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¿Cuando no hubo caciques en España?

Texto del maestro de maestros, José María Blazquez. Cambiar militar por política, guerra por cargos y porción de presupuestos.

Una forma específica de la clientela militar hispánica era la deuotio. Abundan los textos antiguos referentes a ella por lo que es posible comprenderla en su integridad. Los textos son los siguientes: traxit hoc (Virgilius) de Celtiberorum more., qui ut in Salustio legimus se regibus deuouent et post eos vitam refutant. Servius, Ad Georg., 4, 218. También Plut., Sert., 14. Str., III, 4, 18. Celtiberi etiam nefas esse ducebant proelio superesse, cum is cecidisset pro eius salute spiritun deuouerant., Val. Max., II, 6, 11. Igualmente Dión Cas., 53, 20, 2. Los dos primeros autores aseguran que los deuoti se dan la muerte, cuando el patrono la recibe. Valerio Máximo refiere que consideran ilícito sobrevivirle, y añade, de acuerdo con Dión Casio y Estrabón, que consagran su vida por la salvación del jefe.

En la concepción de la deuotio ibérica entran dos elementos, uno de carácter religioso, según el cual ciertas divinidades, probablemente infernales, se contentarían con la muerte del deuotus a cambio de la del jefe. La verdadera esencia de la deuotio es la consagración religiosa al caudillo en virtud, como señala Viñas, de orientaciones religioso-colectivas y del influjo tan peculiar del sentido religioso en la vida pública y militar de los hispanos; el segundo elemento de carácter puramente social, la relaciona íntimamente con la clientela militar, es decir, la deuotio ibérica tiene por objeto exclusivo la guerra. El deuotus, como se desprende de un texto de Plutarco, Sert., 14, sobre los soldurios de Sertorio, una vez salvada la vida del jefe, atendían a la suya propia. El suicidio del soldurio cuando muere el jefe se puede explicar satisfactoriamente por ser la muerte la única forma de expiar el delito de no haber protegido al patrono.

Un texto de César (B. C., III, 22) referente a Adiatumnus señala claramente que la deuotio es una forma de clientela: Adiatumnus, qui summa imperi tenebat, cum sexcentis deuotis quis illi soldurios appellant, quorum, haec est conditio, uti omnibus in uita commodis una cum iis fruantur quorum se amitiae dederint si quid his per uim accidat, aut eundem casum una ferant aut sibi mortem conciscant; neque ad huc hominum memoria repertus est quisquam qui, eo interfecto cuius se amicitae deuouisset mori recusaret; cum his Adiatumnus eruptionem facere conatus. Esta forma de clientela es un vínculo mucho más estrecho, como se deduce del pasaje de Livio anteriormente citado (XXVIII, 34). Indíbil al conocer la falsedad de la muerte de Escipión le envía a su hermano Mandonio a estrechar el lazo que le unía con él: suam quidem et fratis et reliquorum popularium eam conditionem esse, ut aut, si ita uideatur, redidant spiritum P. Scipioni ab eodem illo acceptum, aut seruati bis uni debitam vitam pro eo in perpetuum deuoueant.

La deuotio
ibérica se diferencia de la romana, que es una clase especial de uotum, en que en ésta se consagró a los dioses la vida propia y la del enemigo, su objeto es el aniquilamiento del adversario. El cumplimiento de la deuotio por suicidio es desconocido. La deuotio ibérica es de carácter similar al comitatus germánico. Ambas instituciones poseen carácter bilateral, los miembros forman una verdadera escolta, existe un mayor estrechamiento del vínculo de clientela, el número de componentes es reducido. La diferencia reside en el hecho de que el comitatus germánico carece de elemento religioso. En la Gallia existía también una institución especial, la de los ambacti, citados por César (B. C., VI, 15, 2. Este texto es importante pues en él el autor distingue ambacti y clientes), y por Polibio en la Gallia Cisalpina (II, 17, 12); aunque estaban obligados a no abandonar jamás a sus patronos (B. C., VII, 40, 7), el carácter y las peculiaridades de ambas instituciones por las pocas citas referentes a los ambacti, era un tanto diverso. Esta clase de sirvientes, ambacti, estaban muy extendidos en Hispania, como se desprende del hecho de aparecer, con mucha frecuencia en inscripciones latinas, el nombre como personal, con perdida de la característica del habla céltica de la Península. La deuotio ibérica era una institución típica de la Península. En la Península la deuotio debía estar muy extendida, como se desprende del gran número de deuoti o suldurii que acompañaban a Sertorio. Plutarco expresamente nota que otros caudillos tenían pocos deuoti. Deuoti eran probablemente los que murieron con Rétogenes y los que le acompañaron en su salida, como la tropa especial que murió con Indíbil (Livio, XXIX, 2). (Este texto es importante pues se describe la muerte de una tropa alrededor de su jefe).

