¿Veis alguna relación entre esto y lo que nos mostraban las balanzas fiscales? ¿Será casualidad que las comunidades que más aportan sean las que menor empleo público poseen?
El problema de este sistema, que en principcio servía para que en cualquier región de España hubiera un nivel de vida similar, es que no es sostenible. El sistema funciona desplazando recursos de las comunidades productivas hacia las autonomías menos desarrolladas, pero no lo hace en forma de inversiones a largo plazo (eso requeriría un periodo en el cual los habitantes de esas regiones deberían apretarse el cinturón mientras estas se amortizan, lo cual agotaría la poca paciencia de esos desafortunados españoles), de modo que simplemente se les regala dinero en forma de subvenciones, ayudas varias y, sobre todo, empleo público, medidas que sirven para estimular el consumo, así que, aunque se les inyecte año tras año una pasta considerablemente, en realidad siempre están igual y siguen dependiendo de esas ayudas para mantener ese nivel de actividad económica. Esto no sería negativo si no fuera porque el déficit que año tras año acumulan las comunidades solidarias termina pasando factura, ya que ese dinero que se les quita las lastra haciendo que sean menos competitivas. Al final nos encontramos que este sistema no resulta viable a largo plazo debido a que sólo obtenemos un equilibro a corto a costa de condenar el futuro: simplemente llega un punto en el cual la falta de inversión hace que España compita con seiscientos en un mundo globalizado en el cual los paises participan con motores de fórmula 1.
Esta situación ya es de por sí dramática, pero además, con la burbuja inmobiliaria, los acontecimientos se han precipitado haciendo insostenible la situación. Ahora resulta que muchas de esas comunidades tan dinámicas creaban riqueza plantando ladrillos, con las consecuencias que todos conocemos. El ejemplo más claro de esto lo encontramos en la Comunitad Valenciana, una comunidad con una renta por habitante por debajo de la media nacional y que no obstante es la 3a comunidad más solidaria en términos relativos, cuyo principal atractivo económico eran kilómetros y kilómteros de litoral en los que edificar masivamente. Durante el boom la construcción reportó grandes inversiones y empleo, lo cual era perfecto para el gobierno que metía alegremente mano a la caja común "quitando de ahí y pondiendo allí" porque los valencianos podían pagarse por sí mismos las cosas gracias a los puestos de trabajo generados por la burbuja. Esto fue así a gran escala y durante todos estos años de fiesta crediticia el gobierno siguió el mismo principio: quitar de los
ricos (que se lo paguen ellos que tienen trabajo) y dar a los pobres (creando, por ejemplo, miles y miles de plazas de funcionarios, esto es, dando trabajo artificial a cargo del real), lo cual parecía funcionar, pero al estallar la burbuja toda esa enorme riqueza que parecía hacer invulnerables a los motores de España desaparece, dejando vislumbrar por primera vez los efectos de esta política fiscal sin sentido. Así, Cataluña, que hace pocos años rozaba el pleno empleo (2005), ahora se encuentra con una tasa de paro cercana al 15%, evolución que comparten el resto de comunidades solidarias, y dado que el sistema funcionaba exprimiendo a los que trabajan, cuando tenemos una menor ocupación, empiezan a aparecer los fallos.
Por un lado, este esquema de solidaridad ha generado un nivel de vida en las comunidades desfavorecidas que sólo se alcanza mediante ayudas y subvenciones, ya sean cheques o plazas fijas de funcionariado, por otra parte, eso significa que en las comunidades
ricas la gente debe tener trabajo para pagarse el día a día. En la situación actual, ninguna de las dos cosas puede cumplirse. Los números no salen. No se puede mantener ese nivel de solidaridad cuando los ciudadanos de las autonomías que lo aportan no llegan a pagarse lo más básico por falta de trabajo. Tampoco se puede mantener ese entramado de ayudas y empleo público cuando los ingresos son menores y los gastos aumentan día a día.
La situación, como decía, es insostenible. Al igual que la burbuja inmobiliaria, la burbuja en el modelo de financiación autonómico ha estallado y muy pocos entenderán lo que ha pasado. Como confusos pepitos pronto nos pelearemos por intentar, en vano, mantener nuestro estilo de vida, culpando a los de al lado de todos los males. España la caga en todo.