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Obama el Estatista

La Tribuna Hispana USA - Informando a la Comunidad desde 1988

02/10/09

A. Mondragón / LTH


En su primera rueda de prensa, el presidente Barack Obama dijo que el gobierno es “la única entidad que queda” para romper la recesión. Toda un admisión de que el rol estatista y/o socialista del gobierno es, por ahora, la única de vía para evitar una catástrofe de proporciones apocalipticas, como él mismo lo está advirtiendo en su S.O.S. para que el Congreso apruebe su plan de estímulo económico de $800 mil millones. ..

Oir al presidente Barack Obama el pasado lunes, en su primera conferencia de prensa, fue como escuchar un eco de lo que el economista Paul Krugman escribió unos días atrás en su columna del diario The New York Times (1), donde el Premio Nobel de Economía 2008 advierte que la economía del país está al borde del abismo, a causa de que los Republicanos y Demócrtas centristas, en el Senado y el Congreso, están convirtiendo el paquete de estímulo económico en otra ronda de reducciones de impuestos al estilo de Bush. Lo curioso es que, recientemente, el presidente creó un grupo de consejeros económicos para su presidencia, pero en la lista de integrantes no figuraba Krugman.

En todo caso, con el motto "algo es algo, peor es nada", el presidente y sus aliados pronostican algo así como "Katrina económico" –haciendo alusión al devastador huracán del 2005– si no se ejecutan acciones inmediatas para subsidiar con miles de millones de dólares a lo que antes se llamaba el libre mercado, y el presidente vendió este mensaje al público, vía conferencia televisada en la hora de mayor audiencia, para promover el paquete de rescate económico de unos 800 mil millones de dólares.

Durante la conferencia afirmó que el paquete de recuperación económica tiene que girar en torno a “crear o salvar 4 millones de empleos y sentar las bases para el crecimiento económico”. Obama subrayó que ante las dimensiones sin precedente de esta crisis, el gobierno es “la única entidad que queda” para romper el ciclo recesivo y descartó todo argumento que se opone a la intervención gubernamental en esta coyuntura, que describió como la “emergencia económica más profunda desde la Gran Depresión”.

Y subrayó: "Lo que no haré es regresar a las teorías fracasadas de los últimos ocho años... de eso se trató esta última elección”.

Obama señaló que los objetivos primordiales son hacer fluir de nuevo el crédito, estabilizar el mercado inmobiliario, y sobre todo revertir el desplome y recuperar el crecimiento económico.

Tras fracasar en su intento de generar un amplio acuerdo bipartidista en el Senado, ante la renuencia del liderazgo republicano a pesar de un intenso cabildeo directo del presidente, Obama busca intensificar la presión sobre los legisladores apelando directamente al electorado.

Por ahora, después de algunas concesiones del presidente y los senadores de su partido, el Senado ha llegado a un acuerdo con el apoyo de tres republicanos moderados y con ello se superan los 60 votos requeridos para proceder hacia la aprobación del paquete. Pero aún así queda la difícil reconciliación de los proyectos de leyes del Senado y la Cámara de Representantes. Por ejemplo, el Senado cortó $40.000 de ayuda para los estados, y tampoco incluye $19.000 millones para la construcción de escuelas, reduce los subsidios a los seguros de salud para los desempleados y aumenta los recortes de impuestos. Si esto finalmente ocurre, se convertirá en poco más que otra ronda de recortes de impuestos al estilo Bush y será un camino a la destrucción, como advierte el Premio Nobel de Economía 2008.

Y la advertencia de Obama tiene un nuevo nivel de alerta tras conocerse que casi 600 mil empleos se evaporaron sólo en enero –y con ello un total de 3.6 millones de empleos perdidos desde que se inicio esta recesión en diciembre de 2007–, por lo que el pánico empieza a sentirse en todo el país. Y los pronósticos sólo indican que esto no ha tocado fondo, lo que presiona a la cúpula política a tomar medidas cuanto antes.

Para resucitar a esta economía moribunda, afirman los políticos y economistas tanto liberales como conservadores en un consenso inusual, se requiere de un gasto federal gigantesco cuyo objetivo es estimular el consumo, la inversión y la generación de empleo tan pronto como sea posible. Qué tamaño, en qué invertir los fondos, y cómo distribuir este tesoro está al centro del debate. La mezcla de gasto público y reducciones de impuestos aún está en disputa.

