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| Goldman Sachs promueve la privatización global del agua Jon Kepa Lo linko con el hilo de goldman sachs ¿quien es Goldman Sachs?
__________________ "TODO PARA EL SUELO PERO SIN EL PUEBLO" (Esperanza Aguirre y Gil de Biedma) PPCC, Éxodo 25-17; Al pisitos y al gorrión. Perdigón ![]() |
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| Es la historia sin fin. Los instrumentos se complejizan cada vez mas. Venture Firms Back ‘Hybrid’ IPOs to Help Startups Sell Shares
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The push transformed oil from a physical commodity, rigidly subject to supply and demand, into something to bet on, like a stock. Between 2003 and 2008, the amount of speculative money in commodities grew from $13 billion to $317 billion, an increase of 2,300 pcrcent. By 2008, a barrel of oil was traded 27 times, on average, before it was actually delivered and consumed. ![]() ![]() Es una perla este articulo. Gran aporte.
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| Goldman Sachs, vampiro del Capitalismo (I) Ha sido la sensación bloguera en Estados Unidos la semana pasada. En su edición del mes de julio, la revista Rolling Stone recoge una pieza absolutamente demoledora acerca del papel jugado por Goldman Sachs en la formación y posterior estallido de las distintas burbujas que se han producido en los mercados a lo largo del último siglo, desde la Gran Depresión a nuestros días. Y no sólo eso. El artículo, firmado por Matt Taibbi y que se ha filtrado antes de su publicación, constata el poder acumulado con el paso del tiempo por los distintos banqueros de la Casa, estratégicamente situados hoy día en puestos de influencia financiera alrededor del Planeta; ahonda en el aprovechamiento en interés propio de los sucesivos fenómenos de pánico y euforia, a cuya gestación el banco de inversión habría decididamente contribuido; y alimenta las sospechas acerca del protagonismo que está jugando la entidad en la gestación del siguiente gran descalabro… para todos menos para ella. El documento es extraordinario y no deja lugar a dudas de su posicionamiento desde el primer párrafo, donde califica a la firma de vampiro que clava sus colmillos allá donde hay un dólar que ganar. Se extiende a lo largo de doce páginas, que no tienen desperdicio. Así, el autor no duda en afirmar que mientras América da vueltas alrededor del sumidero, Goldman Sachs ha encontrado el camino para ser él mismo ese sumidero: un desafortunado agujero en el sistema capitalista democrático occidental que nunca imaginó que, en una sociedad pasivamente gobernada por la libertad de mercado y de elección, la ambición organizada siempre prevalece sobre la democracia desorganizada. Un análisis interesante que pudiera parecer reduccionista, toda vez que carga las tintas sobre la desmedida avaricia de los banqueros y se olvida de otros responsables de la situación actual como políticos, reguladores, agencias de rating, banqueros centrales e, incluso, los propios ciudadanos. No es de extrañar cuando se considera a gran parte de tales actores como parte del universo Goldman. Su crítica no queda ahí, sino que aterriza desde lo genérico en lo específico: todo el dinero que usted pierde va a algún sitio y, tanto en sentido literal como figurativo, se puede decir que el destinatario es Goldman. El banco se ha convertido en una gigantesca y sofisticada máquina de convertir la riqueza de la sociedad en beneficio para sus arcas (…) La fórmula es relativamente simple: el banco de inversión se posiciona en mitad de una burbuja especulativa, y vende productos que sabe que son basura. Con la ayuda de una Administración adecuadamente engrasada con sus donativos, consigue cantidades ingentes de dinero de los incautos inversores. Cuando estalla la situación se presenta como aquel benefactor que puede aliviar la difícil situación de los sufridos ciudadanos. Quizá esta es la parte más lírica y menos justificada del argumentario. De ahí que sea relevante lo que viene a continuación. Así, Taibbi enumera hasta cinco ocasiones en las que la actuación de Goldman habría sido, cuando menos, cuestionable… para lucro de sus directivos y/o empleados. Hoy nos centraremos en las cuatro primeras y dejaremos para mañana la más reciente de ellas (¿más todavía?) y la que, a juicio del comentarista, está por llegar. En primer lugar, el reportero habla de la participación de Goldman en los Investment Trust que tan de moda estuvieron en los felices años 20 y cuyo colapso acentuó la caída bursátil de finales de la década. 