
06-ene-2009, 10:34
|
 | Grandísimo Gurú burbujista | | Fecha de Ingreso: 06-abril-2006 Ubicación: Burbulandia
Mensajes: 3.176
Gracias: 1.638
2.566 Agradecimientos de 744 mensajes
Ignorar usuario para siempre | |
Iniciado por ravalero1 Un poquito de espíritu crítico no te vendría mal. ¿Quieres que te diga un secreto? ME IMPORTA UN CARAJO LO QUE DIGAN LOS POLÍTICOS. El día que oigo a un político hablando y me digo "con este podría tener una discusión razonada y es posible que me diera fuerte (dialécticamente hablando)" empiezo a tenerle algún respeto a sus opiniones.
Además, ¿qué carajo tiene que ver la política con este post? Tío, es que algunos tenéis más desarrollada la zona política (de mi bando, eso si) que el cerebro crítico.
Para que vayas leyendo algo distinto a lo oficial, venga: El negocio del cambio climático · ELPAÍS.com Excepticismo ambiental Cuando el software ya no es negocio, aparece el etanol DIEOFF La política tiene que ver mucho con este post, si tienes tiempo leete este artículo: La guerra del cambio climático La ciencia de tu vida Porque no nos debemos llevar a engaño: el debate fundamental no es científico, sino económico. Hay demasiados intereses en juego, sobre todo por parte de las empresas relacionadas con los combustibles fósiles, que han financiado a los escépticos del cambio climático para dar a conocer su postura a la opinión pública. En los 90 el lobby industrial Global Climate Coalition, fundado por 50 compañías petroleras, de gas, carbón, automovilísticas y químicas, hizo mucho daño con su estudiada propaganda, sobre todo metiendo miedo al decir que el precio de la gasolina subiría drásticamente en EE UU. “Su mayor éxito fue impedir que se adoptaran medidas contundentes en la cumbre de Río de 1992”, comenta el paleontólogo y activista medioambiental Tim Flannery. La Coalición se desmoronó en 2002 tras la salida de ella de numerosas empresas debido al informe de 2001 del IPCC. Sólo quedaron hasta el final General Motors y las petroleras Chevron y ExxonMobil. Esta ha insuflado 14 millones de dólares durante los años 1998 a 2005 a 43 organizaciones con el objetivo de confundir al público sobre el calentamiento global.
Algo que sigue haciéndose, pues el periódico The Guardian revelaba el 2 de febrero de2007 que Keneth Green, del American Entreprise Institute (un think tank conservador), había enviado una carta a científicos de EE UU y el Reino Unido ofreciéndoles 10.000 dólares más gastos por artículos donde se detallaran las fuerzas y debilidades del informe de 2007 del IPCC. Por su parte, escépticos como el periodista español Luis Carlos Campos acusan a la industria climática de gastarse al año “5.000 millones de dólares en estudios sobre el clima. Unos 2.000 científicos estadounidenses reciben desde 1997 un millón de dólares al año para estudiar el cambio climático. Kyoto mueve un mercado vergonzoso de 200.000 millones de euros sólo hasta el 2012”.
El cruce de acusaciones y el escaso “fair play” ha sido constante. Siguiendo la política del “todo vale” en 1998 salió a la luz pública el Global Warming Petititon Project, un manifiesto firmado por 17.000 científicos y donde se afirmaba que no existía realmente un consenso acerca del calentamiento global y que «existen buenas evidencias para pensar que el incremento atmosférico del dióxido de carbono es medioambientalmente bueno». Fue promovido en vísperas de la cumbre de Kyoto por una oscura organización llamada Oregon Institute of Science and Medicine. Había enviado un paquete postal a prácticamente la mayoría de los científicos estadounidenses que incluía la declaración, una copia de un artículo aparecido en el Wall Street Journal titulado “La Ciencia ha hablado: el calentamiento global es un mito”, una carta del ex-presidente de la Academia Nacional de Ciencias (NAS) y conocido escéptico Frederick Seitz y lo que parecía ser un artículo publicado en la revista Proceedings of the NAS donde se cuestionaba el efecto dañino del dióxido de carbono.
Todo había sido minuciosamente preparado para inducir a pensar que se trataba de una campaña realizada con el beneplácito de la prestigiosa NAS. Los críticos también han sufrido las consecuencias: sus investigaciones no reciben dinero público, o se les recorta, como le sucedió al profesor de meteorología del MIT Reginald Newell con una beca de la National Science Foundation en 1989, porque no lograba demostrar un calentamiento neto durante el pasado siglo. Ese mismo año la revista Science -propiedad de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia- rechazó sin revisar un artículo del conocido escéptico (y prestigioso climatólogo) Richard Lindzen, donde criticaba el calentamiento global, por considerarlo “de ningún interés para el lector” de esa revista. ¿Estamos ante una política de silenciamiento de legítimas investigaciones científicas?
No es extraño que frente a este tipo de comportamientos algunos apunten a una conspiración para acallar las voces disidentes. Y al contrario, la Union of Concerned Scientists hizo pública en enero de 2007 una encuesta donde se pone de manifiesto que “los climatólogos de 7 agencias gubernamentales dicen haber sido presionados políticamente para rebajar la amenaza del calentamiento global” y que a casi la mitad de los 279 entrevistados ”se les había pedido eliminar las referencias al calentamiento global y cambio climático de sus informes”. |