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Grandísimo Gurú burbujista
 
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A mayor abundamiento sobre un post anterior, pego aquí un extracto de las reflexiones de Miguel Bakunin sobre Marx y el socialismo científico.

Los otrora amigos inseparables de la primera internacional se vuelven enemigos irreconciliables cuando Bakunin se percata de las verdaderas intenciones del movimiento marxista y de por quien está financiado.

Estas reflexiones de Bakunin, profundo paneslavista, que se aproximaba sin pudor al más visceral nacionalismo ruso y que odiaba profundamente a los alemanes y en especial a la burguesía de la época de Otto von Bismarck , nos dan una idea de la histórica animadversión de los comunistas hacia los anarquistas en todo tiempo y lugar.

De aquellos polvos....aquellos lodos. Los anarquistas fueron masacrados por los comunistas allá dónde alcanzaron el poder, fuere en Rusia o en la Barcelona de la guerra civil española.

El texto es del siglo XIX y su contenido completo se puede ver en esta página:

Relaciones personales con Marx. ARCHIVO MIGUEL BAKUNIN

Una vez leído, ustedes llegarán a la misma conclusión que yo: Bakunin era nazi


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Marx se ama a sí mismo mucho más que a sus amigos y apóstoles, y no hay amistad que soporte la menor herida, por pequeña que sea, contra su vanidad. Perdonará mucho más fácilmente una infidelidad a su sistema político y socialista; la considerará como una prueba de estupidez; o por lo menos, como una prueba de la inferioridad intelectual de su amigo, y esto le hará feliz. Al no ver ya en él un rival capaz de hacerle sombra, quizás lo ame todavía más. Pero nunca perdonará una falta contra su persona: hay que adorarle, idolatrarle, para ser amado por él; hay que temerle, al menos, para que te soporte; le gusta rodearse de patosos, de criados, de aduladores. De todos modos, en su ambiente íntimo hay algunos hombres distinguidos.





Pero en general se puede decir que la franqueza fraternal no abunda en el círculo íntimo de Marx. Al contrario, abundan más las segundas intenciones y la diplomacia. Es una especie de lucha sorda y de extraños compromisos entre diferentes formas de amor propio. Y allí donde la vanidad está en juego, no hay lugar para la fraternidad. Todo el mundo se mantiene con la guardia levantada, porque todo el mundo teme verse aplastado, sacrificado. El círculo íntimo de Marx constituye una especie de contrato mutuo entre diferentes vanidades; Marx es el principal distribuidor de los honores, pero también el instigador siempre pérfido e hipócrita, jamás franco y abierto, de las persecuciones contra los individuos que le hacen sombra, o que han tenido la desafortunada idea de no mostrarle tanta diferencia como esperaba Marx de ellos.





Una vez iniciada la persecución, no se detiene ante ninguna villanía, ante ninguna infamia. Judío él mismo, Marx tiene a su alrededor, tanto en Londres como en Francia, y sobre todo en Alemania, una multitud de pequeños judíos, más o menos inteligentes, intrigantes, inquietos, especuladores, como todos los judíos: agentes comerciales o bancarios, escritores, políticos, periodistas de todas las opiniones y de todos los colores, agentes literarios, en una palabra, al mismo tiempo que agentes financieros, y que con un pie en la Banca y el otro en el movimiento socialista, asientan sus posaderas en la literatura cotidiana de Alemania —se han apoderado de todos los periódicos—, y ya podéis imaginaros la nauseabunda literatura que se escribe de este modo.





Pues bien, todo este mundo judío, formando una secta explotadora, un pueblo-sanguijuela, un único parásito devorador, estrecha e íntimamente organizado, no sólo a través de las fronteras de los Estados, sino a través de cualquier diferencia de opiniones políticas, este mundo judío está hoy en gran parte a disposición de Marx, por un lado, y los de Rothschild por otro. Estoy seguro de que, por una parte, los Rothschild aprecian los méritos de Marx y de que, por otra, Marx siente una atracción instintiva y un gran respeto por los Rothschild.





Esto puede parecer extraño. ¿Qué puede haber en común entre los comunistas y la Gran Banca? Ah, es que el comunismo de Marx persigue la potente centralización del Estado, y allí donde hay centralización del Estado debe haber necesariamente una Banca Central del Estado, la nación parásita de los judíos, especulando con el trabajo del pueblo, tendrá siempre medios de subsistencia…





Sea como sea, es un hecho que la mayor parte del mundo judío está a disposición de Marx, sobre todo en Alemania. Basta que haga objeto de sus persecuciones a un individuo, para que sobre él caiga un alud de injurias, de invectivas de la peor especie, de calumnias ridículas e infames, desde todos los periódicos, socialistas y no socialistas, republicanos y monárquicos. En Italia, donde el sentimiento de la mutua educación y del respeto humano se observa tan rigurosamente, por lo menos formalmente, no podéis imaginaros la suciedad y el infamante carácter que tienen las polémicas periodísticas en la prensa alemana; los judíos “escribanos destacan sobre todo en el arte de las insinuaciones cobardes, odiosas y pérfidas”. Raramente acusan de un modo abierto; siempre insinúan, “han oído decir, se dice, quizá no sea cierto, pero…”, y acaban lanzando a la cara de sus enemigos las más absurdas calumnias.[1]
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En todos los tratos o negocios en los que vayas a tomar parte, mira a tu alrededor y busca al tonto. si no lo encuentras....ya sabes quien es el tonto.
Swift, Jonathan (1667–1745)


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