minutos (la trascendencia, como se verá, tiene múltiples aristas, no solo la que permite adivinar el titular, ciertamente espectacular, en línea con la personalidad del conferenciante).

Acabo de asistir a la presentación que ha ofrecido Marcio Rocha Melo, presidente de HRT Petroleum, una compañía brasileña de servicios de explotación petrolera. Marcio es un geólogo del petróleo que ha trabajado 24 años en Petrobras y es especialista en las cuencas sedimentarias de Brasil, África y toda América Latina. La lista de sus actividades profesionales y académicas es larga e impresionante y entre ellas se puede destacar los diferentes premios que ha recibido de la Asociación Americana de Geologos del Petróleo (AAPG ), sin duda la asociación más prestigiosa de geólogos del petróleo en todo el mundo.

Oficialmente la presentación de Marcio tenía el título de Super Giant Pre-Salt Petroleum Systems Recently Discovered in the Offshore Greater Campos Basin, Brazil. (Sistemas petrolíferos pre-sal super gigantes descubiertos recientemente en la cuenca marina Campos Mayor, Brasil). Sin embargo el título que ha mostrado era otro: “Do you believe in Peak Oil?” (¿Crees en el Cenit del Petróleo?).

La manera más directa y sencilla de presentar a Marcio en escena es decir que actúa como un telepredicador. Despojado de su americana, con un micrófono inalámbrico, moviéndose de un lado para otro por la sala, inquiriendo directamente a los presentes, gesticulando, no ha dejado a nadie indiferente. Marcio, además de un prominente geólogo del petróleo, es un vendedor espectacular. Salpicaba su presentación con constantes alusiones a la primicia que suponía la presentación de sus datos, solo vistos por los ejecutivos de Petrobras y por el presidente Lula, y al hecho que suponían una revolución en el mundo del petróleo. Y eso delante de la audiencia más escéptica que uno puede encontrar: una conferencia, y además en Estados Unidos, de la Asociación para el Estudio del Cenit del Petróleo (ASPO).




Intentaré resumir los aspectos técnicos de su presentación pidiendo perdón de antemano por los posibles errores técnicos que pueda cometer, ya que la velocidad con la que Marcio hablaba e iba pasando las diapositivas y su inglés con fuerte acento brasileño han hecho de la toma de notas un auténtico desafío (incluso nos conminaba a no tomar notas y escuchar).

Para Marcio, el problema de la exploración de petróleo es que no se ha perforado a la suficiente profundidad al mismo tiempo que se ha pasado por alto los yacimientos ultraprofundos situados debajo de capas de sal de hasta 200 m de profundad. Esa combinación, profundad y yacimientos situados bajo la capa de sal es lo que caracterizan a una serie de cuencas sedimentarias hasta ahora poco exploradas y que para Marcio forman parte de un único sistema petrolero supergigante que va desde el Golfo de México en el oeste hasta el Congo en el este.

Las primeras exploraciones exitosas que demostrarían la realidad de estas cuencas son las ya conocidas de Tupi, frente a las costas brasileñas. Estas contienen petróleo ligero (de 31 a 37º API) con muy poco azufre, de origen lacustre y formadas en yacimientos carboníferos situados bajo una capa de sal y que se extienden por más de 1.000 km desde las cuencas marinas de Santos hasta las de Espirito Santo. Las condiciones físicas de estos yacimientos son únicas y les habrían permitido preservar la porosidad (y por tanto la facilidad con la que fluiría el petróleo) en condiciones de gran profundidad (más de 5.000 m). La capa de sal que hace de trampa para el petróleo de estos yacimientos habría actuado como elemento preservante óptimo.

Según Marcio la física de estos yacimientos sería la misma a ambos lados del atlántico, ya que de hecho, se formaron cuando los continentes de África y América estaban mucho más cerca uno de otro formando un ambiente lacustre poco profundo ideal para la formación de una cuenca sedimentaria. Este sistema petrolero, de más de 2.000 km de extensión, quedó sellado por una capa de sal de 200 metros, y según los trabajos de HRT Petroleum, bajo esta trampa que mantuvo el petróleo atrapado existe un estrato empapado en petróleo de más de 400 metros de profundidad.

Como resultado, el descubrimiento de Tupi sería tan solo una de estas acumulaciones que en su totalidad contendrían hasta 130.000 millones de barriles de petróleo. Pero Marcio no se detiene ahí. Sumando el petróleo con las mismas características que existe en el Golfo de México, el Amazonas, las costas de África Occidental y el Congo, se podrían recuperar 500.000 millones de barriles de petróleo (ASPO cifra las reservas convencionales restantes en casi 900.000 millones de barriles).

Llegados a este punto, hay que detenerse un momento para analizar lo que dice Marcio y el impacto que puede tener sobre el cenit del petróleo. A pesar de la retórica de Marcio, en un tono más bajo, acaba su explosiva presentación diciendo que esto nos permitiría “ganar tiempo” y posponer el cenit del petróleo (unos 15 años, contando con que la demanda no creciese y todo el petróleo fuese recuperable técnica y económicamente).

Otra cuestión importante, que es uno de los factores más importantes del cenit del petróleo es el ritmo al que las reservas se van convirtiendo en flujos de petróleo que llegan al mercado. Los yacimientos recientemente descubiertos en Brasil no se prevé que empiecen a fluir a las refinerías hasta 2020, y entonces lo harían a un ritmo de 1 millón de barriles diarios (teniendo en cuenta que para ese momento el resto de producción actual de Brasil habrá caído y por tanto parte de ese flujo irá a compensar lo perdido por el agotamiento).

Los costes (cada pozo exploratorio en Tupi puede costar hasta 80 millones de dólares) son otro problema, especialmente en un entorno de alta volatilidad de los precios derivado de la precaria situación económica mundial. Los desafíos tecnológicos tampoco son pequeños. El mismo Marcio, que ante todo es un gran comercial de la empresa de servicios de exploración que preside así lo ha reconocido, afirmando que si dependiese de él, abriría los campos petrolíferos marinos pre-sal brasileños a “todas las compañías petroleras del mundo”. La capa de sal que tan bien ha preservado el petróleo tiene unas propiedades a esas profundidades que puede poner en peligro la integridad de las perforaciones.

Tampoco puede dejarnos indiferentes la idea de abrir a la explotación el Amazonas o el “patio trasero” de Estados Unidos, refiriéndose al Golfo de México (expresión que parece lógica para un comercial sin muchos escrúpulos frente a una audiencia eminentemente estadounidense y que recuerda a nefastas épocas pasadas de la política imperialista de Estados Unidos en Latino-américa). Personalmente no he podido dejar de estremecerme ante la manera, obscena, esa es mi impresión personal, en que Marcio hablaba de la facilidad con que se podrían cargar (más, muchos más) petroleros en el Amazonas para servir el petróleo en Miami.

Por último, las conclusiones a las que llega Marcio son fruto más de la aplicación de modelos que de pozos exploratorios (especialmente fuera de lo que ya se ha descubierto frente a las costas brasileñas), y por tanto existe un margen de error que no se debe despreciar.

El cenit del petróleo, es lo que he aprendido en casi diez años de investigación informal, no es un asunto principalmente de reservas. Es más bien un asunto de llegar a tiempo a las exigencias de la demanda, superando obstáculos no solo de carácter geológico, sino económico e incluso político, para vencer a la incansable pérdida de capacidad productiva por agotamiento. De convertirse realmente en flujos comerciales de petróleo, las reservas anunciadas por Marcio deberían compensar adecuadamente los incrementos de demanda de petróleo futuros y la caída de la capacidad de producción por agotamiento. Y hacerlo a un precio que no dé el empujón final al precipicio económico que supusieron los 147$/barril de julio de 2008. Y por supuesto, la tasa de retorno energético del petróleo pre-sal debe ser suficiente para justificar la inversión.

Pero lo que he escuchado esta tarde supone también un aviso para todos aquellos que siguen la polémica acerca del cenit del petróleo. Debería servir de vacuna frente al “pensamiento de grupo” y a la mala costumbre de seleccionar solo los datos que confirman nuestros prejuicios, males que también afectan nos afectan a los “peakoilers”.

Marcio Rocha Mello es todo un hombre de negocios. Pero también es un hombre que se respeta a sí mismo como científico. Por eso, cuando en el brevísimo turno de preguntas el bueno de Charles Hall se ha levantado para preguntar por la TRE del petróleo pre-sal (los que conozcan a Hall se podrán imaginar la escena), Marcio no se ha arrugado, y se ha comprometido ante toda la audiencia a escribir junto a Hall un ensayo acerca de la TRE de ese petróleo, de manera que ambos puedan “aprender uno del otro, porque el antagonismo bien entendido implica respeto”. Y el ensayo lo presentarán en la próxima conferencia de ASPO, con lo que ya se ha asegurado un puesto de conferenciante (¿he dicho ya que como comercial este hombre es una máquina?).

