Tú ya debes ser un anarquista
DESDE EL SOLAR
Fanzine Anarquista
Cochabamba Noviembre 2004 No 4 Es cierto. Si tu idea de relaciones humanas saludables es una comida con tus amigos, donde cada uno disfrute de la compañía del otro, donde las responsabilidades sean divididas voluntaria e informalmente, y nadie de órdenes o venda algo, entonces eres un anarquista, así de llano y simple. La única pregunta que queda es cómo puedes hacer para que la mayor parte de tus acciones se asemeje a este modelo.
Tú ya debes ser un anarquista
Cada vez que actúes sin esperar instrucciones o permiso oficial, eres un anarquista.
Cualquier momento que eludas una ridícula regulación, cuando nadie está viendo, eres un anarquista.
Si no crees en el gobierno, el sistema escolar, Hollywood, o en conocimientos que puedan afectar tu vida, es anarquismo también.
Y especialmente eres anarquista cuando actúas con tus propias ideas, iniciativas y soluciones.
Como puedes ver, el anarquismo hace que las cosas funcionen y la vida sea interesante. Si esperáramos que las autoridades, especialistas y técnicos se hagan cargo de todo, no solo que estaríamos en un mundo en problemas, sino terriblemente aburrido por añadidura. Hoy vivimos en un mundo problemático (y aburrido!) precisamente en la medida que renunciamos a nuestra responsabilidad y control. El anarquismo está presente en cada ser humano saludable. No se trata necesariamente de tirar bombas o utilizar máscaras negras, aunque seguramente lo has visto en la televisión (crees todo lo que ves en la televisión? Eso no es anarquista!). La raíz del anarquismo es el impulso simple de hazlo por ti mismo: todo lo demás sigue esta premisa.
¿Y funciona la anarquía?
Alguna gente con escasa formación histórica a menudo afirma que nunca funcionaría la anarquía - sin darse cuenta que no solo que ya ha funcionado en muchas épocas de la historia humana, sino que de hecho esta funcionando hoy, en está época. Más allá de la Comuna de París, la España Republicana, Woodstock, el software libre, y todas aquellas instancias de exitoso anarquismo revolucionario. La anarquía es simplemente auto-determinación cooperativa -es parte de la vida diaria, no algo que solo sucederá “después de la revolución”. La anarquía funciona hoy en círculos de amigos, en todo lugar -de esta manera, como podemos hacer que nuestras relaciones económicas sean anarquistas? La anarquía está en acción cuando la gente coopera en acciones de apoyo mutuo y solidaridad -así, como podemos aplicar esas lecciones en nuestras interacciones en el colegio, universidad, trabajo, en nuestro vecindario? Siguiendo a la Teoría del Caos: la anarquía es caos, y el caos es orden. Cualquier sistema ordenado naturalmente -un bosque, un vecindario amistoso- se halla en una armonía en la cual el equilibrio se perpetua a sí mismo a través del caos y la oportunidad. Por el otro lado, el Desorden Sistemático - la disciplina de la clase escolar, los cultivos estériles del maíz genéticamente modificado defendido de malas hierbas e insectos- solo pueden ser mantenidos por cada vez mayores despliegues de fuerza.
Algunos, pensando que el desorden es simplemente la ausencia de cualquier sistema, lo confunden con anarquía. Pero, el desorden es el más despiadado sistema de todos: desorden y conflicto, no resuelto, rápidamente se sistematiza a si mismo, apilando jerarquías de acuerdo a sus propias demandas no compasivas -ambición sin corazón, obsesión de dominación. El desorden en su forma más desarrollada es el capitalismo: la guerra de todos contra todos, dominar o ser dominado, vender o ser vendido, desde la tierra al cielo.
Vivimos una época particularmente violenta y jerárquica. Los maniáticos que piensan que se benefician de esta jerarquía nos dicen la violencia sería peor sin ella !, sin comprender que la jerarquía en sí misma, sea esta desigualdad en el status económico o el poder político, es consecuencia y expresión de violencia. Sin hablar que removiendo totalmente a las autoridades terminarían las olas de violencia creadas por la mayor violencia que su existencia implica; pero hasta que aprendamos como autogestionarnos, antes que bajo las armas dirigidas por unos que se benefician de nuestra situación, no habrá paz entre nosotros.
