La burbuja de los tulipanes
Este episodio, acaecido en Holanda en el siglo XVII, es uno de los ejemplos más citados a la hora de ilustrar el concepto de burbuja especulativa. Quizás es, por el objeto de la especulación, uno de los más curiosos, aunque desde luego no el único.
Los tulipanes llegaron a Europa Occidental a finales del siglo XVI, y en un principio no eran demasiado populares (ya que en su estado natural no es una flor especialmente atractiva). Sin embargo, tras verse afectados por un virus, empezaron a surgir una gran variedad de colores y una forma, irónicamente, más agradable, lo que provocó un creciente interés por ellos.
La boyante situación económica de Holanda en aquella época, derivada principalmente de su gran actividad comercial, hizo el resto; y a principios del siglo XVII, los bulbos de tulipán se convirtieron en piezas de coleccionista.
En la década de 1630, el panorama llego al clímax de la exuberancia irracional, con un mercado de tulipanes en el que el número de transacciones comerciales era cada vez mayor. Los precios ascendían sin parar, alcanzando cifras absolutamente desorbitadas. Sirva de ejemplo que en 1635 se llegaron a pagar 100.000 florines por 40 bulbos, y por un bulbo de la preciada especie Semper Augustus, se podía llegar a pedir 5.500 florines.
Acuarela anónima del siglo XVII del Semper Augustus, el bulbo más famoso, vendido por un precio record: 6000 florines.En esta situación, generalizada en todo el país, se generó la ilusión de que siempre se ganaba en el mercado del tulipán. Independientemente de a qué precio se comprara, alguien siempre estaría dispuesto a pagar aún más. Gentes de todas las clases sociales se lanzaron a comprar bulbos de tulipán, deshaciéndose de sus bienes más básicos, con la esperanza de revenderlos a otro comprador y así obtener un suculento beneficio. Un marinero desconocedor de los tulipanes fue encarcelado tras comerse por error un bulbo.
Sin embargo, en algún momento de principios de 1637, algunos de los especuladores detectaron signos de agotamiento del mercado, por vez primera no se vendió una colección completamente exclusiva de tulipanes, y decidieron que era buen momento de vender y salir del mercado de tulipanes con las ganancias obtenidas. Esta actitud se contagió rápidamente y el pánico se apoderó del país. Quienes tenían bulbos en esos momentos, adquiridos a precio de oro, se encontraron sin compradores. La situación no era mejor para los que habían comprado mediante un contrato de futuros: se veían obligados a comprar a un precio que ya no era el de mercado.
La situación era tal que el gobierno holandés trato de mediar, estableciendo unas normas que consideraban nulos los contratos realizados a partir de noviembre de 1636, y que establecían que los contratos de futuros debían ser satisfechos con un 10% de la cantidad establecida inicialmente. Sin embargo, estas medidas no dejaron contento a nadie, ya que los compradores se veían obligados a pagar por algo que ya no tenía valor, y los vendedores tenían que vender a un precio menor que el acordado.
La explosión de la burbuja dejó, como siempre ocurre, vencedores y vencidos. Vencieron aquellos que se salieron justo antes de la explosión, acumulando grandes beneficios. Perdieron quienes habían liquidado su patrimonio para especular con bulbos y al final se quedaron con tulipanes y sin casa. Al final, perdió el país entero, que durante años se vio sumido en una importante depresión económica.
[editar] La burbuja de los Mares del Sur
La burbuja de los mares del sur, o crack de 1720, fue una crisis financiera que ocurrió en Gran Bretaña en 1720, debido a una burbuja económica o especulativa iniciada en 1711. Constituye uno de los primeros cracks económicos de la historia.
La Compañía del Mar del Sur (South Sea Company), fundada en 1711 por Robert Harley (entonces jefe del partido Tory), logró el monopolio sobre el comercio con las colonias españolas en América. La compañía, a cambio, aceptó cambiar diez millones de libras en bonos del tesoro contra las acciones a una tasa de interés del 6%, lo que equivalía a una renta perpetua para los inversores.
El primer viaje comercial hacia América tuvo lugar en 1717, pero la ganancia fue escasa. En 1718, las relaciones entre España y Gran Bretaña se deterioraron, lo que ensombreció las perspectivas de la compañía. Aún así, seguía manteniendo que era inmensamente provechosa a largo plazo. En 1717, se hizo cargo de diez millones de libras suplementarias de deuda pública contra una nueva emisión de títulos.
