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NO NINGUNEEN LA INFLACIÓN. ESPAÑA ES UN PAÍS INFLACIONISTA ¿POR QUÉ?
Santiago Niño Becerra - Sábado, 01 de Agosto



Es un lugar común: ‘España es un país inflacionista’, ¿por qué?, pues por otro lugar común: en España falta competencia y liberalización. Punto. Bien, supongamos que así sea, ¿siempre ha sido la española una economía propensa a la inflación?, si siempre no lo ha sido, ¿desde cuándo lo es?, o, mejor aún, ¿en qué momentos lo ha sido?. Trascendentes preguntas, ¿no?. Bien. El Dr. Lucinio González Sabaté, catedrático de Estadística de la Facultad y yo nos formulamos estas mismas preguntas viendo la evolución de la inflación habida en el reino desde 1820 hasta la actualidad; es nada más y nada menos que una serie cronológica de 189 años: un sueño para sacar conclusiones. Y conclusiones extrajimos, algunas sorprendentes, y la mayoría tristes. En plan resumido, estas son: No es cierto que la economía española haya sido siempre inflacionaria, de hecho, tomando como 100 el nivel de precios existente en 1820, se mantuvo por debajo de ese rango hasta 1862, ascendió hasta 108 en 1864 y en 1866, para volver a moverse por debajo de 100 hasta 1904 con una excepción: 1870 al alcanzar el nivel 104. ¡Genial!, podría pensarse, pues no, al revés, ¡fatal!. Que el nivel de precios en España en los momentos en que en el Reino Unido, en Francia, en Bélgica, en Prusia, se estaba viviendo la I Revolución Industrial y la Fase de Acumulación Originaria de Capital, se comportase como lo hizo lo único que estaba indicando es que el modelo productivo español era arcaico, caduco, sin acumulación, estático y falto de dinamismo, algo que confirma la historia política y social de España de la época: un modelo caciquil, clientelista, señorial, fundamentalmente agrario y políticamente incompetente; además, el ajuste fino nos habla de retrocesos espectaculares (recuerden: 1820 = 100): 1829: 68, 1843: 63, 1887: 68.

- En 1904 vuelve a alcanzar el índice 100, y ya no lo abandonará. A partir de 1897 (85) el índice va ascendiendo sin experimentar más que un par de retrocesos muy débiles, hasta 1913 (103), a partir de ahí para arriba hasta llegar a un valor de 195 en 1920, retroceso hasta 169 en 1923, y tendencia al alza hasta alcanzar 197 en 1937 con algún bache: retroceso de 4 puntos entre 1925 y 1926, y de 5 puntos entre 1932 y 1933 coincidiendo con conocidos sucesos históricos. Bien, se pensará, ¡España acabó por superar aquella postración histórica!, pues lo cierto es que no, lo que estaba sucediendo es que la economía española estaba adquiriendo una de las características que le han acompañado desde entonces: la rigidez. La economía española acusó la tensión de la I Guerra Mundial: se desabastecieron los mercados interiores para exportar y de ello se beneficiaran cuatro, acusó la crisis de post guerra, acusó la dictadura de Primo de Rivera, acusó la implantación de la II República, pero acusó todo eso negativamente, tensionando sus rigideces productivas en lo obvio: los precios.

- A partir de 1937, el delirio. En 1938 el índice respecto a 100 había trepado hasta 222, hasta 304 en 1940, hasta 399 en 1941, hasta 632 en 1946, hasta 746 en 1947, hasta 838 en 1949, hasta 1024 en 1951; debido a la autarquía, a la postguerra, al estraperlo, sí, pero no sólo. España dio salida a sus insuficiencias y a sus ineficiencias haciendo pagar a quienes no podían protestar de, ni trasladar a otros, las rigideces de quienes producían. Cuando, en 1959, es promulgado el Plan de Estabilización el índice se había situado en 1617; bien, podemos pensar, la estabilización y lo que de ella se derivó sirvió para reducir las tensiones inflacionarias; nada más lejos de la verdad: cuando el franquismo acabó en 1975, el índice se hallaba situado en 5359.