Esta situación se mantiene no solo por las armas, el vértigo de la jerarquía, o el principio del matar o ser muerto: también se mantiene por el mito del éxito. La historia oficial presenta nuestro pasado como la historia del Gran Hombre, y todas las otras vidas serían meros efectos de sus causas: nos hacen creer que hay solo unos cuantos sujetos de la historia -el resto de nosotros solo somos objetos. La implicación de cualquier jerarquía es que solo hay un solo “hombre libre” en toda la sociedad: el rey (o presidente, ejecutivo, estrella de cine, etc). En la medida que siempre ha sido así y siempre será así, nos dicen, debemos aceptar nuestra situación.
Pero, aún el presidente no es libre de caminar en un vecindario de su elección. Por que escoger un fragmento del mundo, o menos?. En ausencia de una fuerza dominante- en las camas igualitarias de los amantes verdaderos, en la democracia de la amistad devota, en las federaciones horizontales de compañeros de juego disfrutando de buenas fiestas y vecinos charlando en círculos amistosos -todos somos reinas y reyes.
Sea o no que la anarquía “funcione” fuera de tales santuarios, es cada vez más claro que la jerarquía no funciona. Visiten los modelos de ciudades del nuevo “orden” mundial - siéntense en el tráfico intenso de vehículos privados, entre conductores gritando e insultando al unísono, un océano lleno de contaminación a su derecha y un ghetto a su izquierda, donde bandas uniformadas y no uniformadas se enfrentan - y contemplen el ápice del progreso humano. Si esto es orden, porque no intentar el caos!
¡Anarquía, no anarquismo!
Decir que los anarquistas suscriben el anarquismo, es decir que los pianistas suscriben el pianismo. No hay anarquismo - sino hay anarquía, o más bien, hay anarquías. A lo largo del tiempo que ha existido el poder, el espíritu de la anarquía ha estado con nosotros, nombrado o sin nombrar, uniendo a millones o acompañando la solución a uno solo.
Los esclavos y salvajes que lucharon contra los romanos por su libertad y vivieron en libertad, igualdad y fraternidad, las madres que criaron a sus hijas para amar sus cuerpos desafiando las propagandas de dietas, los renegados que pintaron sus rostros y arrojaron té en Boston Harbor, y todos aquellos que asumieron responsabilidades con sus propias manos: ellos eran anarquistas ya sea llamándose Ranters, Taborites, Comunitarios, Abolicionistas, Yippies, Sindicalistas, Cuáqueros, Madres de los Desaparecidos, Alimentos no Bombas, Libertarios, o aún uno que otro que se dice llamar republicano - todos somos anarquistas en la medida que hacemos lo mismo.
Actualmente hay tantos anarquistas como existen estudiantes rebeldes, padres que evaden impuestos, mujeres aprendiendo a reparar bicicletas, amantes deseándose más allá de los límites. Ellos no necesitan votar por un partido anarquista o una línea partidaria, para ser anarquistas: la anarquía es un modo de ser, una manera de responder a las condiciones externas, un tipo de comportamiento humano…… y no el de la “clase obrera”.
Olvídense de la historia del anarquismo como una idea - olvídense de los tipos barbados. Una cosa es desarrollar un lenguaje para describir una cosa - otra cosa es vivirla. Esto no es acerca de teorías o fórmulas, héroes o biografías - es acerca de tu vida. La anarquía es lo que importa, lo que en todo lugar aparece, no el anarquismo de butaca o el estudio de especialistas sobre la libertad!. Existen autoproclamados anarquistas, quienes nunca experimentaron un día de anarquía en sus vidas - deberíamos saber cuanto creerles en este tema!
Así, como funcionará la utopía anarquista? El anarquismo no es una visión utópica o un programa ideal a servir; simplemente es una manera de proceder, de acercar relaciones, de enfrentar los problemas ahora. Ser anarquista no significa que “creyendo” en la anarquía o el anarquismo, se puede arreglar todo -solo significa reconocer que está a nuestro alcance, que nada ni nadie más puede hacerlo por nosotros: admitir que, nos guste o no, nuestras vidas están en nuestras manos -y en cada uno de los otros.