La compañía divulgó rumores cada vez más extravagantes sobre el valor potencial de su comercio con el Nuevo Mundo, lo que tuvo el efecto de desatar la especulación. Las acciones subieron rápidamente, pasando de 128 libras en enero de 1720 a 550 a finales de mayo.
La compañía obtuvo la licencia real para comerciar en exclusiva de manera que su atractivo aumentó y sus acciones llegaron a las 890 libras a principios de junio. Este pico incitó a algunos inversores a vender. Para limitar las presiones bajistas, los directores de la compañía ordenaron a sus agentes comprar títulos, manteniendo así su valor en torno a las 750 libras.
El rápido aumento del valor de la acción provocó un frenesí especulativo por todo el país. Los inversores se interesaron por los mares del sur, pero también por otras acciones. A principios de agosto la cotización alcanzó las 1.000 libras, y la tendencia cambió bruscamente.
Otras burbujas estallaron simultáneamente en Amsterdam y París (Compañía del Mississippi de John Law) y aceleró la caída de la cotización de la compañía. La crisis se propagó a los bancos. Entre los accionistas que se arruinaron estuvieron miembros del gobierno, incluso Isaac Newton, después de haber obtenido una plusvalía de 7.000 libras en abril, acabó perdiendo 20.000 libras. Más tarde, declaró: «Puedo predecir el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de las gentes.»
La cotización quedó en 100 libras antes de finalizar ese año. Ante la cólera de los inversores, el Parlamento se disolvió en diciembre, y una comisión ocupó su lugar.
En su informe publicado en 1721, se reveló un fraude de gran amplitud organizado por los directores de la compañía. Los directores fueron arrestados y llevados a la Torre de Londres. La mayor parte fueron desposeídos de sus bienes. Así, a John Blunt no le quedaron más que 5.000 libras de las 183.000 que tenía. James Cragg se suicidó. El nuevo canciller y el primer lord del tesoro, Robert Walpole, anunciaron una serie de medidas para restablecer la confianza pública y la solvencia de la compañía.
La compañía continuó con su comercio (cuando no quedaba interrumpido por la guerra) hasta el final de la Guerra de los siete años. Sin embargo, su función principal fue siempre manejar la deuda gubernamental, más que comerciar con las colonias españolas. La compañía de los mares del sur continuó encargándose de administrar parte de la deuda nacional hasta que se abolió en los años 1850.
[editar] El crack del 29
Se conoce como Crack del 29 a una de las mayores caídas de la Bolsa estadounidense que degeneró en la mayor crisis mundial que el capitalismo haya conocido jamás.
Todo empezó con la caída en picado del precio de los valores que se cotizaban en la Bolsa de Wall Street en Nueva York. La bajada masiva del valor de las acciones arruinó a muchísimos inversores, cerró empresas y bancos, condenó al paro a millones de personas y, debido al efecto dominó, trasladó el mismo problema a muchas naciones.
Las repercusiones fueron gravísimas tanto para los países desarrollados como para los países en desarrollo. Europa, que se estaba recuperando todavía de la Primera Guerra Mundial, conoció una nueva etapa de paro y miseria y, como consecuencia, el ascenso de movimientos de extrema derecha y de extrema izquierda.
[editar] ¿Cómo se llegó a esta situación?
Para entender el origen de la crisis hay que remontarse a la Primera Guerra Mundial. Para los Estados Unidos la contienda fue una fuente de grandes beneficios al convertirse en proveedores de sus aliados y, posteriormente, de los demás. Tras la guerra, muchos dólares fueron a parar a Europa como préstamo para la necesaria reconstrucción. En Alemania, por ejemplo, hubo mucho dinero estadounidense invertido.
Cuando se habla de la crisis del 29, keynesianos y estatistas, en general, se refieren a dos elementos claves que ayudan a su explicación:
Superproducción
Especulación.
[editar] Superproducción
Acabada la guerra, Estados Unidos no puede vender tanto como antes a los países exbeligerantes. Los gastos de reconstrucción económica en las zonas asoladas por la guerra impiden la compra masiva de productos a los EEUU Los países afectados adoptan medidas proteccionistas para lograr la recuperación de sus economías. En consecuencia, EEUU se queda sin colocar en el mercado enormes contingentes de productos. Aparecen los stocks. Se da pues una situación de superproducción o, si se prefiere, un exceso de oferta. Aunque por otra parte, otros autores afirman que esta superproducción era consecuencia más de un subconsumo, es decir, el problema no es el exceso de oferta, sino más bien la reducción de la demanda: al presentarse bajos niveles de consumo, no se consume todo lo que se produce.