Mientras tanto, y nada más acabar su presentación, un enjambre de inversores en energía ha rodeado a Marcio, quién desde luego, ha hecho un trabajo comercial impecable. El tiempo dirá lo que dará de sí este “descubrimiento”, que de momento ha servido para no caer en la complacencia y estar dispuesto a cambiar de parecer frente a la luz de nuevos datos.


Aquí yo veo al tiempo de puesta en producción de los pozos, haciendo de burbuja de aire que impide que el combustible llegue al motor antes de que este se detenga.

Y sobre todo, muy por encima de cualquier otra consideración... La Tasa de Retorno Energético de los presuntos yacimientos pre-sal, sigue siendo todo un misterio.


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Os dejo un comentario que me ha parecido francamente interesante:

Escrito por: Protágoras sobre lunes, octubre 12 2009 @ 03:20

Si, es posible que ese petróleo exista en más lugares de la costa oriental sudamericana y occidental africana. Los continentes no están quietos, y en su desplazamiento lo mismo colisionan que se separan.

Debido al choque de Eurásia con África el estrecho de Gibraltar se ha cerrado varias veces, lo que ha provocado la evaporación del Mediterráneo (que recibe menos agua de sus ríos de la que se evapora) y por lo tanto se formaron depósitos de sal en su lecho. Como el tiempo que tarda en volverse a abrir el estrecho fue suficiente, los sedimentos procedentes de la erosión continental los cubrieron y preservaron de la redisolución cuando el estrecho se volvió a abrir. Y ahí están, es una importante capa sedimentaria que existe actualmente en el fondo del Mediterráneo. Si nos fijamos en la imagen de Du Toit mostrando la reconstrucción de Gondwana:



Vemos que entre Sudamerica y África, mientras se separaban, perfectamente se debieron de dar ambientes lacustres en las depresiones del Riff Valley que se estaba formando, depresiones ocasionalmente invadidas a lo largo de toda la franja por el océano, y también ocasionalmente cerradas (como en el caso del Mediterráneo). La secuencia sería: sedimentos lacustres-marinos ricos en materia orgánica, cierre de la cuenca y evaporación del agua con formación de una capa de sedimentos salinos, cobertura de esa capa sedimentaria salina con sedimentos no solubles de origen continental, invasión oceánica definitiva de todo ese complejo.

Naturalmente esto no se dio en todo el océano actualmente abierto, sino sólo en lo que serían los futuros márgenes continentales y mientras estuvieron relativamente próximos.

De manera que si, hay apoyos teóricos para la existencia de yacimientos similares a los de Brasil, pero ahí está el problema, en que son similares:

1) Difíciles de encontrar. Pinchar en el océano y a las profundidades que se proponen es complejo y caro. Para evitar los gastos de la prospección se requiere análisis previos sofisticados que permitan "acertar" con pocas prospecciones.

2) Difíciles de extraer ¿Sobrevivirán los actuales modelos ultratecnológicos de explotación de carbón, petróleo y gas, al desplome de la civilización actual que se irá produciendo a medida que nos deslicemos por la pendiente de Hubbert?

3) Con una TRE elevada, nada que ver con la TRE del petróleo de Iraq (me refiero a TRE geológica, sin tomar en cuenta los costos energéticos de la invasión y ocupación).

4) Con un flujo de producción "discreto" a causa de la complejidad de la explotación.

5) Con un rezago notable entre el descubrimiento y la puesta en producción.

Sinceramente no creo que esos "futuros" yacimientos vayan a impedir que sigamos viendo el zenit por el retrovisor.

Además, no hemos de perder de vista esta gráfica de Hubbert de principios de los '70:



Con ella pretendía explicarnos que si existiesen vez y media más reservas de las que él consideraba probables entonces, el zenit sólo se retrasaría diez años (de 1990 al 2000).
Lo que nos promete Marcio Rocha Melo, como recoge Daniel:

"Sumando el petróleo con las mismas características que existe en el Golfo de México, el Amazonas, las costas de África Occidental y el Congo, se podrían recuperar 500.000 millones de barriles de petróleo (ASPO cifra las reservas convencionales restantes en casi 900.000 millones de barriles)."

Es decir, contaríamos con 0,3 mas reservas que las previstas. Si en el ejemplo de Hubbert con 0,5 más de reservas el zenit se postponía diez años, ¿Con 0,3 cuanto se retrasaría? Además, de esas imaginarias 0,3 solo hay encontradas una mínima parte, y las encontradas aún no están servidas, ¿De verdad conseguirán que a la salida de la recesión dejemos de mirar el zenit por el retrovisor? ¿O formaran parte de lo que será el deslizamiento por la pendiente de Hubbert?:

Petroleo cada vez más escaso, con menos TRE y más caro.
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