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Elpaisdelasmaravillas Elpaisdelasmaravillas está desconectado
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Ignorar usuario para siempre
Desde hace demasiado tiempo, nos domina una mentalidad derrotista que está siempre dispuesta a ahorrarnos cualquier sacrificio y que actúa como un interruptor infalible que nos desconecta de la realidad aún frente a las situaciones más espeluznantes. Somos por definición ciudadanos que no necesitan rendirse al sistema puesto que ya venimos convenientemente alienados desde la cuna, descreídos y desconfiados, educados en la sumisión al Estado y a la autoridad competente, por incompetente que ésta sea. Sólo alcanzamos a entender la Humanidad como un ente orgánico y amorfo que se esparce por la tierra y con la que tenemos un parentesco lejano. Y aún cuando se trata de nuestro mundo, el más cercano, el que nos toca directamente, recurrimos a una imagen llena de tópicos, de desastres congénitos e irremediables que asumimos con resignación sin dar lugar a la más mínima reacción en nombre de la razón.

No tenemos espíritu crítico en un sentido pleno, es decir: en el sentido de criticar y obrar en consecuencia. Somos aficionados a los exabruptos y las diatribas, a la telebasura y lo freak. Así las cosas, en nuestro caso, del dicho al hecho no es que haya un trecho, es que media un abismo insalvable que hemos dado por bueno con el fin de ahorrarnos cualquier esfuerzo añadido. Bastante tenemos ya con pagar la hipoteca.

Para sobrellevar esta impenitente actitud de corderos que rezongan, de cuando en cuando participamos de algún espejismo y nos manifestamos, siempre y cuando un partido político, rebosante de medios por obra y gracia del dinero público y de otros recursos inconfesables, nos ofrezca un trayecto aceptable y unas consignas que resulten atractivas y fáciles de retener y repetir. Nuestra máxima expresión del activismo se limita a participar en movimientos de masas “llave en mano”, que duran lo que dura un paseo de domingo.

Así, en estos últimos años ha habido exceso de espejismos. Nos han sacado de procesión una y otra vez en nombre de los más elevados ideales. Y como chicos obedientes y acomodados que somos, hemos desfilado tras la cabecera de la manifestación, ese lugar de honor en la que los sitios preferentes están reservados a personajes que no han dudado en instrumentalizar cualquier pasión – alta o baja - en su propio beneficio. A día de hoy, todos estos personajes han ido desapareciendo, y los que quedan se nos aparecen como cadáveres en avanzado estado de descomposición que conviene enterrar por simple cuestión de higiene democrática. Ante nuestra mirada de corderos, los otrora encumbrados líderes y lideresas se pudren a gran velocidad, devorados por la crisis y sus propias miserias, mientras insisten en llevarse a la tumba los más sagrados valores, dejando tras de sí una sociedad civil atrapada en el desastre y en un infierno de leyes, trampas legales, decretos y ordenanzas, a merced de una superestructura implacable que impide cualquier posibilidad de regeneración, es decir: de salvación.

Recesión económica, crisis social y corrupción: esta es la herencia que nos queda. El lógico resultado de nuestra pasividad frente a las obras de estos políticos profesionales acostumbrados a delinquir impunemente al amparo de una Transición devenida en trampa mortal. Y de los elevados ideales, ¿qué se puede decir? Están enredados en intereses y tan recubiertos de mugre que no es de extrañar que un gran número de ciudadanos hayan quedado incapacitados para distinguir lo que es correcto de lo que no lo es en absoluto.

Nuestro sistema político es en la práctica una ficción democrática. Carece de separación de poderes, de mecanismos de control que funcionen, de partidos políticos con listas abiertas, de cauces para poder expresarnos como sociedad civil. Y aún así ostentamos el título de ciudadanos. Quizá ha llegado la hora de probar a ser dignos de tal título. Para todo siempre hay una primera vez, hasta para recuperar la dignidad. Y, en el caso de España, ya toca


Javier Benegas
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“Ante estas murallas fueron humilladas Inglaterra y sus colonias”
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