[editar] Especulación
Hay un boom especulativo. El valor de los títulos cotizados en Bolsa suben, continuamente, a pesar de la baja demanda de productos existente ¿Cómo es posible esto? La explicación está en los bajos tipos de interés. El dinero barato prestado por los Bancos se invierte en Bolsa con la seguridad de que va a reportar grandes beneficios.
Cada vez se acumulan mayores contingentes de mercancías y productos que no tienen salida en el mercado. La superproducción de bienes en la industria y en la agricultura se encuentra en una situación difícil, dado el exceso de oferta. Ello hace que los precios empiecen a bajar. Se empieza a sospechar de un sistema que, aparentemente, prometía ganancias sustanciosas y progreso sin límites. Aparecen las dudas, los miedos y el nerviosismo entre la población inversora. Se ponen a la venta, masivamente, grandes cantidades de acciones y el valor de estas acciones cae en picado.
Para el liberalismo y el monetarismo, en cambio, el crack de 1929 no fue en absoluto el fracaso del libre mercado, sino la consecuencia lógica de la intervención estatal, en concreto, de la salvaje e irresponsable manipulación de la moneda por parte del Sistema de Reserva Federal. La mayor emisión de moneda de la FED incrementó la oferta de dinero en más de un 60% desde mediados de 1921 y hasta mediados de 1929. Esta enorme liquidez inyectada en el mercado fue a parar, en gran medida, a los mercados financieros, provocando la expansión incontrolada del crédito bancario.
Toda expansión artificial de la moneda y el crédito provoca desequilibrios en la economía al enviar falsas señales, favoreciendo la inversión en empresas de gran riesgo o bajas posibilidades de beneficio, colocándola al borde de una caída, que solamente puede empeorar cuando el gobierno cambia su política de dinero fácil por una de contracción monetaria. El 3 de septiembre de 1929 se alcanzó el máximo en Wall Street. La Reserva Federal quiso detener la burbuja parando en seco la expansión monetaria. Redujo la oferta de dinero subiendo las tasas de interés y, en los siguientes tres años, la oferta de dinero se redujo en un 30%. Pero la deflación sólo provocó el estallido de la burbuja, haciendo pasar a la economía de un tremendo boom a una colosal depresión. El crash del 29 fue un síntoma, y no la causa de la Gran Depresión.
[editar] El Jueves Negro
Plantilla:AP Tiene lugar el Jueves Negro: el 24 de octubre de 1929 el valor global de los títulos cotizados en Bolsa baja varios miles de millones de dólares. El pánico se apodera de Wall Street. Todo el mundo quería deshacerse de sus acciones, pues cada vez valían menos. Es el crack. Pequeños, medianos y grandes accionistas se arruinan. Algunos llegan a suicidarse (se tiran de los balcones de la bolsa).
Sin embargo el viernes la venta de títulos parece contenerse. El fin de semana es de auténtica reflexión y el lunes nuevamente la situación está en un estado que no permite adivinar si la caída pasada fue una más, algo más dura que las anteriores, pero una más; o por el contrario, si era el comienzo de una crisis.
[editar] El Martes Negro
El martes 29 de octubre de 1929 vuelve la venta desmesurada de acciones, la falta de dinero, la devaluación continuada y el comienzo de la depresión.
A partir de esto, se produce una crisis de confianza en el sistema financiero provocando un efecto «dominó». La situación arrastra a bancos y empresas. Muchos reclaman sus ahorros y se quedan sin ellos. No hay que olvidar que las entidades financieras han prestado dinero a particulares para su inversión en Bolsa (inversiones a crédito). La cuestión se complica. La bajada de precios origina el descenso de la producción y del empleo. Cada vez se produce menos. Se cierran empresas. Aumenta considerablemente el desempleo. El caos es total y muchos empleados se suicidan, o se convierten en vagabundos.
Luego la crisis se trasladó a Europa, donde las economías están conectadas a través del comercio y las inversiones. Por ello, los efectos de la depresión estadounidense se dejaron sentir en muchísimos países. EEUU dejó de comprar materias primas y repatrió dólares invertidos en Europa (por ejemplo, como ya se dijo, en Alemania había mucho capital estadounidense invertido). La crisis fue especialmente dramática en Europa dado que aún no se había recuperado de la pasada guerra. La consecuencia más importante fue el ascenso del totalitarismo Nazi y su afán expansionista. Preludio de una nueva y mucho más cruenta Segunda Guerra Mundial.