475.000 millones de agujero a valor de hoy. Tras un impasse de cerca de 70 años, en los que la entidad adopta un modelo de banca a largo plazo, es con la llegada de su empleado Robert Rubin a la Casa Blanca, y con el cambio que impulsa de las reglas que hasta entonces regían los mercados financieros, que Goldman vuelve a orientarse hacia el pan para hoy, con independencia de lo que traiga el mañana. Una tarea a la que contribuyeron otros reputados miembros de la firma, citados adecuadamente a lo largo del texto. A partir de ese momento el banco vive sus momentos de mayor esplendor, según el autor (que imagino tendrá buena cobertura legal): manipulando valoraciones y precios en las OPVs de los años dorados de las compañías de Internet (cinco billones de dólares de riqueza evaporada sólo en el Nasdaq), gracias a la violación de la norma no escrita que limitaba las salidas a bolsa a empresas rentables; fomentando la titulización y aseguramiento de hipotecas de baja calidad con el despegue del mercado inmobiliario, a la vez que apostaba por su hundimiento hasta el punto de ser de las pocas sociedades que se beneficiaron con su caída mediante la utilización de instrumentos derivados; alentando la inversión financiera en materias primas como el petróleo -cuyo precio se disparó hasta cerca de los 150 dólares gracias a que un barril se negociaba en 2008 hasta 27 veces, de media, antes de que fuera entregado y consumido- que tomaban como referencia índices creados por la propia Goldman, actividad que explotó igualmente gracias a un cambio normativo. Una panoplia de actuaciones que pondrían de manifiesto el poder oculto de Goldman y su influencia en la construcción de la peor cara del capitalismo financiero, rostro sobre el que ahora se quiere verter una pesada capa de maquillaje de carácter social y de adecuación a su fundamento originario que es la economía productiva. Grave responsabilidad que, sin embargo, no le ha hecho perder ni un ápice de su relevancia. Mañana desarrollaremos con Taibbi lo relativo tanto al lugar que Goldman ha ocupado dentro del Plan de Rescate auspiciado por la Administración norteamericana, por una parte, como a la renovada apuesta de la entidad por el siguiente negocio susceptible de convertirse en burbuja: el cambio climático y los derechos de emisión de CO2, donde ya ha tomado posiciones. Casi nada. Con todo esto, ¿a alguien le extraña la inversión de Buffett en la compañía? Es fácil comprender, a la luz de esta lectura, de qué va este negocio, condición primera y principal impuesta por el Oráculo de Omaha para cometer cualquier inversión. Y en finanzas, Goldman es y ¿será? la apuesta ganadora. Goldman Sachs, vampiro del Capitalismo (I) - cotizalia.com |
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| Goldman Sachs, vampiro del Capitalismo (y II) Nos hacíamos eco ayer de la repercusión que está teniendo, en el mundo financiero estadounidense, el artículo que Matt Taibbi firma en la edición de Rolling Stone del mes de julio bajo el aparatoso titular de The Great American Bubble Machine o La Gran Fábrica Americana de Burbujas, que es la forma en que el autor bautiza al banco de inversión Goldman Sachs. Un alegato demoledor que pone en tela de juicio las prácticas llevadas a cabo por la entidad a lo largo del último siglo de actividad financiera y que cuestiona el enorme poder acumulado por la firma con el paso del tiempo y, en especial, desde la incorporación de su directivo Robert Rubin a la Administración Clinton en la década de los 90. Se trata de un documento extraordinario que se desarrolla a lo largo de doce páginas, de fácil lectura, y que, para su exposición, hemos dividido en dos grandes partes: el cuestionable papel desempeñado por el banco de inversión en el pasado, que fue el grueso principal de nuestro Valor Añadido de hace 24 horas, y la importancia actual de Goldman en la gestión de la crisis y en la, a juicio de Taibbi, siguiente burbuja que está por llegar y que ya se está gestando. Un modo de actuación que define de modo brillante Simon Johnson, al que cita Taibbi, en The Atlantic como El Golpe de Estado Silencioso, análisis éste de imprescindible lectura. En efecto, señala el reportero que, tras crear y beneficiarse del esplendor y el colapso tanto de los Investment Trust en la década de los 30, como de las acciones de Internet, las hipotecas basura y el precio del crudo a finales de siglo XX y principios del XXI, Goldman ha alcanzado el cénit de su influencia de la mano del que fuera su presidente Hank Paulson, a la sazón Secretario de Tesoro norteamericano hasta el desembarco de Tim Geithner como parte del equipo de Obama. Tras el colapso financiero, el dinero parecía haberse evaporado. La cacería de Goldman necesitaba nuevas piezas que abatir. Y sólo