APÉNDICE: Los judíos en la sociedad británica. Algunos datos a fecha de 1947
En su intento de encontrar un c
hivo expiatorio para los males de un sistema en desintegración, el fascismo adopta la familiar demagogia de "golpear al judío", utilizada desde el período de decadencia feudal: todos los crímenes del capitalismo monopolista son culpa del capital financiero judío, todo el descontento de los pequeños comerciantes y profesionales se canaliza hacia el antisemitismo. Mosley consideraba esto un arma muy útil en el arsenal de su "programa" como para dejar de insistir machaconamente en él.
Los fascistas intentan despertar los prejuicios más básicos de los pequeños empresarios, tenderos y los trabajadores atrasados contra los judíos. Utilizan una superstición profundamente enraizada que se remonta a la Edad Media cuando los judíos controlaban y manipulaban las finanzas no sólo del país, ¡sino en realidad del mundo! Alrededor de esta bandera consiguen apoyo entre la gente ignorante, tenderos que tienen la competencia de los tenderos judíos en la misma calle o trabajadores que viven con terratenientes judíos.
Incluso si fuera cierto que la mayor parte del país pertenece a los capitalistas judíos, esto marcaría poca diferencia en las tareas que debe afrontar la clase obrera. Hay poca diferencia en el sistema, sean los capitalistas judíos o gentiles. Ambos son sometidos a las leyes de la economía capitalista y actúan de acuerdo con ellas. En un país como España, donde no había ningún judío capitalista (los judíos fueron expulsados en 1492), la pobreza, el hambre y la explotación de los trabajadores alcanzaban niveles extremos. Como ya se sabe, la lucha de clases en España culminó la guerra civil entre los trabajadores y los fascistas. Los fascistas españoles tenían que encontrar otras consignas demagógicas. Es interesante observar que De Gaulle no está recurriendo en este momento al antisemitismo.
Sin embargo, muchas personas, incluso en el movimiento obrero, dan credibilidad al mito de que los judíos controlan el país. Es necesario que cada trabajador con conciencia de clase conozca los hechos con relación a la verdadera posición de los judíos en la sociedad británica, para combatir el mal del antisemitismo.
En Gran Bretaña e Irlanda del Norte hay sólo 370.000 judíos de una población total de 48 millones de personas. Es decir, hay siete judíos por cada mil no judíos, o menos del 1% de la población.
Los grandes bancos y aseguradoras controlan la economía del país. Pero no hay un solo judío en el Banco de Inglaterra entre los directores o sus ejecutivos.
Las Cinco Grandes, como se denomina a los monopolios británicos más poderosos, tienen en total 150 directores, de los que sólo 4 son judíos.
En las finanzas internacionales, la
mayor compañía bancaria del mundo es JP Morgan & Company. En esta empresa tampoco hay socios judíos ni un solo judío en puestos de dirección. La bolsa, según los fascistas, está dominada por los judíos, pero en realidad en el Comité de la Bolsa sólo hay un judío.
Antes de la nacionalización de los
ferrocarriles, el
número de directores en LMS era de 18, en LNER eran 22, en GWR 20, en Southern 16, y en LPTB 7. De éstos sólo uno era judío y otro era de origen judío, aunque su familia lleva practicando la fe cristiana desde hace generaciones.
En total hay 1
16 periódicos diarios y 17 dominicales en Gran Bretaña. A pesar del
mito de que los judíos controlan la prensa, sólo había un judío como director de un periódico, era el presidente del Daily Herald pero ahora está muerto.
Gaumont British y Odeon Companies en determinado momento estuvieron dominadas por los judíos. Ahora han pasado a manos de J.A. Rank, la figura más poderosa del mundo del cine, que controla unos 600 cines y prácticamente todos los estudios importantes. La tercera empresa más grande, ABC, nunca perteneció a los judíos.
Otra mentira fascista que consiguió eco entre los sectores atrasados de la población es que los judíos controlan el gobierno y el parlamento. En realidad, no hay un solo judío en el gabinete. Sólo hay 28 parlamentarios judíos de un total de 640.