[editar] Soluciones a la crisis
Para hallar soluciones a la crisis, se reunió en Londres una conferencia internacional. No hubo acuerdo, así que cada país buscó su propia solución a la crisis, fomentando el nacionalismo.
Algunos estados apostaron por la autarquía, pero la mayoría recurrió al clearing, a la intervención estatal en la economía y a la creación de empresas del Estado, siguiendo las propuestas del economista británico John Maynard Keynes,nacido en Cambridge. Su principal obra es Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero (1936). Criticó los mecanismos del capitalismo liberal desde la Primera Guerra Mundial. En su obra, expuso su pensamiento económico, según el cual, la demanda y el consumo, son el motor del crecimiento económico, pues de éste dependen los beneficios y la inversión empresarial y, por lo tanto, el empleo partidario del endeudamiento público para reactivar la economía.
En EE.UU., el presidente Franklin Delano Roosevelt adoptó un conjunto de medidas conocido como New Deal encaminadas a reanimar la producción industrial y a paliar los efectos de la pobreza y el paro.
[editar] La burbuja financiera e inmobiliaria en Japón
La Plantilla:Nihongo constituyó un proceso de revalorización continua de activos financieros e inmobiliarios ocurrido en Japón a partir de 1980, y que finalizó en 1990. Se considera una de las mayores burbujas especulativas de la historia de la economía moderna.
Variación en la valoración de los inmuebles correspondientes al periodo 1970-2004 para la ciudad de Tokio
[editar] Planteamiento de la burbuja
Durante la década de los 80 Japón tuvo un elevado superávit comercial, que fue empleado por los bancos para la adquisición de tierras y acciones. Los precios de tales activos comenzaron a crecer de manera espectacular. El mercado inmobiliario hacía crecer el mercado de valores, y éstos, a su vez, provocaban el crecimiento de los activos inmobiliarios. La mecánica del proceso consistía en revalorizar las acciones de una empresa determinada a partir de sus propiedades inmobiliarias, y esa revalorización se empleaba para comprar más bienes inmuebles.[1] Durante el periodo de euforia, la masa monetaria creció a un ritmo del 9% anual.
Los datos que reflejan el alza de precios en los activos inmobiliarios y bursátiles son tan espectaculares que algunos analistas deben insistir en que son ciertos ante la incredulidad del lector:
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[editar] La burbuja inmobiliaria
En el periodo 1955-1989 el valor de los bienes inmuebles japoneses se había multiplicado por 75, y suponían el 20% de la riqueza mundial, aproximadamente 20 billones de dólares, un valor equivalente a cinco veces el territorio completo de todos los Estados Unidos, país que contaba con una extensión 25 veces mayor. Sólo el entorno metropolitano de Tokio tenía el mismo valor que todo Estados Unidos, y un distrito de la capital (Chiyoda-ku) estaba valorado más que todo Canadá. Si se hubiera vendido el Palacio Imperial de Tokio, se habría obtenido el equivalente al valor de todo el estado de California. Los 1990 campos de golf de Japón doblaban el valor de la capitalización de la bolsa australiana.[3]
[editar] La burbuja bursátil
Dada la interconexión de los valores inmobiliarios con las acciones de las empresas, éstas también sufrieron un proceso de revalorización. El valor de las acciones de la bolsa japonesa se multiplicó por 100 en el periodo 1955-1990. Una sola empresa japonesa (Nomura Securities) valía más que todas las casas de bolsa norteamericanas. En diciembre de 1984 el índice nikkei alcanzó los 11.542 puntos. En diciembre de 1989, ya había alcanzado los 38.915 puntos. Tras el estallido de la burbuja, en junio de 1992, el índice nikkei había caído hasta los 15.951 puntos. En general, se piensa hoy día que los altos valores bursátiles ocultaban una muy baja rentabilidad de las empresas.
[editar] El final de la burbuja
Entre principios de 1998 y agosto 1990 el Banco Central de Japón, ante el riesgo inflacionista de la economía y la depreciación del yen frente al dólar decidió aumentar el tipo de interés bancario, que pasó del 2,5% al 6%. Los precios de las acciones sufrieron un fuerte descenso (entre enero de 1990 y agosto de 1992 el índice nikkei perdió un 63% de su valor) y los precios de los bienes inmuebles cayeron. Dado que las acciones tenían como garantía los bienes inmuebles, el sistema financiero entró en una grave crisis. Al momento en que la burbuja especulativa estalló se le conoce como Plantilla:Nihongo.