las podía encontrar allá donde seguro había capital del que alimentarse: las arcas públicas Es en el mayor rescate de la Historia donde la entidad va a hacer patente su influencia. De hecho, no sólo consiguió posicionar a uno de sus chicos en la gestión del Fondo de Rescate sino que se benefició de una serie de decisiones que le han permitido salir casi de rositas de la coyuntura actual. Como entendió perfectamente en su momento Warren Buffett, verdaderamente Goldman is too big to fail. No es de extrañar que haya sido su principal apuesta bancaria en la crisis. Maquillaje de resultados gracias al aparcamiento de pérdidas en meses fantasma, por cambio de calendario de publicación, como diciembre de 2008; conversión en banca comercial que les permite recalar bajo la supervisión de otro ex Goldman, Stephen Friedman; beneficios extra derivados del rescate de AIG que evita que tenga que provisionar sus contrapartidas, mientras que se deja morir a un competidor directo como Lehman; sospechas de información privilegiada en relación con los stress tests; uso de tasas impositivas sorprendentemente bajas, etcétera, son la pléyade de acusaciones documentadas que el texto recoge y que evocan, a juicio de distintos agentes del mercado consultados por Taibbi, que se ha perdido el pudor y se ha pasado de una ayuda implícita comúnmente aceptada, y derivada de la incorporación del talento creado en el seno de la entidad a las finanzas públicas, a otra explícita que tiene por objeto consolidar la posición del banco de inversión y conservar su capacidad de maniobra. Pero Goldman no duerme. No puede hacerlo, concluye el autor. Así, sus empleados se convirtieron en los principales donantes privados de la campaña electoral a la presidencia de Estados Unidos de Obama con cerca de un millón de dólares. Tras haber atravesado el campo de minas del rescate bancario de manera exitosa, Goldman ha vuelto una vez más a sus viejos hábitos y trata de colocar a sus peones dentro de la Administración a fin de beneficiarse de los agujeros que, en la renovada actividad pública, se puedan vislumbrar (…) Y la nueva apuesta de la entidad se llama derechos de emisión o carbon credits, un mercado de un billón de dólares que apenas existe a día de hoy pero que forma parte principal de la Ley Energética aprobada por el Congreso el pasado viernes. Con una particularidad, señala: el hecho de que el límite de derechos a subastar fijado por el Gobierno caiga anualmente implica que Goldman ni siquiera se va a tener que pringar en hacer que los precios suban. De momento, de acuerdo con Taibbi, la firma financiera habría ido engrasando la maquinaria con las oportunas contribuciones a los diferentes lobbies, la inversión directa en compañías productoras de energías renovables, la adquisición del 10% del Mercado de Chicago en el que los derechos se van a negociar, la compra de un pequeño trader que se dedica ya a tal actividad y así sucesivamente. Cualquiera podría afirmar que se trata de un ejercicio de buena gestión, de anticipación de cara al futuro, como probaría el dramático alegato de Krugman de esta semana, pero a estas alturas de la película el autor ya no concede a la entidad el beneficio de la duda. Puede incluso que al final la actividad real, como ocurre en Europa, sea mucho menos que la inicialmente predicada y que los precios se mantengan bajo mínimos. No importa, de lo que se trata es de denunciar el papel del banco y añadir argumentos a su condena. Su conclusión, de hecho, no admite dudas: Así es como funcionan las cosas. Este es el mundo en que vivimos, donde algunos tenemos que respetar las reglas mientras que otros no sólo se ven excusados de ajustarse a ellas sino que reciben dinero por hacerlo. Un esquema mafioso en el que uno no se puede fiar de los precios y donde hay peajes ocultos en cada dólar de impuestos que pagas. Quizá no podamos pararlo pero, al menos, tenemos la obligación de denunciarlo. ¿Es para tanto? Sólo queda su opinión... Goldman Sachs, vampiro del Capitalismo (y II) - cotizalia.com |
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| Lo publican en Scripdb maquetado: --lo han borrado-- Última edición por Tuttle; 09-jul-2009 a las 11:44 |
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| Matt Taibbi on how Goldman Sachs has engineered every major market manipulation since the Great Depression. |
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| Pero, ¿cómo es posible que este hilo esté en la página 4? Arriba, coño !!! Criticais los hilos de animosa, pero siempre los tenenis bien arriba y luego dejais hundirse hilos como este que deberian ser de lectura (y reflexión) OBLIGATORIA |
