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| Cada vez son menos, más pobres y, encima, les machacan a impuestos. Mientras los políticos les declaran su amor eterno, la recesión ha atajado el ascenso de las clases medias por primera vez en medio siglo. Así fue cómo la mayoría silenciosa se convirtió en la increíble clase menguante. Una mañana cualquiera en el kilómetro cero de Madrid. Cien personas al azar para una sóla pregunta: «Y usted, ¿de qué clase es?». Poco a poco, la misma respuesta se amontona en el cuaderno: clase media, clase media, clase media. Así hasta 87 veces. En apariencia, este apresurado sondeo parece apuntalar el tópico de que España es el paraíso del modesto asalariado. Lástima que las estadísticas se empeñen en desguazar este espejismo. Las constantes zalamerías de los políticos no impiden que, por primera vez en medio siglo, el imparable auge de los «ni-ni» (ni ricos ni pobres) se haya frenado en seco. La crisis ha transformado a la mayoría silenciosa en la increíble clase menguante. ¿Se puede considerar de clase media un país en el que dos tercios de los trabajadores son mileuristas? Cada vez más sociólogos y economistas responden con un «no» rotundo. Y aportan datos como el desplome de los salarios durante el mayor «boom» económico de nuestra historia. En 1995, el sueldo medio de los empleados era, a precios actuales, de unos 24.000 euros; en 2007, según el INE, se había desplomado a los 20.390 euros. Para las esforzadas clases medias, el premio por el inusitado crecimiento de la «edad de oro» fue un espectacular tijeretazo en sus nóminas. En estas llegó la crisis que no cesa. Y a los «ni-ni», en plena cura de su adicción al dinero de plástico, se les pide un nuevo esfuerzo. ¿Será la puntilla para un club que, según diversos estudios, ha perdido millones de integrantes desde el cambio de siglo? «La clase media acabará desapareciendo: vamos hacia un mundo polarizado entre una minoría que genera mucho valor y una mayoría infrautilizada», augura Santiago Niño Becerra, catedrático de Estructura Económica de la Universidad Ramon Llul de Barcelona y autor de uno de los pelotazos editoriales del momento, «El crash de 2010». -Y usted, ¿de qué clase es? Al habla Teresa, autónoma cuarentona que se recicló en teleoperadora tras la escabechina laboral de finales de 2008. «¿De qué clase soy? No lo sé… Era de clase media, ahora de clase baja… ¿Lo dejamos en clase media-baja?». El gran problema de este debate es que, como Teresa, ni los propios expertos saben en qué consiste la escurridiza clase media. Si encierras a cinco sociólogos en un despacho, salen seis definiciones distintas. Pero sí que existe un cierto consenso sobre cómo este estrato social se convirtió en el esqueleto de las sociedades occidentales. A finales de la II Guerra Mundial, las ideas keynesianas engrendraron el Estado del Bienestar, con las clases medias en el eje. Eran ellas las que se levantaban temprano, las que embutían dinero bajo el colchón y, sobre todo, las que consumían los bienes de una economía en constante crecimiento. ¿El resultado? Medio siglo de prosperidad que reposó sobre «el colchón que impide la revolución de los desposeídos», según la definición de la politóloga alemana Hannah Arendt. España llega tarde Como tantas veces, la España del franquismo llegó tarde a la revolución. Aquí las clases medias no se desperezaron hasta los 60, en pleno desarrollismo económico. Fue la generación del 600, el pisito y las vacaciones en la playa. Al español ya no le valía con ser un «currito»: su aspiración era convertirse en un respetable integrante del nuevo estrato social. «En España, tanto los pantanos como la clase media son inventos de Franco», afirma Salustiano del Campo, presidente del Instituto de España y autor de «La sociedad de clases medias». Con altibajos, la nueva conciencia social se fue infiltrando en la mentalidad ibérica. En 1986, se rozó el empate técnico entre la clase media –el 39,8 por ciento de los españoles ya se ubicaba en esta categoría– y la clase baja, que descendió hasta 48,4 por ciento. Y en 2007, los «ni-ni» alcanzaron su momento cumbre: ese año, el 63,4 por ciento se consideraba a sí mismo miembro de este estrato social, frente al 5,7 por ciento de españoles de clase baja (o «trabajadora», según el eufemismo que emplea el CIS en sus encuestas). -Y usted, ¿de qué clase es? Ahora le toca a Eugenio, abogado cuarentón de profundas ojeras. «Ni idea, macho... Si ves la factura de mi tarjeta de crédito, dirías que de clase alta. Si ves mi nómina, de clase media. Y si ves el saldo de mi cuenta, de clase baja... Subterránea, vamos». Cuenta Santiago Niño Becerra que el desplome de la clase media se forjó en los años 90. Las nóminas empezaron a estancarse, pero el descontento popular se aplacó mediante una eficacísima válvula de escape: la creciente