Los miembros de las escoltas militares, iberos o celtíberos, a los que fueron tan inclinados los romanos, seguramente estaban formados por soldurios de origen hispano. Sertorio (App., B. C., II, 112) dispone de guardias de celtíberos; de hispani, en general, era la de César (Suet., Caesar, 86; App., B. C., II, 109) y la de Petreyo (B. C., IV, 207). de calagurritanos la de Augusto (Suet., Aug., 49); de berones la de Casio Longino (B. C., 51). La de Mario no es seguro que estuviera compuesta de várdulos (Plut, Mar., 43; FHA IV, 145). La deuotio en el siglo I a. C. debía encontrarse muy extendida, pues aparece vinculada a hombres mediocres; en siglos anteriores, serían objeto de ella sólo los grandes generales.

Los deuoti
se encontraban en una situación privilegiada con respecto a los simples clientes. El siglo I a. C. fue sin duda el período de máximo auge de la clientela y de la deuotio. En este siglo Hispania fue el principal campo de operaciones de las luchas internas de Roma; en la Península estuvieron las figuras más importantes de la política romana, tales como Mario, Sertorio, Pompeyo, César, Craso, Afranio y Petreyo, etc. Estas dos instituciones, por otro lado, encajan perfectamente en pueblos para quienes la guerra era la ocupación más digna de la vida humana (Str., III, 3, 8, 4, 16; Sal., Hist., II, 91-92, Diod,, XXXI, 42). Baste citar la frase del Justino (Hist., Phil. Epit., XLIV, 2, 6); plurimis militares equi et arma sanguine cariora y la sospecha de una vinculación religiosa con las armas. (Cf. R Adrados., op. cit., passim). A partir de Augusto la clientela hispana debió degenerar rápidamente como se desprende de una composición de Marcial (III, 14), ya que no tenía razón de existir. La estructura política de la Península en un siglo había cambiado radicalmente. Un último eco de la clientela militar hispana tal vez sea los evocati que formaban la guardia de Galba (Suet., Galba, X, 3). En cuanto al ritual de la deuotio Ramos Loscertales sugiere que tal vez fuera el mismo del de la simple clientela, que aparece en el episodio del Indíbil: presentación del cliente al patrono reconociéndole como jefe y aceptación por éste de su persona. Probablemente existía una ceremonia especial con un sacrificio, de la que quedarían huellas en el juramento de Ampudio. Dionisio, antes de recibir a los iberos como mercenarios, ofreció libaciones. Tal vez hubiera un sacrificio humano y el de un caballo, ya que con ambos aparecen refrendados los pactos (Liv., Per., XIX). A los conjurados con Catilina también se les acusa de sacrificios humanos y de la bebida de sangre humana (Sal.,Cat., XXII, 1- 3; Plut, Cic., X). Ramos Loscertales se pregunta si los deuoti tenían obligación de suicidarse en caso de cualquier muerte del jefe; concluye que la licitud de sobrevivirle queda reducida al caso de muerte violenta. En la Galia (B. G., VI, 19, 5) se observa que los clientes se quemaban al morir los patronos: ac paulo supra hanc memoriam servi et alientes quos ab eis dilectos esse constabat iustis funeribus confectis una cremabantur.

Está en discusión si la institución de la deuotio hispana influyó en el desarrollo de elementos básicos de la organización político-religiosa del Imperio Romano (como el culto Imperial o los votos por la salud o el genio del emperador) lo que hoy tiende a negarse.
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"Tu capital está enladrillado
¿quien te lo desenladrillará?
el desenladrillador que te lo desenladrille
buen desenladrillador será"
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