Vamos a ver. Los que defendéis la crisis como medio de profilaxis moral para prevenir futuras crisis tenéis parte de razón. Pero sólo parte. Es decir, la crisis tiene un aspecto moral importante, de justo castigo a quienes fueron irresponsables en sus finanzas o en la gestión de las ajenas. Pero, por desgracia, la crisis no está haciendo ni hará diferencias entre responsables o irresponsables: por ejemplo, un pepito endeudado hasta las ojos puede salvar el culo en el último momento si su papá pone un cheque encima de la mesa; en tanto otra persona ahorradora y sin deudas pero sin padrinos puede verse en la miseria más completa con tan sólo perder el empleo y caer en el desempleo de larga duración.
No hay justicia en esto, ni nada que se le parezca. Y dudo mucho que además sirva para que aprendamos algo. En su libro sobre la crisis del 29 dice Kindleberger, apoyándose en las memorias de Hoover:
"Los "liquidacionista del dejadlo solo", encabezados por el secretario del Tesoro [Andrew] Mellon... creían que el gobierno debía quitar las manos y dejar que la crisis se liquidase sola. Mellon tenía una fórmula: "liquidad trabajo, liquidad stocks, liquidad agricultores, liquidad propiedad inmobiliaria". Insistía que cuando la gente se mete en una tormenta inflacionista, la única manera de sacarles de ella es dejar que se llegue al colapso. Decía que "purgaría la podredumbre del sistema". "El alto coste de vida y la buena vida desaparecerán. La gente trabajará más, tendrá una vida más moral. Los valores se ajustarán, y la gente emprendedora cogerá los restos del naufragio de la gente menos competente"
Lo que el secretario Mellon decía no es muy diferente de muchas de las cosas que leo por el foro (lo cual prueba lo vanguardista de ese pensamiento, desde luego). Ahora preguntaos una cosa: ¿sirvió de algo aquella crisis? Mirad los años que vinieron después de 1929, uno por uno, hasta 1945. ¿Hizo a la sociedad mejor o tan sólo la llevó a la mayor sangría de la historia? Creo que la prueba evidente de la inutilidad moral de tanto sufrimiento es que hoy volvemos a repetir los mismos o peores errores, amplificados.
En fin, reconozcamos que el desastre puede satisfacer nuestro "sentido estético de la justicia". Pero no defendamos su utilidad, porque no la tiene: el sufrimiento no trae otra cosa que más sufrimiento. Podíamos haber aprendido eso por lo menos.