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Reptiliano
 
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A los liberales que aun quedan deberíamos darles un premio..., con lo dificil que es ser liberal con la que está cayendo, aunque ahora lo que se lleva es el "liberalismo flexible" :

Lo único divertido de esta crisis que va a acabar con los atascos de Wall Street está siendo observar la actitud de nuestros liberales de cabecera ante los acontecimientos que se viven en Estados Unidos. Otros hubieran corrido avergonzados a esconderse al sótano de sus casas –un liberal que se precie suele tener casa con sótano y techos altos, como Esperanza Aguirre- después de contemplar el combinado de nacionalizaciones, rescate de instituciones y cheques fiscales con los que la Meca del laisser-faire está afrontando la actual emergencia económica. Cualquiera hubiera naufragado en la contradicción de defender a ultranza el libre mercado y, al tiempo, aplaudir el keynesianismo de la Administración norteamericana. Pero estos liberales de hoy están hechos de otra pasta. Son inquebrantables.

El caso es que advertidos estaban. Antes de que se transformara en Porfirio Rubirosa y le acosaran insólitos rumores de paternidad, el propio Aznar, que a liberal no hay quien le gane, habló alto y claro de los peligros de ese demonio llamado Estado, pero se ve que Bush andaba distraído y no le escuchó. “Lo peor de este modelo estatista que busca cubrirlo todo y, de rondón, controlarlo todo, es que desprecia a la persona. La desprecia y mucho”, aseguraba en febrero de este año nuestro latin lover presidencial en una de sus habituales conferencias.

Inicialmente, debió de cundir el desconcierto. ¿Era posible estar de acuerdo con el mejor estadista que España ha dado al mundo desde Isabel la Católica y, al mismo tiempo, dejar de criticar el intervencionismo de Washington y sus neoconcitos? Más aún, ¿se podía poner conceptualmente a salvo lo que aquí se denostaba? ¿Acaso no representa un deprecio a la persona, cuando menos al contribuyente, usar fondos públicos para tapar agujeros privados usados, eso sí, con mucha liberalidad? ¿No constituye una desfachatez preconizar la privatización de los beneficios y la socialización de las pérdidas?

Como se ha dicho, a cualquier otro grupo de personas le hubiera resultado imposible mantener la cabeza alta y un discurso coherente, pero a nuestros liberales, por lo general preparadísimos, muchos de ellos con dos carreras y un MBA en Harvard, no les ha costado escapar del laberinto. El argumento teórico ha llegado de la mano de Juan Velarde, insigne economista y liberal de pro, además de premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, algo que siempre viste mucho: “En el mundo financiero la intervención del sector público es obligada para evitar el elemento de pánico”.

En conclusión, los 260.000 millones de dólares de fondos públicos con los que se han nacionalizado las hipotecarias Fannie y Freddie y la aseguradora AIG han estado bien empleados porque nos han quitado el temor de raíz. En cambio, no hay que pestañear ante algunas de las últimas ideas liberales del profesor Velarde: privatizar la educación y aligerar la “insoportable” nómina de empleados públicos para ahorrarnos unos duros. ¿Quién dijo miedo?

El liberalismo es flexible como un junco. Un liberal pata negra, por principio, estará a favor del despido libre pero considerará lógico que Manuel Pizarro, uno de los suyos, se lleve unos kilitos de nada de indemnización al dejar la presidencia de Endesa porque, al fin y al cabo, ha hecho ganar dinero a los accionistas de la eléctrica y éstos, agradecidos, han de premiarle como se merece.

¿Qué me dicen de las pensiones? Nuestros más afamados liberales llevan años alertando de que el sistema público de reparto representa un coste inasumible, más todavía si el manirroto de Zapatero sube un 6% las pensiones mínimas. Hay mucho viejo y dar a los ancianos 20 euros más al mes nos sale por un pico. Otra cosa es que se jubile Amusátegui en el BSCH y se embolse unas decenas de millones de euros. Al fin y al cabo se lo pagan los accionistas del banco, entre ellos alguno de los pensionistas que van a hundir al Estado con su voracidad insaciable.

Los liberales son tan independientes que no se casan con nadie. Véase si no el concienzudo trabajo de Alberto Recarte titulado La crisis financiera internacional y el crack financiero español. Por si no le conocen, Recarte es socio de Federico Jiménez Losantos, otro acreditadísimo liberal, y, en opinión de esté, nos hallamos ante el intelectual más preclaro que habita en la piel de toro. He aquí una de las conclusiones de su ensayo: “Parece difícil que sobreviva, en su forma actual, el sistema de cajas de ahorro, lo que puede ser una buena noticia si se logra convencer al legislador de que esa forma jurídica ha quedado obsoleta, por más que haya funcionado admirablemente bien hasta ahora”. Él lo sabe de primera mano porque entró en el consejo de Caja Madrid y en su comisión ejecutiva de la mano de Gallardón –a quien ponía a escurrir en la COPE porque la liberal era Esperanza y repartía licencias de TV- y no ha habido manera de que soltara esa ubre.

Hablando de la presidenta de Madrid, últimamente se ha descolgado con dos propuestas eminentemente liberales. La primera ha sido anunciar que, en cuanto pueda, privatizará Telemadrid, ese paraíso del periodismo independiente y apartidista. La privatización es un imposible metafísico ya que lo prohíbe la ley del Tercer Canal, y es una vieja cantinela que ya tarareó en su día su amigo el alcalde de la capital. Uno no sabe qué es más liberal, si querer privatizar la cadena en la que ejerce su magisterio Curry Valenzuela o haber fundado un nuevo canal –La Otra- a costa del Erario público. Así podrá privatizar los dos a la vez y ser liberal al cuadrado.

La segunda se ha conocido esta semana y consiste en dar entrada al capital privado pero sólo hasta el 49% en el Canal de Isabel II, la empresa de aguas de Madrid. La medida se asemeja como dos gotas de ídem a la pretensión de Zapatero, que es un intervensionista y un desnortado, de privatizar en la misma proporción AENA, la empresa que gestiona los aeropuertos españoles.

Ser liberal no es sencillo. Provoca incluso problemas de conciencia de difícil resolución. Fijémonos en Luis de Guindos, ex secretario de Estado de Economía con Aznar y, a la sazón, presidente de Lehman Brothers España. De Guindos se ha quedado sin trabajo porque el liberal de Bush y la Reserva Federal no han acudido al rescate del banco, a diferencia de lo que han hecho con el resto de entidades moribundas. Ahora bien, ¿qué hubiera tenido que hacer De Guindos si dicho auxilio se hubiera producido? ¿Continuar como si nada, cobrando un pastizal al mes, aun sabiendo que se trataba de una maniobra intervencionista que golpeaba sus convicciones liberales más profundas? He ahí el dilema.

En estos días de confusión, los liberales andan como el alma de Garibay, ese vasco bondadoso que se emparejó con la mujer más fea y canalla del mundo, y que una vez muerto no le dejaron entrar en el cielo por pecador ni en el infierno por imbécil. Es por ello que merecen nuestra admiración y nuestro respeto.

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