Análisis: El Banco de España castiga a los buenos y premia a los malos - Xornal.com
Análisis: El Banco de España castiga a los buenos y premia a los malos
Por José Antonio Beiroa Actualizado 22/07/2009 - 01:06 h
Nuestro supervisor financiero, el Banco de España, ha sido tomado como modelo de gestión en la profunda crisis del sector a nivel mundial que estamos viviendo, quizás porque nuestro sistema financiero no se ha visto afectado en la misma medida de lo acontecido en el resto de economías desarrolladas. Una muestra de su anticipación fue el diseño de las provisiones anticíclicas (coberturas genéricas), consistentes en detraer beneficios en las fases expansivas para ser aplicadas en las fases recesivas. La semana pasada nos enterábamos que el Banco de España modificaba su criterio de dotación de coberturas específicas por insolvencia de clientes, elevando los requerimientos en el caso de operaciones de financiación al consumo y al promotor, la de cal, pero rebajándolas sustancialmente en el caso de operaciones con garantía real, hipotecas, cuando el ‘loan to value’ (LTV), porcentaje de financiación sobre el valor de tasación, superaba el 80 %, al considerar un valor residual (que no requerirá cobertura por deterioro), del bien hipotecado del 70 % del valor de tasación del mismo, la de arena. En un préstamo de 100.000 euros de saldo, las entidades se ahorrarán 70.000 euros de dotación en solo dos ejercicios.
La normativa al respecto, muy estricta, esta plasmada en el anexo 9 de la Circular 4/2004, donde el propio supervisor indica que “el Banco de España, sobre la base de su experiencia y de la información que tiene del sector bancario español, ha estimado los porcentajes mínimos de cobertura por calendario de morosidad”. Esta modificación del criterio –sustentada en una interpretación novedosa de la norma– para no verse obligado a modificarla, ha sido comunicada por carta a las patronales sectoriales.
Nos resulta muy evidente la contradicción que se deriva de esta nueva interpretación, pues implica reconocer que anteriormente nuestro supervisor carecía de experiencia e información suficiente del sector bancario. Ninguna entidad financiera se hubiera atrevido a aplicar esa interpretación y ningún auditor lo habría validado, sin que el propio supervisor pusiera su grito en el cielo. Es más, esta medida está pensada para las entidades que han sido más temerarias en el crecimiento de su inversión crediticia, pues beneficia principalmente a lo que en nuestro mercado es la figura más próxima a las famosas hipotecas subprime: las que financian el 100 % de la compra, son viviendas usadas, principalmente en el área mediterránea y cuyos titulares son extranjeros y/o con contrato temporal. Estamos seguros que con la paralización del sector inmobiliario, en tipologías como la apuntada, la caída de valor superará el 30 %, pues no olvidemos que las viviendas fueron tasadas al alza con objeto de encajar la operación.
Un efecto secundario será la disminución de las incontables daciones en pago, cancelación del préstamo contra la entrega del bien hipotecado, que facilitaban eludir el duro calendario de provisiones. Parece que el Banco de España debe ver con profunda preocupación la situación de algunas entidades, pues con esta medida les permitirá reducir significativamente las dotaciones, pudiendo liberar a algunas entidades de pérdidas seguras en el cierre de este ejercicio. Por contra, está perjudicando a las que fueron más diligentes en sus políticas crediticias y no asumieron riesgos de la naturaleza de los apuntados. Cuando se cierre este ejercicio el coste de dotaciones por insolvencia no permitirá discriminar a los buenos de los malos gestores, solo nos quedará el ratio de morosidad para comparar y poder medir el alcance de esta medida.