| Amos anda. Venir ahora con la cantinela de los millones de parados víctimas de los millones de trabajadores que defraudan a sus empresas de 1001 maneras. ¿Pero aún puede alguien creer que pueda colar lo mal aprendido en dos cursos de instrumentalizada psicología aplicada a la organización de empresas o lo basado en prejuicios apolillados decimonónicos que siempre van de novísimos?
Está archidemostrado, salvo casos excepcionales, que de todo hay, que un jefe malparido hace mas daño a una empresa que los cuatro trabajadores rácanos que acuñaron el célebre "quien mas puso mas perdió".
Un trabajador respetado, con sueldo digno, estable, estimulado por un buen equipo, con o sin primas por objetivos, valorado, que se siente partícipe y que cuenta con su jefe en las circunstancias, avatares y ocasiones importantes de la vida... un tipo así, por pocas luces que tenga, se desvive por la empresa. He vivido esas experiencias. Ya digo que hay excepciones: fuera con ellos sin contemplaciones.
Pero esos asquerosos de nueva escuela que aplican a rajatabla el principio de "hay que putear continuamente al personal porque este es digno de toda sospecha" (y para que no decaiga), dictado por su mala leche, por su retorcido colmillo o su tortuoso deambular por trapicheos sin cuentos, desde autónomos ávidos de progreso fulminante a pequeño tiranos de cuatro desgraciados, esos en el pecado llevan la penitencia. Y acabarán mereciendo la inmoralidad que predican.
Y vale ya de disfraces, que no nos acabamos de caer de ningún guindo.
__________________ Estamos entre dos fuegos: el sheriff... y los cuatreros.
"De paso, con el pasaporte y la American Express, meteré en la mochila una escopeta de cañones recortados, un listín de direcciones de fulanos con coche oficial y una caja de tarjetas de visita hechas con posta lobera. Sería indecoroso irme tan lejos sin dar las gracias. Compréndanlo. Por los servicios prestados". (Pérez Reverte) |