facilidad de acceso al crédito. «Así se creó una clase media virtual», explica el catedrático. «Se le dio capacidad de endeudamiento y la clase media la estrujó a conciencia: en el 97, la deuda privada era el 60 por ciento del PIB; ahora está en el 220 por ciento. La gente se compró lo que quería, pero en realidad las cosas no eran suyas: se las deben al banco. Y en cuanto han surgido los problemas, tienen que salir de la clase media. ¿Pero dónde les metes ahora?». Las encuestas del CIS reflejan los primeros indicios de la angustia existencial de las clases medias. Curiosamente, el pico de hace dos años –cuando el 63,4 por ciento de los españoles se creía parte de este estrato– coincidió con la cúspide de la burbuja del crédito. Y las dos encuestas que se han realizado desde entonces indican un incipiente declive de este grupo: en junio de 2008, cayó al 60,5 por ciento; tres meses después, se hundió al 56,9 por ciento. En total, más de dos millones de españoles que han dejado de considerarse a sí mismos de clase media. Y, en su inmensa mayoría, han acabado en la categoría inferior: la clase media-baja, que acoge al 28,1 por ciento de los españoles. De todas formas, los sociólogos recalcan que distribuir a la ciudadanía en clases nítidas es un propósito abocado al fracaso. No basta con trazar una frontera arbitraria en función de los ingresos y colocar a cada uno en su cajita: la clase social es un fenómeno complejo en el que también influye dónde vives, lo que has estudiado, los antecedentes familiares... La fórmula mágica Así, cada experto tiene su fórmula mágica y, además, sus resultados rara vez coinciden. «La única verdad absoluta es que las personas tendemos a decir que somos de clase media porque no queremos que nos vean como diferentes ni excluidos», explica Luis Enrique Alonso, catedrático de sociología de la Universidad Autónoma de Madrid. -Y usted, ¿de qué clase es? Richard, maletero en un hotel apenas tarda unas milésimas en responder. «¡Clase media!», asegura. Aunque luego vengan los matices: «Eso mientras Zapatero quiera, porque con tantos impuestos nunca se sabe…». Si algo aglutina a las clases medias es la sospecha de que interpretan el papel de pardillos en una estafa cocinada en despachos enmoquetados a los que nunca accederán. Ya se sabe: el mantra de que los beneficios se privatizan, pero las pérdidas se socializan... con sus impuestos claro. Los obreros tienen a los sindicatos, los ricos se bastan por sí solos. Mientras, dicen algunos, la sufrida clase media no tiene quién la defienda. «Es una capa indoctrinada en el respeto a la moralidad y la legalidad», explica el sociólogo Alberto Moncada. «Cree en el esfuerzo, en el trabajo, en la meritocracia, aunque la vida les demuestre que esa fe no siempre tiene fundamento racional... La educación de clase media nos ha privado de recursos para reaccionar frente a la presente crisis. Somos impotentes para reaccionar, no tenemos músculo organizativo». Decía Jean Baptiste Colbert, el «cerebro» económico de Luis XIV, que el arte de cobrar impuestos es parecido a desplumar un ganso. «Hay que obtener la mayor cantidad de plumas con la menor cantidad de graznidos posible», aconsejaba a su monarca. El problema de la clase media es que combina un plumaje abundantísimo con una afonía casi absoluta. De ahí que cuando el déficit aprieta, se convierta en el blanco más apetecible para el recaudador. El miedo de Obama -Y usted, ¿de qué clase es? Habla Javier, parado de veintipocos y harto de pulirse los ahorros en fotocopias de su currículum: «Soy de clase media porque estoy igual de jodido que todos los españoles». Eso sí, las clases medias tienen un arma secreta: en el mundo occidental, siguen siendo mayoría abrumadora. A poco que se organicen, pueden poner y quitar gobiernos a su antojo. Es una tendencia que olisqueó Barack Obama nada más llegar a la Casa Blanca: de inmediato, creó el Grupo de Trabajo de las Clases Medias. ¿Su objetivo? Mantener su poder adquisitivo ante el aumento de los precios, el declive de los sueldos y la amenaza del paro. «Una clase media fuerte es una América fuerte», es el lema del Grupo. La frase de Obama evidencia el temor a que las clases medias dejen de ser el pilar de la estabilidad social. Si la mayoría silenciosa se evapora, ¿quién ocupará su lugar? Sociólogos como Alberto Moncada mencionan la posibilidad de que sean los «clientes de nuevos fascismos y populismos que impongan un patriotismo económico». Sin embargo, sigue siendo una posibilidad bastante remota: «Sus valores están ligados al statu quo, no a la revolución», recalca Moncada. Todos dicen «I love you» Últimamente, los políticos españoles parecen contagiados por la obsesión de Obama por las clases medias. Esta semana, parecían incapaces de afrontar un canutazo sin pronunciar estas dos palabras mágicas. En el caso de