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Santiago Niño: El próximo crack o los seguros contra los impagos de crédito

Hay temas de los cuales, por diversos motivos, se habla muy poco, pero existen otros de los cuales nunca se dice ni media palabra. Lo que viene a continuación pertenece a este segundo grupo.
La incorporación, a partir del siglo XVI, del elemento financiero a la economía posibilitó abordar, separadamente, el valor de un bien del bien mismo, lo que agilizar las transacciones económicas, pero la evolución de este hecho ir llevando que la parte financiera vaya adquiriendo vida propia y configurara una economía, en muchos aspectos, paralela a la denominada, por oposición, economía real.
De hecho, son precisamente los mercados de seguros vinculadas a riesgos financieros los que hoy han experimentado un mayor crecimiento y son también donde más tensiones se están acumulando a medida que la situación económica en el mundo real se enrarecido. El crecimiento económico habido en estos años ha tenido como consecuencia el aumento exponencial del número de operaciones económicas-la inmensa mayoría a crédito-, lo que ha dado lugar que los seguros de riesgo de impago hayan llegado a cifras monstruosas, especialmente las asociadas a los mercados de bonos.

Deuda troceada. De buenos hay de muchos tipos. Los bonos son instrumentos sin los cuales las deudas contraídas para la realización de operaciones (muchas en el mundo real de la economía) habrían sido imposibles. Alguien, un ayuntamiento o una compañía, contrae una deuda con el que una operación era soportada; la deuda era troceada y titulizada (convertido en bonos); los bonos se vendían y se negocian, y su valor era asegurado por parte de los compradores, seguros que, a su vez, eran vendibles y negociables.
El problema radica en que el mercado de los seguros de impagos no se encuentra regulado, por lo que no existe obligación de comunicar la venta del seguro (al comprador inicial) a otras entidades por parte de la aseguradora, y esto puede hacer que, en el momento de cobrar el seguro, el comprador tenga dificultades a rastrear el último tenedor. Además, una vez opuesto, este tenedor puede no estar capacitado para devolver el pago ya que puede tratarse de una entidad más débil que la que fue contratada.
Además, como que el comprador del seguro puede que no posea el activo (el bueno) asegurado, la operación puede convertirse en mera especulación, ya que existe la posibilidad de que se genere un beneficio virtual: devolver, en caso de impago del bono, un importe nunca satisfecho.

Desregulación. En una atmósfera de creciente liberalismo económico, la desregulación llevada a cabo en Estados Unidos a mediados de los años ochenta fue posibilitando la generación de crecientes beneficios de origen financiero y especulativo, lo que fue iniciando un proceso de contaminación del mundo real de la economía, ya que fueron los bancos más grandes y los bancos de inversión los que más se involucraron en estas formas de actuación especulativa.
Bueno, quedense con una cifra porque es la que tomaremos como referencia el PIB de España correspondiente al año 2007 ascendió a 1,31 billones de dólares (billones europeos). Ahora observen el gráfico adjunto: recoge la evolución entre los años 2001 y 2007, los mercados de bonos del Tesoro, de hipotecas, de valores y aseguradoras contra impagos de créditos en Estados Unidos. A fin de completar el gráfico se ha añadido la evolución, entre los mismos años, del PIB de los Estados Unidos y del PIB total del planeta.
Referido al año 2007, el valor total de los seguros contra impagos de créditos equivalía a más de dos veces la suma de las cotizaciones de los mercados de valores estadounidenses, además de seis veces el valor de los créditos hipotecarios, además de diez veces el de los bonos del Tesoro de Estados Unidos.
La suma de los valores alcanzados por los mercados financieros en EE.UU. a finales del 2007 equivalía a casi 5,8 veces el PIB de los Estados Unidos, y el valor del mercado de los seguros contra impagos de créditos, en concreto, subía a 3,37 veces el PIB los Estados Unidos (a 34,7 veces el de España) y casi el 63% del PIB del planeta.
De todo lo anterior, de las consecuencias que puede desencadenar un fallo en este sistema de seguros contra impagos de créditos, nada o muy poco se habla. ¿Por qué?
El sistema económico se ha instalado en un lugar sustentado por el crédito, el aseguramiento del crédito, la especulación financiera y las expectativas derivadas de los beneficios que pueda generar tal especulación; una posición muy delicada, ya que imposibilidades de pago o dificultades en el pago en algún momento de la cadena pueden iniciar al traste todo el entramado y contaminar y afectar el mundo real de la economía, ya que faltaría la posibilidad de que el endeudamiento sigue. Paralelamente, la fuerza que cohesiona todo el entramado económico es la confianza, y la confianza, hoy, se encuentra en un momento muy, muy delicado.

«Subprimes». Desde el mes de septiembre, las inyecciones de liquidez que tanto la Fed como el BCE han realizado han sido numerosas. El día 11 de marzo, la Fed permitió a la banca de los Estados Unidos la adquisición de bonos del Tesoro aceptando como garantía bonos resultantes de operaciones degradadas, como las hipotecas basura. Un día después, el FMI bendijo que, con fondos públicos, pudieran sostener a entidades financieras en dificultades. Se trata de una huida hacia adelante a fin de seguir posibilitando una situación insostenible.
Podemos preguntarnos cómo hemos podido llegar a esta situación, pero la verdad es que, sin la hiperdesenvolupamento que ha tenido el mundo del financiero, habría sido imposible llegar al crecimiento obtenido en el mundo de la economía real. El problema es que este maravilloso crecimiento del que hemos disfrutado ha estado en deuda, y las deudas, en algún momento, deben ser pagados por alguien, y los actuales los pagaremos todos nosotros: durante la crisis que ya ha comenzado.

Santiago Niño es catedrático de Estructura Económica de la Facultad de Economía IQS