Emoción contenida. Ese era el ambiente que se respiraba ayer en el salón de actos del Centro Cultural la Petxina donde la empresa municipal Aumsa sorteó 82 viviendas de protección oficial, de promoción pública y privada, en cuatro zonas de la ciudad (Moreras, Campanar, Cabanyal y San Isidro). Cientos de personas -había más de 2.000 inscritos- concurrieron ayer al sorteo con los dedos cruzados y haciendo cuentas para ver si en el actual contexto de crisis, paro y falta de crédito podrán hacer frente a las letras. El sorteo comenzó puntual, a las 17 horas, con el salón de actos hasta la bandera. Las primeras viviendas adjudicadas fueron las 32 VPP construidas por promotores privados en Moreras, un nuevo barrio lindante con las exclusivas y caras zonas de la Ciudad de las Ciencias y el futuro barrio del Grao.
En el sorteo estaba
Charo González, una empleada de banca de 37 años, que optaba a una de estas viviendas. Cree que "son demasiado caras para ser de precio tasado". El metro cuadrado de la VPP está en 2.300 euros en Moreras, lo que se traduce para una piso de 90 metros cuadrados en 200.000 euros. A esto hay que sumar garaje y trastero lo que puede poner el p
recio final en 240.000 euros. "Quería un piso cerca de la Ciudad de la Ciencias y es el precio que hay que pagar por vivir en esa zona".
Esther Falcó, de 31 años, tuvo suerte y se adjudicó una de las viviendas con opción de compra que Aumsa construye en Campanar y San Isidro.
Todavía no sabe si podrá hacer frente al pago de la letra. La madre, profesora de la Escuela Oficial de Idiomas, explica que si el alquiler ronda los 300 ó 400 euros su hija, que consiguió trabajo hace un mes como visitadora médica, podría asumir el pago. Si es más caro, la familia tendría que replantearse las cosas. "Tengo tres hijos más y aunque queramos tendríamos que ver si podemos ayudarla", apunta.
El alquiler con opción de compra es una de las modalidades más demandas dada la coyuntura de crisis. Los arrendatarios pagan un alquiler -que se determina en función del precio del módulo y el tamaño de la vivienda- y al cabo de cuatro años el ayuntamiento les plantea la posibilidad de comprar la vivienda, descontándose lo que ha pagado de alquiler. Esther Falcó apunta que "hoy día es imposible comprarse un piso de renta libre". Es mileurista y hasta ahora no tenía más opción que vivir en casa de sus padres. Al escuchar que su número había sido agraciado con una de las viviendas no se lo podía creer. "Nunca he tenido suerte en estas cosas", apuntó.
El perfil del aspirante a una vivienda de protección oficial es variado y cada vez más amplio, desde jóvenes que optan a una primera viviendas, hasta inmigrantes pasando por personas con minusvalías o parientes a su cargo. En el sorteo se vieron situaciones extremas.
Antonio Rodríguez se apuntó hace meses, cuando trabajaba como camarero, a la bolsa de viviendas de alquiler del Cabanyal. Se ha quedado en paro hace poco y su casero les echa de casa porque necesita la vivienda.
Ayer confiaba en que le tocase uno de los pisos de alquiler aunque no sabe bien cómo lo pagará. Vive con su mujer, que cobra una pensión de 335 euros por minusvalía. "He echado solicitudes a todos los sitios". "Si no nos dan una vivienda nos iremos a vivir debajo del puente", apunta su esposa.
"Para ser viviendas protegidas, están muy caras" - Valencia - Levante-EMV