los socialistas, para pedir un esfuerzo a las «amplísimas» clases medias que «conforman la base de la recaudación fiscal». Y, en el caso de los populares, para denunciar que el Gobierno «está clavando un puñal» en la espalda de este estrato de la sociedad. En realidad, lo extraño es que las clases medias no copasen el lenguaje político mucho antes. Es una de esas expresiones –como «centro» o «progreso»– que carecen de significado real. O, mejor dicho, que tienen tantos significados como personas que la escuchan. «Es una idea muy seductora para la clase política», dice Antoni Gutiérrez-Rubí, asesor de comunicación. «Es otra manera de referirte al centro. Es la política para la mayoría, para la gente corriente. Además, evoca el ascensor social: nadie quiere ser pobre, todos queremos progresar». Del ingeniero al parado, del frutero al asesor financiero, 87 de nuestros cien entrevistados se ubicaron en esta categoría. Tal es la potencia del llamado «efecto ancla»: cada uno toma sus circunstancias personales como barómetro de la normalidad. «Hasta los estudios de Cáritas dicen que muchos pobres se consideran de clase media», explica Luis Enrique Alonso. Con estos datos, algunos reaccionan con escepticismo ante las teorías sobre la inminente extinción de la clase media. De hecho, el desarrollo de un país siempre ha ido de la mano del tamaño de sus clases medias. «Una vez que un país sube tan alto como España, es difícil que sufra un bajón tan grande», asegura Salustiano del Campo. Sin embargo, no es imposible. Él mismo menciona el caso de Argentina, donde el colapso de las clases medias fue una tragedia nacional. Además, el país iberoamericano ofrece un ejemplo sobre lo complejo que resulta definir este estrato social. Así, el 55 por ciento de los argentinos se considera de clase media, aunque sólo el 20 por ciento cumpla los requisitos económicos para serlo. «Esperemos que aquí no ocurra lo mismo», dice Del Campo. -Y usted, ¿de qué clase es? María del Carmen, limpiadora del Palacio Real, reflexiona durante unos segundos. «¿Qué es lo más normal? ¿Clase media? Pues pon eso, clase media». Vivirás peor que tu padre Hace medio siglo, sólo el cinco por ciento de los recién nacidos tenía un padre universitario; ahora, el porcentaje roza el 50 por ciento. De ahí que un origen familiar favorable ya no sea una garantía de éxito. «La clase media se ha fragmentado», asegura el catedrático Luis Enrique Alonso. «El hijo del abogado puede ser un parado o un precario, algo impensable hace unas décadas». La consecuencia es el auge de la «generación babyloser», la primera de la historia que vivirá peor que sus padres. Y este es el segmento de la población en el que las clases medias se están evaporando con mayor rapidez. «Son los más vulnerables, hasta el punto de que la clase media ya no sólo se define por los ingresos, sino también por la edad», señala Alonso. Clase media: partidos por la mitad
__________________ “Ante estas murallas fueron humilladas Inglaterra y sus colonias” Última edición por Elpaisdelasmaravillas; 04-oct-2009 a las 14:58 |
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| Un tema interesante, realmente la incorporación masiva de los babyboomers al mercado (la mayor parte de los que por aquí escribimos debemos ser parte de esa generación,nacidos entre primeros de los 60 y la Constitución,más o menos) se pagó con sangre, primero con mucho desempleo y luego con salario marginal decreciente hasta llegar a unos niveles retributivos abiertamente tercermundistas. De todos modos con mayor o menor intensidad algo parecido se da en todo el mundo, probablemente hacia 1980 empezó la escabechina que es el reconocimiento implícito de que el modelo energético empezaba su declinar y quizá se inscriba dentro de los ciclos largos de Kondratieff, etc. Cuando hablamos del funcionariado a veces obviamos que muchos puestos de trabajo públicos vienen a ser una especie de "caridad social" ,aquí y en muchos de los países decadentes (¿Será casualidad que UK tenga fácilmente el doble de empleados públicos por 1000 habitantes que Alemania?). En toda la OCDE el desempleo juvenil es relativamente elevado y si corrigiéramos las estadísticas de ciertas trampas (en USA casi el 2% de la población activa es reclusa,eso en los tramos de edad más jóvenes y en hombres puede ser hasta tres veces es tasa, una enormidad, luego está el mantenimiento de un gran ejército como fuente de empleo o de no-paro,según sea voluntario de leva) comprobaríamos que llevamos tiempo así, ahora es que a falta de crédito fácil por fin empieza a ser visible. |
