| Hay que endurecerse, hay que aprender a reirse de ellos
Solo así, con una crueldad ejemplarizante que dure generaciones, evitaremos que se repita algo asi en el futuro de nuestros hijos.
Adelante y menospreciémosles todo lo que seamos capaces, el ser pepito ha de convertise en un estigma de apestado.
Si pudiera obligárseles a llevar un cucurucho en la cabeza, como en los viejos tiempos, sería perfecto. |