[editar] Factores que intervinieron en el nacimiento de la burbuja
Plantilla:AP En diversos estudios se ha tratado de aclarar las razones que llevaron a una sólida economía como la japonesa a una crisis de tales dimensiones.
Cuando la burbuja estalló, muchos pensaban que Japón había adelantado a los Estados Unidos, y se había convertido en la primera superpotencia económica. Tras la Segunda Guerra Mundial, Japón experimentó un desarrollo extraordinario. En el periodo 1955-1972 la economía nipona creció una media del 10% anual. De 1975 a 1990 el crecimiento fue más moderado, pero aún así, alto: un 4%. A partir de 1990, el crecimiento se estancó en un 1%.[4]
El modelo económico japonés explicaba, a ojos de los occidentales, la prosperidad del país asiático. Paradójicamente, este modelo fue, según algunos analistas, el causante de la crisis. La economía japonesa estaba fuertemente influida por los valores culturales del confucianismo, el taoísmo y el budismo[5]. El paternalismo capitalista, la edad como paradigma de la autoridad, la tradición de consenso en la toma de decisiones que afectan a la economía del país, el proteccionismo económico vinculado a un fuerte nacionalismo, la hiperregulación del mercado laboral y la identificación del trabajador con la empresa (que en las grandes corporaciones garantizaba el empleo de por vida) habían garantizado un funcionamiento eficiente del sistema productivo.
Por otro lado, la estructura empresarial japonesa no se parecía a la occidental. En Japón regía lo que se llamaba «el gobierno de las empresas» y «el sistema de un banco principal» (main bank system). Este último concepto hace referencia al entramado de los «keiretsus» (grupos empresariales) que de ordinario presentaban una estructura en cuya cúspide se encontraba una entidad financiera bajo la cual se extendían una serie de empresas con participaciones cruzadas. Los «keiretsus» tenían como principal defecto su escasa transparencia financiera (lo que, al parecer, sería determinante para la crisis posterior). En cuanto a «el gobierno de las empresas», se trataba de una fuerte interrelación entre las esferas política, académica y empresarial, según la cual el funcionamiento de la sociedad japonesa, en todos sus ámbitos, era garantizado por la élite empresarial con la aquiescencia del gobierno.[6]
Otra de las características de la economía japonesa era su vocación exportadora, lo que permitió la entrada de enormes cantidades de capital exterior en forma de beneficios. La abundancia de riqueza fue también determinante para explicar el alza de precios del periodo 1980-1990. Según informes del Banco de JapónPlantillainreferencias, otros factores que catalizaron la burbuja fueron el aumento de la demanda, la relajación de la política monetaria y la desmesurada demanda de vivienda por motivos fiscales.
Algunos analistas niegan que el impacto de los beneficios producidos por las exportaciones fuera el verdadero causante de la burbuja. Según esta corriente de análisis, las empresas exportadoras fueron relativamente independientes del "banco principal", y para entonces el «main bank system» había variado su estructura. La mayor parte de las entidades había dirigido sus actividades financieras hacia el mercado interno, casualmente, hacia el sector de la construcción y de las empresas inmobiliarias.[7] La fuerte dependencia del sector financiero de esas empresas explicaría el hundimiento posterior de la banca japonesa, tras la depreciación de los bienes inmuebles.
[editar] Consecuencias del fin de la burbuja
Como consecuencia de la crisis financiera se inició una recesión económica que todavía continuaba en el año 2007. Al periodo se le conoce en japonés como Plantilla:Nihongo.
El fenómeno del paro, inédito en el país en virtud del «gobierno de las empresas», apareció en la sociedad japonesa. En el año 2002, el desempleo era del 5,4%. [8] Debido a la pérdida de valor de los bienes inmuebles se produjo un efecto riqueza negativo, que redujo de manera importante el consumo. El precio de la vivienda no volvería a elevarse hasta pasados catorce años (La Vanguardia, 2 de agosto de 2006), y lo haría un tímido 0,9% de media. El credit crunch consecuencia de la quiebra de numerosas entidades financieras aumentó las dificultades de crédito y paralizó la economía[9]
El arraigado sistema de recompensas de la sociedad japonesa[10] se vio, así mismo, trastocado. Durante el periodo de euforia, la ingeniería financiera (zai-tekku) sustituyó los valores relacionados con el trabajo y la responsabilidad, creándose una espiral de avaricia y enriquecimiento rápido que descompuso algunos de los principios rectores de la moral pública nipona.