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| No hay “brotes verdes” a la vista, es mentira. No hay esperanza que pueda brotar en este erial en el que se ha convertido España, porque los desiertos no florecen por más que se les inunde con hectómetros cúbicos de agua, en este caso cientos de miles de millones de euros a recaudar a una sociedad exhausta. Lo que hay es un moho que ha agarrado hasta en las piedras más resecas. Decenas de miles de políticos y sus amistades peligrosas, centenares de miles de presuntos sindicalistas que, a fuerza de no trabajar, son incapaces de sostener un domingo cualquiera ridículas banderitas de plástico impresas con acrónimos cuyos significados suenan a broma macabra. No hay más salida que la de sumarse unos a otros y converger, formando una imponente columna humana, y golpear de lleno en el mismísimo centro de la línea de contención y, así, romper de una vez por todas el cerco de la mentira. Hay que golpear sin descanso las piedras angulares de este sistema podrido para poder obrar cambios, ya no solo necesarios, sino mucho más que urgentes: angustiosos. No hay agentes sociales, hay agentes políticos, cooperadores necesarios de la mentira y el expolio . No hay sindicatos, porque casi 5 millones de parados silenciados los deslegitiman por completo. No hay patronal oficial, porque decenas de miles de empresarios de empresas quebradas y otros tantos a punto de caer, reniegan de ella. No existe posibilidad de diálogo social, porque los políticos hablando con sus agentes políticos no es diálogo, ni siquiera alcanza a ser un monólogo: es puro fraude. No hay “mundo de la cultura”, porque el arte y la cultura son formas de expresión libres que nunca podrían permanecer impasibles ante este sufrimiento humano. No hay “cine español”, porque la creación va inseparablemente unida a la iniciativa, y ésta, a su vez, al riesgo. Sin riesgo no hay valor que convierta una creación en arte y aún menos en cultura. Es mentira. No hay diálogo alguno cuando se nos amordaza y se nos suplanta. No hay elecciones por las que aplazar mociones de censura que, por añadidura, deberían ser extensivas al modelo político en su conjunto. No hay futuro.
__________________ “Ante estas murallas fueron humilladas Inglaterra y sus colonias” |
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| Pasa por borrar la pizarra, derruirlo todo y empezar de cero. Lo que implica expropiar toda la riqueza de los poderosos y repartirla entre sus legitimos dueños, los trabajadores, quitarles todo lo que tienen y ponerlos en la frontera. |
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| Exactamente, ¿qué se entiende por clase media aquí en España? ¿la media de los ingresos (lo que gana la mayoría de la población activa) o hay que cumplir unos determinados requisitos comunes a todos los países de la CE( 00000k brutos al año, propiedades pagadas, estilo de vida, etc)? Porque según uno u otro criterio, clase media es un concepto muy flexible. Si dos tercios de los trabajadores en España ganan mil euros o menos al mes, quizás ésa (1000 euros/mes) sea la frontera entre ser clase media y no serlo. No lo sé. Saludos. |
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| Yo creo que es mejor hablar de "renta media" para evitar esa discusión sobre lo que son las "clases",que da para llenar un libro. |
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| yo no veo a la oposicion que diga que va a volver a bajar el iva al 16%.... vostros si? ah, creia.
__________________ "Autor de la gran frase: pues yo veo las terrazas llenas y los restaurantes a rebosar" |
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| Para pertenecer a la clase media, un indivíduo debe de percibir un mínimo de 3.000 € netos por mes. Y no tienen por que provenir de una nómina, sino de cualquier tipo de renta. Aquellos que cobraban del orden de 1.800, 1.500, núnca fueron clase media, sino clase baja. Quienes perciben 1.000 ó menos, no son otra cosa que pobres. Claro, que los hay aún más pobres. La clase media no desaparece, simplemente disminuye su número.
__________________ Era tan pobre mi vida, mi vida tan pobre era que por tener no tenía, ni vergüenza en la cartera. No es más rico quien más tiene, sino quien tiene aún mucho más. |
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| Para mí es la unidad familiar que se levanta un mínimo de 90.000 euros brutos al año. Tres miembros a 30.000 cada uno son clase media. Hasta hace poco, con muchos miembros de la familia trabajando, hubo un 10% de las familias de clase media. Según ésto, muy pocas familias, apenas el 5% hoy día son clase media. Ya está bien de que los pobres se crean/nos creamos clase media.
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| Yo soy clase media: soy mileurista, ja ja ja...En serio, esto ya no es el fin de la clase media, sino el fin de la clase baja "pobre pero honrada". Larga vida al lumpenproletariado y la hiperburguesía.
__________________ LA ENERGIA NUCLEAR MATA Pedicabo ego vos et irrumabo, pepiti molesti. |
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