El paquete incluye apoyo federal a la educación, salud, infraestructura y otras obras públicas, asistencia directa a gobiernos estatales y locales para evitar recortes de servicios públicos y despidos en el sector público, inversión en proyectos de energía alternativa, como estímulos a través de reducción de impuestos o subsidios a algunos sectores entre otras iniciativas. Varios economistas destacados han insistido en que debería de ser aún más grande, ya que el tamaño del “hoyo” en la economía estadunidense en el transcurso de los próximos tres años, se calcula en más de tres veces ese monto.


¿Y cómo se pagará la deuda?

Pero la gran cuestión que pocos se atreven a plantear y otros a responder es ¿cual será en el futuro el precio a pagar por estos rescates financiero? teniendo en cuenta que, como dice Krugman, el paquete de Obama y el anterior de Bush no serán los únicos y apenas servirán para aliviar ciertos sectores de la economía.

Los únicos dos caminos conocidos para reunir el dinero para el estímulo económico son: La impresión de más dólares, o el lanzamiento de más bonos del tesoro estadounidense al mercado bursatil.

La primera medida, bajo las actuales circunstancias, es poco plausible porque ello conllevaría a una inflación de precios dentro del mercado doméstico lo cual entraría en colisión con la deflación de precios. Es por eso que para el nuevo plan de rescate del sector financiero, el gobierno no pretende pedir plata fresca. La propuesta sería el segundo camino: atraer a los inversores privados, vía los bonos del tesoro públicom y utilizar los fondos que todavía no fueron asignados de los 700 mil millones de dólares del rescate impulsado por Bush. “Todavía estamos haciendo algunos ajustes menores, pero estamos listos para anunciar lo que creemos que será un plan amplio y de largo alcance”, señalaron desde el Tesoro.

Pero ¿cual es el gran inconveniente del segundo camino? La respuesta es la deuda pública que, con los nuevos paquetes, alcanzaría los 11 millones de millones de dólares. ¿Y Estados Unidos podría pagar esa deuda? Como están las cosas imposible, según lo han advertido varios analistas desde hace meses, entre ellos los del Laboratorio Europeo de Anticipación Política. ¿Y qué pasaría?

En un reciente artículo, Rubén Ramallo, catedrático de la Universidad de Palermo, repasa y cita varios comentarios de origen estadounidense señalando la creciente preocupación sobre el futuro de los bonos del Tesoro, es decir que se vuelvan impagables. Muchos prevén un final catastrófico, la más contundente fue la revista especializada en inversiones Barron’s, que alertó “Salgan ya” (“Get out now!”) a sus lectores con bonos. Otros advierten que la tendencia de los bancos centrales es a la venta y no a la compra de títulos del Tesoro estadounidense.

En este contexto, los bonos, no hay duda, se han convertido en otra burbuja, pero la Madre de Todas las Burbujas. La que abarca a todas las demás: la de las acciones tecnológicas, la inmobiliaria, la crediticia, etc. "El drama es que, esta vez, tendría un alcance desmesurado, por el grado de exposición de las principales economías del mundo y por lo que representan éstas en la economía global. Todo el modelo de acumulación estaría en juego. ¿Alguien se imagina el final del neoliberalismo como un monstruo que se devora a sí mismo?", cuestiona el analista Raúl Dellatorre, en Página 12.

¿Lo saben esto los amos del mercado y quienes dirigen el país? ¡Por su puesto que sí! Entonces ¿porque siguen con el juego? La respuesta está en que, como ya ha sucedido en otros países donde se experimentó el neoliberalismo en los 80's y 90's, una de las salidas radica en el cambio de moneda. Sí, una devaluación cataclismica del dólar de un día a otro y la creación de una nueva moneda --el Amero--, haría que el país "re-estructure su deuda" y, de paso, deje en la miseria a quienes posean valores en dólares --esencialmente a los poseedores de los bonos del tesoro. Es decir, si antes te debía 100, ahora solo te debo 10. Y aquí está tu pago, porque yo mismo fabrico la moneda (el Amero).

(1) El artículo fue traducido al español y publicado ela página web de La Tribuna Hispana USA en La Tribuna Hispana USA - Informando a la Comunidad desde 1988


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