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| On The 'Everyone Was Doing It' Excuse by Matt Taibbi | July 8, 2009 - 11:40am "The [Rolling Stone] article makes a very compelling case against Goldman Sachs, but I think the problems it identifies are pervasive in financial firms and corporate America in general," says Nell Minow, who is the co-founder of the Corporate Library, a research firm that tracks corporate-governance issues. "We need to launch substantive financial reform rather than weighing the faults of one firm versus another." Minow's point is this: spend too much time on Goldman and you miss the fact of how broadly the financial system and the regulations that are supposed to keep profiteers in check failed us. And she's right. -- Goldman Sachs vs. Rolling Stone: A Wall Street Smackdown - TIME It's been interesting, to say the least, watching the public reaction to my Rolling Stone piece last week. I of course expected that some kind of highly unpleasant response would come my way from Goldman and its allies in the press, but I admit to being surprised a little by the form this response took. Obviously I don't want to dwell on this business, because it's beyond boring when someone in my position complains about his critics, but I feel like I have to say something about at least a few of the talking points of the inevitable Goldman counteroffensive, which in various forms (letters sent to me personally, public comments) have reached my desk in the last few days. The most ludicrous of these, and the one that surprised me the most, is the accusation that my article was anti-Semitic propaganda. The first letter I got on this score I actually mistook for a joke sent to me by one of my friends. Then I got another one which I quickly realized was not a joke at all. "Isn't it convenient," it read, "that an Arab-American writer for Rolling Stone looks at Wall Street and picks the most prototypically Jewish firm around to demonize." The last time I heard something similar was a few years ago, when Debbie Schlussel, a severely dimwitted Detroit-based right-wing pundit, railed against my supposed Arabness after I wrote an article about the Lebanese population in Dearborn, Michigan. I wrote to her to let her know that I'm actually Irish and Filipino, and not at all an Arab, but never got a response. This time the charge is a little different, as several writers complained that my article was "a rehash of every classic anti-Jewish conspiracy theory" and "a pale copy of the Protocols of the Elders of Zion." The evidence for these charges seems to be as follows. One, I used the word "tribe" somewhere near the end of the piece. Two, the term "blood-funnel" was used (one person also hinted that the use of a squid image was somehow anti-Semitic, but I was not entirely clear what was being referred to there). Three, I "singled out" Goldman and failed to level similar charges at "less Jewish firms" (yes, one letter-writer actually used that phrase) like Morgan-Stanley. A few points in response to this preposterous argument. Firstly I'm going to make a blanket denial and just say that the question of religion was so far outside my thinking while writing this piece that I never even considered it. If this issue had even entered my head so much as once, I probably would have been more careful, and it is remotely possible that I might not then have used a distantly suggestive word like "tribe," if only to avoid having to answer charges like this. But I didn't consider it, for the simple reason that it's completely ridiculous and not at all relevant. For one thing, while Goldman's founders a gazillion years ago were apparently Jewish, I seriously doubt that religion plays any role at all in the makeup of the modern Goldman. I don't have any way of knowing this, but I would be shocked if it weren't true that a majority of Goldman's current employees were not Jewish. And whatever the reality is, I don't care; it's not a concern of mine and we didn't make it a concern in the article. If anything it seems to me that what defines these Wall Street characters is not religion but the absence of it: even a hardened atheist like myself comes away from the experience of reading about the last two decades of Wall Street history shocked by that community's complete and utter Godlessness and moral insanity. What I'm saying in other words is that if any of these clowns actually had a real religious sensibility, we wouldn't be in this mess -- and that's coming from someone who believes all religions to be inherently ridiculous. For Goldman now to hide behind the cloak of Jewish victimhood is both more obnoxious and less convincing than Marion Barry