Se cree popularmente que los judíos dominan todas las actividades del mercado negro. Los hechos son que la aplastante mayoría de los juicios, tanto de grandes como de pequeños empresarios por delitos del mercado negro, no son contra judíos ni personas relacionadas con empresas judías. La prensa capitalista centra su atención en aquellos casos es que están implicados judíos, precisamente para dar la impresión de que ellos dominan el mercado negro. Los especuladores, ya sean judíos, gentiles, irlandeses o escoceses, no pasan por alto la posibilidad de beneficios extras, ya sea transacciones legales o no. Toda la historia del capitalismo demuestra esto.
El saqueo de la India, de China y África no fue realizado por los judíos. El comercio de esclavos lo realizaron caballeros religiosos y uno de los célebres nombró a su barco ¡Jesús!
Por supuesto, los judíos juegan un papel en los negocios. Pero en Gran Bretaña las industrias decisivas apenas cuentan con capital judío. En el hierro y el acero, la ingeniería, química, automóvil, barcos y caucho, y antes de la nacionalización, el carbón y los ferrocarriles, el capital judío era imperceptible. En los grandes carteles de armamento, como Vickers, no hay capital judío. Sin embargo, en ciertas empresas secundarias, donde los judíos se han concentrado tradicionalmente en distintos países, el capital judío juega un papel importante, en el caso de Gran Bretaña no es dominante.
Algunos datos: una cuarta parte del comercio textil está en manos de los judíos; en la industria del mueble, una séptima parte; en la joyería, una quinta parte; en el calzado, una octava parte; dos tercios en el comercio de pieles; pero sólo una onceava parte en el comercio de electrodomésticos y de radio; menos de una séptima parte en la cosmética; en las tiendas de comestibles de Londres, una sexta parte del comercio es propiedad de los judíos, pero sólo una dieciseisava parte en las provincias.
En lo que concierne al comercio a pequeña escala, las cooperativas son parte del movimiento de la clase obrera, y representan una amplia cadena de tiendas del país. Por otra parte, hay 92 firmas que se dedican a la venta al por menor, con un capital de 150 millones de libras. La pañería y el comercio relacionado con ella constituyen aproximadamente un tercio del capital invertido. La mitad está controlado por empresas no judías (Harrods, Selfridges, John Lewis y Bakers). Unilever, que domina el comercio de comestibles y el abastecimiento, no está, como comúnmente se piensa, compuesto enteramente por capital judío. El único capital judío es el de los judíos holandeses, los Van den Berghs.
En la venta al por menor en el comercio de ultramarinos, Home and Colonial Stores, Maypole Dairies e incluso Liptons no están controladas por judíos. El mayor cartel de la carne de este país es la Union Cold Storage, que controla 5.000 tiendas. Esta es una empresa puramente no judía. Los judíos están totalmente ausentes de las lecherías: Southern Dairies, United Diaries y Express Diaries son empresas gentiles. En el comercio de medicinas, los monopolistas, Boots Taylos, Timothy White's, Savory & Moore's y Hodders son todas propiedad de no judíos.
El sector decisivo de toda la industria está controlado por el capital gentil. El número de pequeños comerciantes judíos, vendedores al por menor e intermediarios, dan una falsa impresión del papel de los judíos en los negocios. En el sector decisivo de las finanzas el papel del capital judío es pequeño. De este modo, la supresión de los judíos no eliminaría ninguna de las injusticias del sistema capitalista.
La gran mayoría de los judíos en Gran Bretaña, contrariamente a la creencia popular,
son trabajadores, empleados principalmente en el negocio de la sastrería, muebles y una alta proporción de ayudantes de tiendas. Aproximadamente el 15% de los judíos están ocupados en el comercio y las industria por su propia cuenta. De la población total, el 7,5% está ocupado en el comercio.
La lucha por la emancipación de la clase obrera no es un combate entre razas o religiones. Es una lucha de clase contra clase. Cada rasgo de antisemitismo o cualquier forma de odio racial no puede ayudar a los oprimidos, al contrario, sólo ayuda a los explotadores.
Los trabajadores de todas las nacionalidades, raza o credo deben estar unidos contra el enemigo común: el capitalismo. El Militante - La amenaza del fascismo. Qué es y cómo combatirlo