| En una de las visitas particulares se presentó una pareja con 3 niños pequeños. Llevaban una especie de walkie-talkie con una antena. Cuando estaban viendo ya la tercera habitación me lo dijeron: era un medidor de radiación de las antenas de telefonía. Me contaron que estaban muy sensibilizados con el tema y que estaban buscando piso nuevo porque en su actual vivienda les habían puesto muy cerca una antena. Al parecer mi piso prácticamente cumplía sus requerimientos, ya que aunque el aparato fluctuaba bastante en la medida, sólo se acercaba al que ellos consideraban el valor máximo tolerable en una de las habitaciones, desde cuya ventana se veía una antena ubicada en el edificio más alto del barrio situado a unos 200 metros. Yo francamente pensaba: “hay que joderse, las estratagemas que inventa la gente para conseguir una rebaja”. Pero no, lo decían muy en serio.
El piso les gustó mucho. Hicieron un pequeño amago de regatear: me dijeron que cuánto podría bajarles, un millón les dije, (de 73 a 72) y pareció que les encajaba bastante.
No hubo una segunda visita, ni una llamada dando explicaciones (lo normal). Pero yo me quedé con la duda: “anda que tiene narices que pierda una venta por culpa de una antena de telefonía”.
Casualmente un par de meses después, en una conversación de café comenté lo de la visita con el medidor de radiación y resulta que una compañera del trabajo los conocía. Me dijo que estuvieron a punto de comprarme el piso, pero se habían decidido por otro porque la cocina era más grande. La verdad es que me reconfortó bastante, porque yo personalmente pienso que lo de la radiación de las antenas de telefonía es una tontería, a mí desde luego no me condicionaría para elegir una vivienda.
CONTINUARÁ. |