Pensaba que debajo de su trapo no había nada, pero rectifico, debajo su trapo solo hay un inmenso y fétido cagarro nazi.
Dicho esto, conste que sigo perdidamente enamorado de Vd. Seguro que sus ojos son dos luceros y sus dientes, brillantes perlas de nacar. De sus cabellos no opino , porque el puto trapo impide que me los pueda imaginar.