[editar] Enlaces externos y fuentes
[editar] Análisis e informes
Ángel Ubide: La trampa estructural de Japón. Lecciones para Europa y Estados Unidos.
Japón, del estancamiento a la recesión.
Ángel Ubide: La trampa estructural de Japón. Lecciones para Europa y Estados Unidos.
Informe del Banco de Japón
RIETI speech tran******
[editar] Seguimiento del mercado inmobiliario japonés Immobilier Japon
de:Bubble Economy en:Japanese asset price bubble fr:Bulle spéculative japonaise ja:バブル景気 fi:Japanin kuplatalous zh:日本泡沫经济
[editar] Burbuja Inmobiliaria en el Madrid del siglo XIX
Existen casos documentados de otras burbujas económicas en España. Son casos muy locales, sin influencia internacional e incluso apenas en otros mercados nacionales. Sin tener la importancia de los casos anteriores, auténticos ejemplos de manual, resultan útiles para mostrar cómo la dinámica de un crack especulativo es siempre muy parecida, incluso aunque se produzca a pequeña escala.
Un ejemplo es la burbuja inmobiliaria que se desarrolló en Madrid durante el proceso de urbanización de su ensanche, a mediados del s.XIX.
"Desde 1860 a 1865 la especulación del suelo o la edificación de inmuebles, bien en el interior del casco urbano o en el proyectado ensanche, atraen buena parte de los capitales disponibles, a la par que se convierte en el principal sector generador de empleo. En este periodo los precios del suelo se disparan: así, el precio medio del pie cuadrado (12, 88 pies = 1m2) edificado en Madrid pasa de 81,33 reales en 1860 a 172,55 reales en 1863. Tales beneficios no los reportaba ninguna otra actividad económica.
A partir de 1866 el mercado inmobiliario madrileño ofrece un claro desfase entre oferta y demanda: se ha construido demasiado y muy caro para las escasas posibilidades de consumo de una sociedad como la madrileña; por otro lado, la especulación con terrenos en el ensanche ha llegado al máximo, de tal forma que los precios del suelo inician una caída lenta a partir de 1865 que se transforma en desplome en 1866 y 1867: de 144 reales/pie cuadrado en 1865 se pasa a 89 reales en 1866, alcanzando el mínimo en 1867, con 73,5 reales. Este descenso de los precios, unido a los inmuebles sin vender, se traduce en la disolución o quiebra de las compañías inmobiliarias y de las innumerables cajas de ahorro especializadas en este tipo de negocios. Tal es el caso de la célebre empresa "La Peninsular", dirigida por Pascual Madoz".
Excelente post.
Habría que mirar más hacia adelante en el post y adivinar cuales serán las próximas burbujas, ¿el petróleo, el oro, la longaniza, el atún...?
Todo esto no es más que desinformación interesada de Paco Jones, sin duda a sueldo de algún lobby de mangantes (burbujistas, creo que los llaman) ávidos por provocar una bajada en los precios de los activos con el que enriquecerse a costa de la ruina de la sociedad. Esta gente de baja ralea y peor instinto, sin embargo, nunca lograrán sus objetivos. De hecho, toda la información aportada por este esbirro de "los malos" es falsa: no hay más que comprender la Única Verdad Existente (UVE) de que la Vivienda Nunca Baja (VNB). ¡Y menos en Madrid, hombreeee! (eso, por si sólo, es prueba más que suficiente de lo que estoy diciendo es cierto).
Ya en serio: a mi lo que me tiene fascinado es que, después de tanta historia, después de tanta economía, de tanto modelo, de tanta enjundia académica, de tanta praxis gubernativa, de tanto dato acumulado. Después de dos siglos y pico de capitalismo, todavía no seamos capaces de controlar nuestro propio monstruo. Y más cuando la clave está ahí a los ojos de todos: la especulación. ¿Tan difícil es ponerle coto? ¿No se puede o más bien se sigue manteniendo la esperanza, una y otra vez, de que un mundo especulativo es posible? ¿Cuántas veces va a haber que tropezar con la misma piedra para dar el brazo a torcer?