Los mordiscos más divertidos son los de los dragones de Komodo. Si no mueres tras perder una extremidad en el ataque, lo haces horas después víctima de las bacterias que contiene la saliva del dragón. El dragón de Komodo es una maravillosa criatura que merecería un hilo aparte ( o un club de fans) por lo prehistórico que resulta, por su fuerza, su tamaño y velocidad para cazar presas, creo que puede alcanzar hasta los 20 km/h. Me fascina este bicho. Y lo bien que se aguanta en pie además si se lo propone, el muy lagarto. Más fotos de esta preciosidad de animal: