| Como muy bien apuntas, ambas cosas: un éxito porque la bomba al no ser radioactiva es menos contraminante (aunque muchos resíduos de explosivos convencionales son cancerígenos y distan mucho de ser inocuos), y un fracaso porque cada nueva arma que se añade al arsenal amenaza con alterar el status quo, cosa que siempre es un problema. La capacidad de destrucción mutua asegurada nuclear al final ha servido como un poderoso freno psicológico para evitar confrontaciones a gran escala. Ir produciendo armas convencionales super-destructivas lo que podría hacer es ir difuminando los límites mentales entre convencional y nuclear y en caso de conflicto, posibilitar una escalada gradual que finalmente condujese a la destrucción total. Cuanto más suave sea la pendiente de la escalada, más probable es que se produzca. Este dipositivo allana un escalón más. |