| Es cierto que, si no fuese por la Iglesia, muchos españoles habrían muerto de hambre. La labor social de los cristianos de izquierda jamás ha sido suficientemente valorada.
También es cierto que hay grupos de creyentes, demasiado minoritarios para el ruido que hacen y demasiado poco para el peligro que suponen, muy próximos a la cúpula, cuyo credo retrógrado, ultramontano, reaccionario, pasa por hacer el tonto con el laicismo, plantear objeciones de conciencia sin base legal para la defensa de derechos que no se están viendo vulnerados y servir de tropas de choque al sector más cavernícola, franquista nada disimulado, del partido autodenominado popular.
A cada uno lo suyo. Cuando vea a Rouco y sus hermanos trabajando en un comedor social o colaborando con los Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca, comenzaré a tenerle respeto. Otrosí digo: que con la Compañía de Jesús estábamos mejor, porque éstos hacían de la inteligencia y de la razón su principal arma. Dicen de los protestantes que están invadiendo España, pero lo que es el nivel intelectual de muchos católicos es de auténtica miseria. Decía Chesterton que atacar a la razón es de mala teología: se ve que nuestra Iglesia nacionalcatolicista española, de misa y olla, no lo ha leído ("¡Qué mucho, Arnesto, si del padre Astete ni aun leyó el catecismo!") |