En Francia por el año 1789, corrían tiempos de crisis, tiempos de profundos y radicales cambios sociales y políticos. La suma de varios factores desembocó en que el precursor de una muerte rápida y menos dolorosa (presuntamente), Joseph Ignace Guillotin sacara adelante su proposición en la Asamblea Constituyente Francesa, y que el uso se hiciera algo muy común en esos años de cambios. Y por cierto el Sr. Guillotin estaba en contra de la pena capital, y ya que era médico quería que por lo menos el sentenciado tuviera una muerte “dulce”, sin duda otra paradoja de la historia. Como versa la historia la guillotina se encargo de cercenar entre 35.000 y 40.000 cabezas de diferentes personajes, entre los que destacan los reyes franceses María Antonieta y Luis XVI, y cuyo periodo de pleno esplendor máximo tuvo posteriormente en el Reinado del Terror 1793-1794 al frente del cual estuvo Sr. Robespierre el “incorruptible” que no dudaba en engrasar la máquina a la más mínima sospecha infundada, y que paradójicamente terminó siendo ajusticiado por la Guillotina, por ser un dirigente sin duda bastante sanguinario.
Los factores que desencadenaros los hechos, en principio fue un hartazgo de las clases populares en cuanto la nobleza y el clero, que disfrutaban de privilegios que asfixiaban a la base de la pirámide, a esto hay que unir años de malas cosechas, hambre por tanto para los más humildes, gasto descomunal en campañas militares para ayudar a ejércitos independentistas al otro lado del charco, la autoproclamación de la Asamblea Nacional, impuestos que asfixiaban a las clases trabajadoras, y derroche como siempre fue de Iglesia y Nobleza, la guerra contra Francia por parte de Austria y Prusia en pro de la monarquía Francesa etc, etc, etc. A partir de ahí se sucedieron en muy pocos años, “gobiernos” y cámaras de representantes y gobiernos de todo tipo que condujo al exterminio de la casa Real o emigración de la nobleza, y la abolición de sus privilegios lo mismo que para la Iglesia, se sucedieron hechos lamentables de gobiernos radicales que cambiaron el panorama político francés de arriba abajo, y con un derramamiento de sangre prácticamente gratuito.
Actualmente nos encontramos muy lejos de la situación que describe la historia, todavía la gente no pasa hambre, por lo menos acude a los contenedores de basura y encuentra algo que llevarse a la boca, o a las asociaciones caritativas que reparte alimentos de primera necesidad (aunque estos ya han puesto el grito en el cielo porque no dan abasto y no pueden atender a la ingente cola de gente desesperada). La gente todavía dispone de techo sobre el que cobijarse, (por lo menos hasta que el banco ejecute la hipoteca), la gente en su mayoría dispone de trabajo (84% frente a un 16% de paro), aunque no sea muy estable, porque más de uno se siente con la “guillotina sobre la cabeza” esperando a que esta caiga y termine en las listas del Inem. El pueblo dispone de recursos para hacer frente a sus necesidades más básicas, al menos la gran mayoría. Todavía tenemos que descender algunos escalones más para llevarnos al caos revolucionario.
El primer escalón sería una especie de argentinización, donde ya hay niños que mueren de hambre en las regiones más pobres del país, una corrupción galopante, un déficit exterior descomunal, delincuencia en idéntico sentido, clase política sin capacidad de revertir la situación, más bien por procurarse un retiro dorado etc, etc etc. Lo único bueno que ocurrió cuando se produjo la intervención de sus depósitos es que el pueblo tomó las calles, protestó y se dio la cara, lo malo que nos le valió de mucho el expolio estaba perpetrado...
El Blog de Mario Seoane 1789 Época Dorada de la Guillotina.