wearing a dashiki after the indictment. Then there is this other argument, the one being bandied about by Time magazine, among others. According to Steven Gandel of Time, the problem with my piece is that it is -- get this -- too specific. According to the above passage, focusing on Goldman in particular when attempting to explain (in general) the crimes of Wall Street to ordinary readers is somehow a distraction from the "real problem." To repeat: ...spend too much time on Goldman and you miss the fact of how broadly the financial system and the regulations that are supposed to keep profiteers in check failed us. I had to read that passage several times to even begin to grasp its ostensible meaning. Apparently this is the best argument that Time could come up with to discredit this article, that the rhetorical technique of using a specific example of a specific bank like Goldman to tell a broader story about Wall Street in general distracts readers from the "more important" issue of how government regulators... failed to stop banks like Goldman! I mean, really, how's that for circular thinking? This is silly stuff even by Time magazine's standards. I've been shocked by how many grown adult people seem to have swallowed this argument, that the argument against Goldman's behavior during the bubbles of recent decades is invalid because "everyone was doing it" -- and other banks, like for instance Morgan Stanley, were "just as bad" as Goldman was. Two things about that. One, it isn't true, not really. By any reasonable measure Goldman is and has been the baddest guy on the block for a long time. When it comes to government influence, no other Wall Street company even comes close. And while maybe one might have made an argument that other players were more damaging to society before the crisis of last year, there's simply no question now, after the bailouts and especially after the AIG fiasco, that Goldman now reigns supreme in the area of insider advantage. To pick any other bank to tell the story of the rapidly growing influence of Wall Street on politics and the blurring of public and private roles would be a glaring journalistic oversight, and surely even Goldman's biggest supporters would admit this. Two, even if it is true that "everyone else was doing it": so what? Who cares? To me this response is highly telling. We published a piece accusing Goldman Sachs of systematically ripping off pensioners and other retail investors by sticking them with rafts of toxic mortgages it knew were losers, of looting taxpayer reserves to cover its bad bets made with AIG, of manipulating gas prices to massive detrimental effect, of helping to explode an internet bubble that caused over $5 trillion in wealth to disappear, and numerous other crimes -- and the response isn't "You're wrong," or "We didn't do that shit, not us," but "Well, Morgan did the same stuff," and "Why aren't you writing about Morgan?" Why didn't we write about Morgan? Because we didn't. Because it's your turn, you assholes. Maybe later someone will tell the story of the other banks, but for now, while most ordinary people are only just learning about the workings of the financial innovation era that blew up in their faces last year, the top dog in that universe is going to be first in line to get the special treatment. That might be inconvenient for Goldman, but it doesn't make the things I or anyone else say about them untrue. Normally I don't care so much when people criticize my work. It goes with the territory. But in this case, the response of a bank like Goldman and Goldman's supporters is characteristic of the subject matter in a way that is important to point out, even after the fact of publication. These are powerful people who know how to play the public relations game, have all the appropriate contacts, and have a playbook that they follow to discredit their critics. Whether it's me now or the next guy who takes them on, they're going to come back with some kind of charge, be it "Everyone was doing it," or "We're just smarter than the other guys, you can't blame us for that," or "The real culprits are the ineffective regulators," something. They're going to say that and more, but whether it's this time or the next time, the important thing is to pay attention to what they don't say. And what they didn't say about this piece is that it was wrong. They didn't deny any of it. They said others were just as bad, they said I was a bad guy, they said it was a conspiracy theory. But they didn't say it was mistaken, and that's the only thing that matters. http://www.smirkingchimp.com/thread/22725 |
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