- A partir de aquí, la inflación creciente y la productividad oscilante se convierten en los problemas por antonomasia de la economía española. ¿la evolución del índice?, vamos a los hitos: 197 9565, 1980: 12871, 1982 (cambio de partido político en el Gobierno): 17022, 1996 (nuevo cambio): 44123, 2004 (otro cambio): 54814, 2008 (fin de la serie): 62292. ¿Espectacular evolución?, sí.

Existe otra forma de verlo, menos espectacular, pero, posiblemente, más significativa: a través del saldo de las variaciones acumuladas, es decir, de la diferencia entre la suma de aumentos y de disminuciones. Entre 1820 y 1857, año en que el saldo fue nulo, ese saldo acumulado fue marcando una evolución negativa, luego empieza a aumentar lentamente hasta que comienza a decrecer hasta -4 en 1875, y nuevo crecimiento y decrecimiento hasta cero en 1896; es decir, la última escena de la película de la inflación española en los 77 años transcurridos entre 1820 y 1896 lo que mostraba era una escena idéntica a la del inicio del film: es como si nada hubiera ocurrido, y es que, en realidad, nada sucedió: en términos medios, la economía de la España de 1896 era prácticamente idéntica a la de 1820; de nuevo repasen la historia (triste) de ese período de tiempo en España.

A partir de ahí, algo cambia. El saldo de las variaciones acumuladas empieza a ser positivo, muy positivo, es decir, muy creciente. En 1937 ya ha alcanzado los 101 puntos, los 198 en 1945, los 305 en 1957; en 1971 ya se ha situado en 402, en 498 en 1977, en 594 en 1983, en 699 en el 2003; en el último año disponible, el 2008, el saldo alcanzó los 715 puntos.

Ahora deberían hacerse una pregunta: la productividad española, ¿ha llevado este ritmo?; no se cansen pensando: le respuesta es negativa, ese es el motivo por el que la competitividad española es la que es y el de que la renta salarial haya evolucionado como lo ha hecho; si a eso añadimos que el modelo productivo desarrollado por la economía española es ultraintensivo en factor trabajo y que ese modelo es altamente dependiente del exterior (energía 80%) e incapaz de absorber la población activa con la que cuenta cuando se produce un cambio de ciclo, ya no digamos una crisis, lo que tenemos es lo que vemos si nos asomamos a la ventana.

Nota. Repárese en que los Gobiernos, sus tendencias políticas y los colores de sus emblemas en muy poquísimo han influido en el tema aquí abordado (si es que en algo han influido).

(Yo, la verdad, ha sido la primera vez que lo he oído, que lo he visto escrito: “El poder era forofo de un equipo” (El País 29.07.2009, Pág. 19). Esa frase la pronunció el presidente de la CEOE en la junta directiva extraordinaria que la organización celebró el 28 de Julio y en la que, obviamente, salió a relucir el ‘fracaso del diálogo social’.

‘El poder’, suena cavernoso, metafísico; traslada a algo que está más allá de lo que está más allá, a algo que está detrás de lo que está detrás. ‘El poder’, hasta el sonido de la frase impone).

(Muy interesante el texto que, sobre los paraísos fiscales, El País publicó el 30 de Julio en su Pág. 24. Pienso que podría habérsele puesto un subtítulo: ‘O como Andorra ha dejado de ser interesante’. Ya lo hemos comentado aquí: los paraísos fiscales ya no interesan, ahora interesa que el 23% del PIB mundial que se calcula está en estos sitios se meta en la economía: se piensa que eso, que ese retorno, reactivará esa economía porque, entre otras cosas, enjugará la inundación: doble error: por un lado, esa bayeta es insuficiente para enjugar ese mar de porquería; por otro, no es un problema de liquidez contaminada -no sólo-, o de falta de la misma -no sólo-, sino de agotamiento de un modo de hacer: el muelle ha perdido su elasticidad, y por mucho aceite que se le añada no la recuperará).

Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.
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-¿Sabe lo que va a pasar?
-No, pero lo imagino. Con tanto caos alguien cometera alguna estupidez, y cuando eso ocurra, las cosas se pondran feas. Y luego Sutler se vera obligado a hacer lo unico que sabe hacer. Y llegado ese momento, lo unico que V tendra que hacer es cumplir su palabra, y entonces...

(V de Vendetta)


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