Afalta de cifras objetivas, que no estarán disponibles hasta finalizada la temporada, un simple paseo por el centro de Barcelona y sus zonas más concurridas constatan la intensidad de la actividad de los pequeños delincuentes que desvalijan al paseante sin que apenas se dé cuenta. Bolsos y carteras son los objetivos en la casi totalidad de los casos. Las víctimas, como ocurre cada verano, son principalmente los turistas menos precavidos, aunque la crisis este año ha avivado la actividad de muchos pequeños rateros que tienen en las paradas de metro más céntricas, la Rambla, la plaza de Catalunya, el paseo de Gràcia, puntos del Born y las playas son sus principales zonas de actuación.
Los Mossos d’Esquadra no hacen balance hasta finalizada la temporada, ni quieren aventurar ninguna tendencia. Pero a simple vista queda patente que los delincuentes hacen el agosto –valga la redundancia– a costa principalmente de los visitantes. Fuentes de la policía autonómica indican que las zonas críticas son las que reciben aglomeraciones, y que no existe un perfil típico de víctima (en edad ni nacionalidad), sino que son susceptibles todos los que tienen aire despistado y no prestan atención a sus pertenencias.
DOS HORAS DE ESPERA / En la Rambla es posible ver alguna sustracción de carteras en vivo y en directo por poco rato que uno permanezca en la zona. Y del trajín de los ladrones dan fe las colas ante la comisaría de Nou de la Rambla (la más concurrida), donde las colas son habituales y el pasado viernes a mediodía 40 turistas aguardaban hasta dos horas para poder poner la denuncia. Un trabajador indica que a diario tramitan de 100 a 150 casos. Y ello sin contar a los muchos visitantes que optan por no acudir a comisaría, sea por falta de tiempo, porque solo les han quitado dinero o porque no tienen un seguro que les vaya a indemnizar, explican en algunos hoteles.
El Gremi d’Hotels de Barcelona dio la alarma el pasado julio sobre el mal que esta pequeña delincuencia puede hacer a la imagen de la ciudad, y pidió que se actúe con contundencia ante picarescas reiteradas como el falso pinchazo de la rueda, que obliga a bajar del coche al visitante, al que desvalijan.
Fuentes de Turisme de Barcelona indican que en los puntos de entrada a la ciudad se dan consejos al respecto: En el aeropuerto hay un rótulo que advierte al recién llegado, mientras que en las estaciones de trenes y alguna área de servicio se hacen recomendaciones por vía oral. También en el metro son frecuentes los mensajes de precaución y en los buses turísticos hay carteles. Desde el año pasado, el consorcio cede personal especializado a comisarías céntricas para que atiendan en diversos idiomas.
Pese a ello, muchos visitantes apenas tienen tiempo de reaccionar cuando entran en el metro de Jaume I, por ejemplo, donde actúa una banda a diario. La escena se repite cerca del Museu Picasso, en las calles del Gòtic y del Raval. Llevar el bolso poco sujeto es un riesgo, pero a veces su pericia les permite un hurto limpio, sin que la víctima se percate. Buena parte de los delincuentes son de origen magrebí y multirreincidentes, pero también proliferan los grupos femeninos de la Europa del Este, y el ladronzuelo nacional.
Turisme de Barcelona destaca, pese a todo, que el visitante da una nota media a la ciudad de 7,13 en seguridad (2008). Y la última encuestas de victimización del pasado septiembre (con datos del 2007) queda desfasada, pero ya indicaban un aumento de hurtos sin violencia. El ayuntamiento insiste en que es una ciudad segura.
La crisis aviva los robos de bolsos y carteras de turistas despistados | El Periódico de Catalunya | Barcelona