La crisis toca fondo... de armario
Inmigrantes e indigentes. Éstas han sido las categorías que engrosaban hasta hace unos meses las colas de los roperos de la beneficencia. Pero desde finales de verano la necesidad ha empujado a muchos españoles a las mismas filas. Y nunca habían imaginado verse en tal necesidad.
A las puertas de la parroquia madrileña de Santa Gema Galgani, una veintena de personas aguardan impacientes para entrar a una sala que las voluntarias de Cáritas han estado preparando durante horas a modo de ropero. Inmigrantes, indigentes, extranjeros con bebés… van tapados hasta media cara para protegerse del frío de noviembre. Pero entre ellos algunos aguardan cabizbajos intentando separarse de la hilera como si no quisieran llamar la atención; escondiéndose de las miradas ajenas como si sintieran vergüenza. No son extranjeros. “
Desde hace unos meses, más o menos desde el verano, han empezado a venir españoles a por ropa entregada a la beneficencia –explica Lucía, que lleva 20 años colaborando con Cáritas en esta iglesia–.
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